Lunes, 30 de mayo de 2011

EL NOSTRADAMUS DE NI?O SUS FACETAS Y ENTRESIJOS - VIDENTE O MENTIROSO

Bueno sobre Nostradamus ni?o se sabe poco, pero vamos a intentar indagar en los lejagos sabios de la historia, para amenizar un poco este art?culo, a vosotros visitantes del In Nomine Patriss.
El ni?o creci? en una amplia vivienda rodeada por vi?edos y olivares; en un ambiente ideal para que Jaumet le revelara las propiedades de las hierbas arom?ticas. Su abuelo paterno le inculc?, a su vez, la temprana pasi?n por la medicina y la C?bala, adem?s de hablarle del alquimista persa Rhazes y del sabio oriental Avicena. En tanto , el abuelo Jean lo instru?a en bot?nica, alquimia, astrolog?a, literatura, historia y lenguas extranjeras (a los quince a?os Michel conoc?a hebreo, griego e italiano). La insolente sabidur?a del joven destell? muy temprano. Cierta vez, Jean de Saint-R?my debi? acudir con su nieto a la corte del rey Ren?, en Aix-en Provence.
El soberano alab? la belleza del poniente y "del sol que gira alrededor de nuestro planeta".
Michel desat? la ira real al proclamar: "Es la Tierra la que gira en torno del Sol...Dentro de cien a?os, un sabio de Toscana me dar? la raz?n". Se refer?a, es claro, a Galileo. Sus dotes adivinatorias le permitieron intuir por entonces la muerte de aquel abuelo materno: cuando en mayo de 1517 su madre le pidi? buscar romero para macerarlo con carne -el plato preferido de Jean-, el joven dijo:"El abuelo no volver?. Su vida se detuvo hace dos horas a las puertas de Avi??n".
Faltaba mucho a?n para que Nostradamus redactara, en 1555, una de sus cuartetas m?s impresionantes, la 35 de la Centuria I, que se cumplir?a cuatro a?os m?s tarde, en 1559.

Reza as?: "El joven le?n superar? al viejo / En campo b?lico, por singular duelo / En jaula de oro le reventar? los ojos / dos combates, uno, y luego morir de muerte cruel". Ocurri? durante los torneos que celebraron la boda de Isabel, hija de Enrique II de Francia, con el rey espa?ol. El primero de ellos se llev? a cabo el 28 de junio, y Enrique luch? contra? el duque de Alba luciendo su destreza y gallard?a pese a rondar los cincuenta a?os. El calor era implacable. Los d?as siguientes Enrique combati? magn?ficamente contra el duque de Guisa y el de Saboya. Su cuarto rival, el conde de Montgomery, conociendo la profec?a de Nostradamus intent? disuadir al rey apelando al calor y el cansancio. Era el 10 de julio. En la tribuna real no ocultaba su ansiedad la amante del monarca, diana de Poitiers, y cerca de ella la princesa Isabel, Catalina de M?dicis y Mar?a Estuardo, reina de Escocia. Enrique desech? todos los consejos; los caballos volaron uno hacia el otro. Se oy? un grito terrible: la lanza de Montgomery hab?a penetrado en la visera de oro del monarca, atraves?ndole un ojo. enrique morir?a diez d?as despu?s entre horribles sufrimientos.

El vizconde de Montmorency lanz? entonces su exclamaci?n:
"?Malvado adivino que predijo tan bien tanto mal!". Para la mayor?a, Nostradamus era? ya el diablo.
Mucho antes de este c?lebre episodio, a los diecis?is a?os, se hab?a mudado a Avi??n para cursar la Facultad de Artes. Bajo la mirada de los curas estudi? filosof?a e ingl?s; su maestro de astronom?a dijo que "la memoria de Michel de Notre-Dame es casi divina". Es que pod?a nombrar sin vacilaciones, un centenar de estrellas.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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