LA MEDALLA DE SAN BENITO - PROTECTORA CONTRA DEMONIOS Y HECHIZOS
Volvermos a hacer incapie en esta fabulosa medalla, que ponemos al principio de este artículo para que veais como es.
La medalla de San Benito o medalla jubilar de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia considerado por los fieles cristianos como poseedor de un gran poder de exorcismo. Como todo sacramental, los católicos no ponen su poder en la medalla misma, pues consideran que ese poder viene de Cristo, quien lo otorga a la Iglesia y por la fervorosa disposición de quién usa la medalla.
La fecha exacta sobre la manufactura de la primera Medalla de San Benito es un misterio. En algún punto de la evolución de esta devocióncristiana se encontraron letras en la parte de atrás de la medalla.Estas letras tuvieron un significado misterioso hasta que un manuscritofechado en 1415 fue encontrado en la Abadía de Metten en Baviera en el año 1647. La versión final de esta medalla data del año 1880 en memoria de los 1400 años del natalicio de San Benito.
La medalla es usada de diversas maneras: colgada alrededor del cuello con una cadenita, en el rosario de las personas cristianas, en el bolsillo, en el centro de una cruz, en carro o casa de los fieles,en los cimientos de un edificio.
La medalla es una exaltación del amor a Cristo de acuerdo a losfieles cristianos del catolicismo, se reconoce su poder para alejar elmal por medio de la fe de sus seguidores.
Al frente de la medalla aparece la figura de San Benito sosteniendo dos cosas. Él sostiene en su mano de derecha una cruz (a la cual la tradición le adjudica un gran amor por parte del monje, y en sumano izquierda el libro de las Reglas en la otra, con la oración rodeando la figura del santo: Eius in obitu nostro praesentia muniamur!:"A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia".(Oración de la Buena Muerte). Benito es el patrón de la buena muerte.En el fondo de la imagen aparece una una copa envenenada, la cualcuando el santo hizo la señal de la cruzsobre ella se tronó. Un enemigo celoso intentó envenenarlo dándole una copa de vino y una hogaza de pan envenenados, el pan se lo llevó un cuervo (este detalle aparece en la medalla). Arriba de la cruz aparecenlas palabras Crux sancti patris Benedicti
Reverso de la medalla de San Benito.
Crux sancti patris Benedicti (C.S.P.B.): que en castellano es: Santa Cruz del Padre Benito
Crux sacra sit mihi lux! (C.S.S.M.L.): "La santa Cruz sea mi luz" (crucero vertical de la cruz)
Nunquam draco sit mihi dux (N.D.S.M.D.): "y que el Dragón no sea mi guía." (crucero horizontal)
En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:
Vade retro Satana! (V.R.S.): "¡Apártate Satanás!"
Nunquam suade mihi vana! (N.S.M.V.): "para de atraerme con tus mentiras"
Sunt mala quae libas. (S.M.Q.L.): "Venenosa es tu carnada"
Ipse venena bibas! (I.V.B.): "Trágatela tu mismo".
PAX: "Paz"
Bendición de la medalla de San Benito
(deber ser hecha por un sacerdote)
Exorcismo de la medalla
(Signo de la cruz) En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén V. Nuestro auxilio nos viene del Señor R. Que hizo el cielo y la tierra.
Te ordeno, espíritu del mal, que abandones esta medalla, en elnombre de Dios + Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, elmar y todo lo que en ellos se contiene.
Que desaparezca y se aleje de esta medalla toda fuerza del adversario, y todo el que la usare goce de la salud de alma y cuerpo.
En el nombre de Dios Padre + Omnipotente y de su Hijo Jesucristo +Señor nuestro, y del Espíritu Santo + Paráclito, por la caridad de Jesucristo, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego. R. Amen.
Kyrie, Eleison. Christe, Eleison. Kyrie, Eleison.
Bendición
V. Señor, escucha mi oración R. Y llegue a ti mi clamor V. El Señor esté con vosotros R. Y con tu espíritu
Oremos: Dios omnipotente, dador de todos los bienes, te suplicamos humildemente que por la intercesión de nuestro Padre San Benito, infundas tu bendición + sobre esta sagrada medalla, a fin de que quien la lleve, dedicándose a las buenas obras, merezca conseguir la salud del alma y del cuerpo, la gracia de la santificación, y todas las indulgencias que se nos otorgan, y que por la ayuda de tu misericordia se esfuerce en evitar las asechanzas y engaños del enemigo, y merezca aparecer santo y limpio en tu presencia. Por Cristo, nuestro Señor.-Amén.
(Se rocía con agua bendita diciendo con el Signo de la cruz) En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
El Crucifijo de la Buena Muerte y la Medalla de San Benito han sido reconocidos por la Iglesia como una ayuda para el cristiano en la hora de tentación, peligro, mal, principalmente en la hora de la muerte. Le ha dado al Crucifijo con la medalla Indulgencia Plenaria.
La indulgencia plenaria de la Cruz de la Buena Muerte, quien realmente crea en la santa Cruz, no será apartado de El, ganará indulgencia plenaria en la hora de la muerte. Si este se confiesa, recibe la Comunión o por lo menos con el arrepentimiento previo de sus pecados, llamando el Santo nombre de Jesús con devoción y aceptando resignadamente la muerte como venida de las manos de Dios. Para la indulgencia no basta la Cruz, debe representarse a Cristo crucificado. Esta cruz también ayuda a los enfermos para unir nuestros sufrimientos a los de Nuestro Salvador.
La medalla de San Benito, propagada en todo el mundo hace más de 300 años, especialmente por los monjes benedictinos, es célebre por su eficacia extraordinaria en el combate contra el demonio y sus manifestaciones; en la defensa contra maleficios de todo género, contra enfermedades, especialmente las contagiosas, contra picaduras de serpientes y otros animales ponzoñosos; en la protección de animales domésticos, vehículos, etc.
Repetidas veces aprobada y alabada por los Papas, la medalla de San Benito, que une a la fuerza exorcizante de la Santa Cruz del Redentor –la señal de nuestra salvación– el recuerdo de los méritos alcanzados por la santidad eximia del gran Patriarca San Benito, es sin duda muy indicada para los fieles católicos.
La imagen de la Cruz representada en la medalla
Basta al cristiano considerar brevemente la virtud soberana de la Cruz de Jesucristo, para comprender la dignidad de una medalla en la cual está representada.
La representación de la Cruz despierta en nosotros todos los sentimientos de gratitud para con Dios, por el beneficio de nuestra salvación.
La Cruz causa terror a los espíritus malignos, que siempre retroceden ante ella, y apenas la ven se apresuran en soltar su presa y huir. Así pues, nuestra medalla, que representa en primer lugar la imagen de la Cruz, está en perfecta armonía con la piedad cristiana, y ya sólo por este motivo es digna del mayor respeto.
La imagen de San Benito representada en la medalla
La honra de figurar en la misma medalla junto con la imagen de la Santa Cruz fue concedida a San Benito con la finalidad de indicar la eficacia que tuvo en sus manos esta señal sagrada. San Gregorio Magno, que escribió la vida del Santo Patriarca, nos lo representa disipando con la señal de la Cruz sus propias tentaciones, y quebrando con la misma señal hecha sobre una bebida envenenada, el cáliz que la contenía, quedando así patente el perverso designio de los que habían osado atentar contra su vida. Cuando el espíritu maligno, para aterrorizar a los monjes, les hace ver el Monasterio de Montecasino en llamas, San Benito desvanece ese prodigio diabólico haciendo la misma señal de la Pasión del Salvador sobre las llamas fantásticas. Cuando sus discípulos andan interiormente agitados por las sugestiones del tentador, les indica como remedio trazar sobre el corazón la imagen de la Cruz. Por todo ello, es lícito concluir que era muy conveniente reunir en una sola medalla la imagen del santo Patriarca y la de la Cruz del Salvador.
Esto queda aún más claro al considerar que los dos grandes discípulos del siervo de Dios, San Plácido y San Mauro, cuando realizaban sus frecuentes milagros tenían la costumbre de invocar junto con el auxilio de la Santa Cruz, el nombre de su santo Fundador, y así consagraron, desde el principio, la piadosa costumbre expresada más tarde por la medalla.
El cristiano puede utilizar estas palabras cuantas veces fuere asaltado por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación. El mismo Jesucristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana –Apártate, satanás– y su valor es cierto, una vez que el propio Evangelio nos lo asegura. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las pompas y falsas máximas del mundo. La bebida que el ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que da muerte al alma. En vez de aceptarla, devolvámosle tan funesto presente, ya que él mismo lo escogió como herencia suya.
Basta que alguien pronuncie con fe tales palabras, para sentirse inmediatamente con fuerzas para arrostrar todas las embestidas del infierno. Aun cuando no conociéramos los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa medalla, la simple consideración de lo que representa y expresa, bastaría para que la consideráramos una de las más poderosas armas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica.
Uso de la medalla de San Benito
No ignoramos que en este siglo mucha gente considera que el demonio es más bien un ser imaginario y no real; y así, puede parecer extraño que se acuñe y se bendiga una medalla, empleada como protección contra los ataques del espíritu maligno. Sin embargo, las sagradas Escrituras nos ofrecen innumerables pasajes que dan una idea del poder y la actividad de los demonios, así como de los peligros de alma y cuerpo a que estamos continuamente expuestos por efectos de sus celadas. Para aniquilar su poder no basta ignorar a los demonios y sonreír cuando se oye hablar de sus operaciones. No por eso dejará de continuar el aire siempre lleno de legiones de espíritus de malicia, conforme enseña San Pablo; y si Dios no nos protegiese, aunque casi siempre sin que lo sintamos, por el ministerio de los Santos Ángeles, sería para nosotros imposible evitar las innumerables celadas de estos enemigos de toda criatura de Dios.
Ahora bien, el poder de la Santa Cruz contra satanás y sus legiones es tal, que la podemos considerar un escudo invencible que nos hace invulnerables a sus flechas.
Concluimos entonces cuán ventajoso resulta emplear con fe la medalla de San Benito en las ocasiones en que más temamos los embustes del enemigo. Su protección, no lo dudemos, será eficaz contra todo tipo de tentaciones. Numerosos e innegables hechos señalaron su poderoso auxilio en miles de circunstancias en las cuales, o por acción espontánea de satanás, o por efecto de algún maleficio, los fieles estaban a punto de sucumbir ante un peligro inminente. Podremos igualmente emplearlo a favor de otros, como medio de preservación o de liberación, en previsión de los peligros que deban afrontar.
A menudo nos amenazan accidentes imprevistos, en tierra o en mar; si llenos de fe llevamos con nosotros la medalla, seremos protegidos. No hay circunstancias de la vida humana, por más materiales que fueren, en que ya no se haya manifestado por su intermedio, la virtud de la Santa Cruz y el poder de San Benito. Así, espíritus malignos, en su odio contra el hombre, embisten contra los animales empleados en su servicio, contra los alimentos que deben sustentar la vida; su intervención maléfica es muchas veces la causa de las enfermedades que padecemos; ahora bien, prueba la experiencia que el uso religioso de la medalla, acompañado por la oración, opera muchas veces el cese de las celadas satánicas, y un notable alivio en las enfermedades, y a veces hasta una curación completa.
Fdo. Cristobal Aguilar.
