Lunes, 07 de marzo de 2011

EL DESCENSO DE CRISTO A LOS INFIERNOS - TEXTO AP?CRIFO

Transcribimos aqu? el llamado "Descenso de Cristo a los Infiernos", es un texto ap?crifo y tanto fuerte y raro. Aconsejamos su lectura solo a aquellas personas que tengan su F? muy solida y afianzada. Teniendo siempre en cuenta que no son textos aprobados como ver?dicos por la Iglesia, pero si son una fuente de riqueza cristiana y lo fuer?n en otro tiempo atr?s. EL AUTOR DEL BLOG.

Nuevas y sensacionales declaracionesde Jos? de Arimatea

XVII 1. Y Jos?, levant?ndose, dijo a An?s y a Caif?s: Raz?n ten?is para admiraros, al saber que Jes?s ha sido visto resucitado y ascendiendo al emp?reo. Pero a?n os sorprender?is m?s de que no s?lo haya resucitado, sino de que haya sacado del sepulcro a muchos otros muertos, a quienes gran n?mero de personas han visto en Jerusal?n.
2. Y escuchadme ahora, porque todos sabemos que aquel bienaventurado Gran Sacerdote, que se llam? Sime?n, recibi? en sus manos, en el templo, a Jes?s ni?o. Y Sime?n tuvo dos hijos, hermanos de padre y de madre, y todos hemos presenciado su fallecimiento y asistido a su entierro. Pues id a ver sus tumbas, y las hallar?is abiertas, porque los hijos de Sime?n se hallan en la villa de Arimatea, viviendo en oraci?n. A veces se oyen sus gritos, mas no hablan a nadie, y permanecen silenciosos como muertos. Vayamos hacia ellos, y trat?moslos con la mayor amabilidad. Y, si con suave insistencia los interrogamos, quiz? nos hablen del misterio de la resurrecci?n de Jes?s.
3. A cuyas palabras todos se regocijaron, y An?s, Caif?s, Nicodemo, Jos? y Gamaliel, yendo a los sepulcros, no encontraron a los muertos, pero, yendo a Arimatea, los encontraron arrodillados all?.
4. Y los abrazaron con sumo respeto y en el temor de Dios, y los condujeron a la Sinagoga de Jerusal?n.
5. Y, no bien las puertas se cerraron, tomaron el libro santo, lo pusieron en sus manos, y los conjuraron por el Dios Adona?, Se?or de Israel, que ha hablado por la Ley y por los profetas, diciendo: Si sab?is qui?n es el que os ha resucitado de entre los muertos, decidnos c?mo hab?is sido resucitados.
6. Al o?r esta adjuraci?n, Carino y Leucio sintieron estremecerse sus cuerpos, y, temblorosos y emocionados, gimieron desde el fondo de su corazon.
7. Y, mirando al cielo, hicieron con su dedo la se?al de la cruz sobre su lengua.
8. Y, en seguida, hablaron, diciendo: Dadnos resmas de papel, a fin de que escribamos lo que hemos visto y o?do.
9. Y, habi?ndoselas dado, se sentaron, y cada uno de ellos escribi? lo que sigue.

Carino y Leucio comienzan su relato

XVIII 1. Jesucristo, Se?or Dios, vida y resurrecci?n de muertos, perm?tenos enunciar los misterios por la muerte de tu cruz, puesto que hemos sido conjurados por ti.
2. T? has ordenado no referir a nadie los secretos de tu majestad divina, tales como los has manifestado en los infiernos.
3. Cuando est?bamos con nuestros padres, colocados en el fondo de las tinieblas, un brillo real nos ilumin? de s?bito, y nos vimos envueltos por un resplandor dorado como el del sol.
4. Y, al contemplar esto, Ad?n, el padre de todo el g?nero humano, estall? de gozo, as? como todos los patriarcas y todos los profetas, los cuales clamaron a una: Esta luz es el autor mismo de la luz, que nos ha prometido transmitirnos una luz que no tendr? ni desmayos ni t?rmino.

Isa?as con/irma uno de sus vaticinios

XIX 1. Y el profeta Isa?as exclam?: Es la luz del Padre, el Hijo de Dios, como yo predije, estando en tierras de vivos: en la tierra de Zabul?n y en la tierra de Nephtalim. M?s all? del Jord?n, el pueblo que estaba sentado en las tinieblas, ver?a una gran luz, y esta luz brillar?a sobre los que estaban en la regi?n de la muerte. Y ahora ha llegado, y ha brillado para nosotros, que en la muerte est?bamos.
2. Y, como sinti?semos inmenso j?bilo ante la luz que nos hab?a esclarecido, Sime?n, nuestro padre, se aproxim? a nosotros, y, lleno de alegr?a, dijo a todos: Glorificad al Se?or Jesucristo, que es el Hijo de Dios, porque yo lo tuve reci?n nacido en mis manos en el templo e, inspirado por el Esp?ritu Santo, lo glorifiqu? y dije: Mis ojos han visto ahora la salud que has preparado en presencia de todos los pueblos, la luz para la revelaci?n de las naciones, y la gloria de tu pueblo de Israel.
3. Al o?r tales cosas, toda la multitud de los santos se alboroz? en gran manera.
4. Y, en seguida, sobrevino un hombre, que parec?a un ermita?o. Y, como todos le preguntasen qui?n era, respondi?: Soy Juan, el or?culo y el profeta del Alt?simo, el que precedi? a su advenimiento al mundo, a fin de preparar sus caminos, y de dar la ciencia de la salvaci?n a su pueblo para la remisi?n de los pecados. Y, vi?ndolo llegar hacia m?, me sent? pose?do por el Esp?ritu Santo, y le dije: He aqu? el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Y lo bautic? en el r?o del Jord?n, y vi al Esp?ritu Santo descender sobre ?l bajo la figura de una paloma. Y o? una voz de los cielos, que dec?a: ?ste es mi Hijo amado, en quien tengo todas mis complacencias, y a quien deb?is escuchar. Y ahora, despu?s de haber precedido a su advenimiento, he descendido hasta vosotros, para anunciaros que, dentro de poco, el mismo Hijo de Dios, levant?ndose de lo alto, vendr? a visitarnos, a nosotros, que estamos sentados en las tinieblas y en las sombras de la muerte.

La profec?a hecha por el arc?ngel Miguel a Seth

XX 1. Y, cuando el padre Ad?n, el primer formado, oy? lo que Juan dijo de haber sido Jes?s bautizado en el Jord?n, exclam?, hablando a su hijo Seth: Cuenta a tus hijos, los patriarcas y los profetas, todo lo que o?ste del arc?ngel Miguel, cuando, estando yo enfermo, te envi? a las puertas del Para?so, para que el Se?or permitiese que su ?ngel diera aceite del ?rbol de la misericordia, que ungiese mi cuerpo.
2. Entonces Seth, aproxim?ndose a los patriarcas y a los profetas, expuso: Me hallaba yo, Seth, en oraci?n delante del Se?or, a las puertas del Para?so, y he aqu? que Miguel, el numen de Dios, me apareci?, y me dijo: He sido enviado a ti por el Se?or, y presido sobre el cuerpo humano. Y te declaro, Seth, que es in?til pidas y ruegues con l?grimas el aceite del ?rbol de la misericordia, para ungir a tu padre Ad?n, y para que cesen los sufrimientos de su cuerpo. Porque de ning?n modo podr?s recibir ese aceite hasta los d?as postrimeros, cuando se hayan cumplido cinco mil a?os. Entonces, el Hijo de Dios, lleno de amor, vendr? a la tierra, y resucitar? el cuerpo de Ad?n, y al mismo tiempo resucitar? los cuerpos de los muertos. Y, a su venida, ser? bautizado en el Jord?n, y, una vez haya salido del agua, ungir? con el aceite de su misericordia a todos los que crean en ?l, y el aceite de su misericordia ser? para los que deban nacer del agua y del Esp?ritu Santo para la vida eterna. Entonces Jesucristo, el Hijo de Dios, lleno de amor, y descendido a la tierra, introducir? a tu padre Ad?n en el Para?so y lo pondr? junto al ?rbol de la misericordia.
3. Y, al o?r lo que dec?a Seth, todos los patriarcas y todos los profetas se henchieron de dicha.

Discusi?n entre Satan?s y la Furia en los infiernos

XXI 1. Y, mientras todos los padres antiguos se regocijaban, he aqu? que Satan?s, pr?ncipe y jefe de la muerte, dijo a la Furia: prep?rate a recibir a Jes?s, que se vanagloria de ser el Cristo y el Hijo de Dios, y que es un hombre temeros?simo de la muerte, puesto que yo mismo lo he o?do decir: Mi alma est? triste hasta la muerte. Y entonces comprend? que ten?a miedo de la cruz.
2. Y a?adi?: Hermano, aprest?monos, tanto t? como yo, para el mal d?a. Fortifiquemos este lugar, para poder retener aqu? prisionero al llamado Jes?s que, al decir de Juan y de los profetas, debe venir a expulsarnos de aqu?. Porque ese hombre me ha causado muchos males en la tierra, oponi?ndose a m? en muchas cosas, y despoj?ndome de multitud de recursos. A los que yo hab?a matado, ?l les devolvi? la vida. Aquellos a quienes yo hab?a desarticulado los miembros, ?l los enderez? por su sola palabra, y les orden? que llevasen su lecho sobre los hombros. Hubo otros que yo hab?a visto ciegos y privados de la luz, y por cuya cuenta me regocijaba, al verlos quebrarse la cabeza contra los muros, y arrojarse al agua, y caer, al tropezar en los atascaderos, y he aqu? que este hombre, venido de no s? d?nde, y, haciendo todo lo contrario de lo que yo hac?a, les devolv?a la vista por sus palabras. Orden? a un ciego de nacimiento que lavase sus ojos con agua y con barro en la fuente de Silo?, y aquel ciego recobr? la vista. Y, no sabiendo a qu? otro lugar retirarme, tom? conmigo a mis servidores, y me alej? de Jes?s. Y, habiendo encontrado a un joven, entr? en ?l, y mor? en su cuerpo. Ignoro c?mo Jes?s lo supo, pero es lo cierto que lleg? adonde yo estaba, y me intim? la orden de salir. Y, habiendo salido, y no sabiendo d?nde entrar, le ped? permiso para meterme en unos puercos, lo que hice, y los estrangul?.
3. Y la Furia, respondiendo a Satan?s, dijo: ?Qui?n es ese pr?ncipe tan poderoso y que, sin embargo, teme la muerte? Porque todos los poderosos de la tierra quedan sujetos a mi poder desde el momento en que t? me los traes sometidos por el tuyo. Si, pues, t? eres tan poderoso, ?qui?n es ese Jes?s que, temiendo la muerte, se opone a ti? Si hasta tal punto es poderoso en su humanidad, en verdad te digo que es todopoderoso en su divinidad, y que nadie podr? resistir a su poder. Y, cuando dijo que tem?a la muerte, quiso enga?arte, y constituir? tu desgracia en los siglos eternos.
4. Pero Satan?s, el pr?ncipe de la muerte, respondi? y dijo: ?Por qu? vacilas en aprisionar a ese Jes?s, adversario de ti tanto como de m?? Porque yo lo he tentado, y he excitado contra ?l a mi antiguo pueblo jud?o, excitando el odio y la c?lera de ?ste. Y he aguzado la lanza de la persecuci?n. Y he hecho preparar madera para crucificarlo, y clavos para atravesar sus manos y sus pies. Y le he dado a beber hiel mezclada con vinagre. Y su muerte est? pr?xima, y te lo traer? sujeto a ti y a mi.
5. Y la Furia respondi?, y dijo: Me has informado de que ?l es quien me ha arrancado los muertos. Muchos est?n aqu?, que retengo, y, sin embargo, mientras viv?an sobre la tierra, muchos me han arrebatado muertos, no por su propio poder, sino por las plegarias que dirigieron a su Dios todopoderoso, que fue quien verdaderamente me los llev?. ?Qui?n es, pues, ese Jes?s, que por su palabra, me ha arrancado muertos? ?Es quiz? el que ha vuelto a la vida, por su palabra imperiosa, a L?zaro, fallecido hac?a cuatro d?as, lleno de podredumbre y en disoluci?n, y a quien yo reten?a como difunto?
6. Y Satan?s, el pr?ncipe de la muerte, respondi? y dijo: Ese mismo Jes?s es.
7. Y, al o?rlo, la Furia repuso: Yo te conjuro, por tu poder y por el m?o, que no lo traigas hacia m?. Porque, cuando me enter? de la fuerza de su palabra, tembl?, me espant? y, al mismo tiempo, todos mis ministros imp?os quedaron tan turbados como yo. No pudimos retener a L?zaro, el cual, con toda la agilidad y con toda la velocidad del ?guila, sali? de entre nosotros, y esta misma tierra que reten?a su cuerpo privado de vida se la devolvi?. Por donde ahora s? que ese hombre, que ha podido cumplir cosas tales, es el Dios fuerte en su imperio, y poderoso en la humanidad, y Salvador de ?sta, y, si le traes hacia m?, libertar? a todos los que aqu? retengo en el rigor de la prisi?n, y encadenados por los lazos no rotos de sus pecados y, por virtud de su divinidad, los conducir? a la vida que debe durar tanto como la eternidad.

Entrada triunfal de Jes?s en los infiernos

XXII 1. Y, mientras Satan?s y la Furia as? hablaban, se oy? una voz como un trueno, que dec?a: Abrid vuestras puertas, vosotros, pr?ncipes. Abr?os, puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.
2. Y la Furia, oyendo la voz, dijo a Satan?s: Anda, sal, y pelea contra ?l. Y Satan?s sali?.
3. Entonces la Furia dijo a sus demonios: Cerrad las grandes puertas de bronce, cerrad los grandes cerrojos de hierro, cerrad con llave las grandes cerraduras, y poneos todos de centinela, porque, si este hombre entra, estamos todos perdidos.
4. Y, oyendo estas grandes voces, los santos antiguos exclamaron: Devoradora e insaciable Furia, abre al Rey de la Gloria, al hijo de David, al profetizado por Mois?s y por Isa?as.
5. Y otra vez se oy? la voz de trueno que dec?a: Abrid vuestras puertas eternas, que el Rey de la Gloria quiere entrar.
6. Y la Furia grit?, rabiosa: ?Qui?n es el Rey de la Gloria? Y los ?ngeles de Dios contestaron: El Se?or poderoso y vencedor.
7. Y, en el acto, las grandes puertas de bronce volaron en mil pedazos, y los que la muerte hab?a tenido encadenados se levantaron.
8. Y el Rey de la Gloria entr? en figura de hombre, y todas las cuevas de la Furia quedaron iluminadas.
9. Y rompi? los lazos, que hasta entonces no hab?an sido quebrantados, y el socorro de una virtud invencible nos visit?, a nosotros, que est?bamos sentados en las profundidades de las tinieblas de nuestras faltas y en la sombra de la muerte de nuestros pecados.

Espanto de las potestades infernalesante la presencia de Jes?s

XXIII 1. Al ver aquello, los dos pr?ncipes de la muerte y del infierno, sus imp?os oficiales y sus crueles ministros quedaron sobrecogidos de espanto en sus propios reinos, cual si no pudiesen resistir la deslumbradora claridad de tan viva luz, y la presencia del Cristo, establecido de s?bito en sus moradas.
2. Y exclamaron con rabia impotente: Nos has vencido. ?Qui?n eres t?, a quien el Se?or env?a para nuestra confusi?n? ?Qui?n eres t?, tan peque?o y tan grande, tan humilde y tan elevado, soldado y general, combatiente admirable bajo la forma de un esclavo, Rey de la Gloria muerto en una cruz y vivo, puesto que desde tu sepulcro has descendido hasta nosotros? ?Qui?n eres t?, en cuya muerte ha temblado toda criatura, y han sido conmovidos todos los astros, y que ahora permaneces libre entre los muertos, y turbas a nuestras legiones? ?Qui?n eres t?, que redimes a los cautivos, y que inundas de luz brillante a los que est?n ciegos por las tinieblas de sus pecados?
3. Y todas las legiones de los demonios, sobrecogidos por igual terror, gritaban en el mismo tono, con sumisi?n temerosa y con voz un?nime, diciendo: ?De d?nde eres, Jes?s, hombre tan potente, tan luminoso, de majestad tan alta, libre de tacha y puro de crimen? Porque este mundo terrestre que hasta el d?a nos ha estado siempre sometido, y que nos pagaba tributos por nuestros usos abominables, jam?s nos ha enviado un muerto tal como t?, ni destinado semejantes presentes a los infiernos. ?Qui?n, pues, eres t?, que has franqueado sin temor las fronteras de nuestros dominios, y que no solamente no temes nuestros suplicios infernales, sino que pretendes librar a los que retenemos en nuestras cadenas? Quiz? eres ese Jes?s, de quien Satan?s, nuestro pr?ncipe, dec?a que, por su suplicio en la cruz, recibir?a un poder sin l?mites sobre el mundo entero.
4. Entonces el Rey de la Gloria, aplastando en su majestad a la muerte bajo sus pies, y tomando a nuestro primer padre, priv? a la Furia de todo su poder y atrajo a Ad?n a la claridad de su luz.

Imprecaciones acusadoras de la Furiacontra Satan?s

XXIV 1. Y la Furia, bramando, aullando y abrumando a Satan?s con violentos reproches, le dijo: Belzeb?, pr?ncipe de condenaci?n, jefe de destrucci?n, irrisi?n de los ?ngeles de Dios, ?qu? has querido hacer? ?Has querido crucificar al Rey de la Gloria, sobre cuya ruina y sobre cuya muerte nos hab?as prometido tan grandes despojos? ?Ignoras cu?n locamente has obrado? Porque he aqu? que este Jes?s disipa, por el resplandor de su divinidad, todas las tinieblas de la muerte. Ha atravesado las profundidades de las m?s s?lidas prisiones, libertando a los cautivos, y rompiendo los hierros de los encadenados. Y he aqu? que todos los que gem?an bajo nuestros tormentos nos insultan, y nos acribillan con sus imprecaciones. Nuestros imperios y nuestros reinos han quedado vencidos, y no s?lo no inspiramos ya terror a la raza humana, sino que, al contrario, nos amenazan y nos injurian aquellos que, muertos, jam?s hab?an podido mostrar soberbia ante nosotros, ni jam?s hab?an podido experimentar un momento de alegr?a durante su cautividad. Pr?ncipe de todos los males y padre de los rebeldes e imp?os, ?qu? has querido hacer? Los que, desde el comienzo del mundo hasta el presente, hab?an desesperado de su vida y de su salvaci?n no dejan o?r ya sus gemidos. No resuena ninguna de sus quejas clamorosas, ni se advierte el menor vestigio de l?grimas sobre la faz de ninguno de ellos. Rey inmundo, poseedor de las llaves de los infiernos, has perdido por la cruz las riquezas que hab?as adquirido por la prevaricaci?n y por la p?rdida del Para?so. Toda tu dicha se ha disipado y, al poner en la cruz a ese Cristo, Jes?s, Rey de la Gloria, has obrado contra ti y contra m?. Sabe para en adelante cu?ntos tormentos eternos y cu?ntos suplicios infinitos te est?n reservados bajo mi guarda, que no conoce t?rmino. Luzbel, monarca de todos los perversos, autor de la muerte y fuente del orgullo, antes que nada hubieras debido buscar un reproche justiciero que dirigir a Jes?s. Y, si no encontrabas en ?l falta alguna, ?por qu?, sin raz?n, has osado crucificarlo injustamente, y traer a nuestra regi?n al inocente y al justo, t?, que has perdido a los malos, a los imp?os y a los injustos del mundo entero?
2. Y, cuando la Furia acab? de hablar as? a Satan?s, el Rey de la Gloria dijo a la primera: El pr?ncipe Satan?s quedar? bajo tu potestad por los siglos de los siglos, en lugar de Ad?n y de sus hijos, que me son justos.

Jes?s toma a Ad?n baj.o su protecci?n y los antiguos profetas cantan su triunfo

XXV 1. Y el Se?or extendi? su mano, y dijo: Venid a m?, todos mis santos, hechos a mi imagen y a mi semejanza. Vosotros, que hab?is sido condenados por el madero, por el diablo y por la muerte, ver?is a la muerte y al diablo condenados por el madero.
2. Y, en seguida, todos los santos se reunieron bajo la mano del Se?or. Y el Se?or, tomando la de Ad?n, le dijo: Paz a ti y a todos tus hijos, mis justos.
3. Y Ad?n, vertiendo l?grimas, se prostern? a los pies del Se?or, y dijo en voz alta: Se?or, te glorificar?, porque me has acogido, y no has permitido que mis enemigos triunfasen sobre m? para siempre. Hacia ti clam?, y me has curado, Se?or. Has sacado mi alma de los infiernos, y me has salvado, no dej?ndome con los que descienden al abismo. Cantad las alabanzas del Se?or, todos los que sois santos, y confesad su santidad. Porque la c?lera est? en su indignaci?n, y en su voluntad est? la vida.
4. Y asimismo todos los santos de Dios se prosternaron a los pies del Se?or, y dijeron con voz un?nime: Has llegado, al fin, Redentor del mundo, y has cumplido lo que hab?as predicho por la ley y por tus profetas. Has rescatado a los vivos por tu cruz, y, por la muerte en la cruz, has descendido hasta nosotros, para arrancarnos del infierno y de la muerte, por tu majestad. Y, as? como has colocado el t?tulo de tu gloria en el cielo, y has elevado el signo de la redenci?n, tu cruz, sobre la tierra, de igual modo, Se?or, coloca en el infierno el signo de la victoria de tu cruz, a fin de que la muerte no domine m?s.
5. Y el Se?or, extendiendo su mano, hizo la se?al de la cruz sobre Ad?n y sobre todos sus santos. Y, tomando la mano derecha de Ad?n, se levant? de los infiernos, y todos los santos lo siguieron.
6. Entonces el profeta David exclam? con en?rgico tono: Cantad al Se?or un c?ntico nuevo, porque ha hecho cosas admirables. Su mano derecha y su brazo nos han salvado. El Se?or ha hecho conocer su salud, y ha revelado su justicia en presencia de todas las naciones.
7. Y toda la multitud de los santos respondi?, diciendo: Esta gloria es para todos los santos. As? sea. Alabad a Dios.
8. Y entonces el profeta Habacuc exclam?, diciendo: Has venido para la salvaci?n de tu pueblo, y para la liberaci?n de tus elegidos.
9. Y todos los santos respondieron, diciendo: Bendito el que viene en nombre del Se?or, y nos ilumina.
10. Igualmente el profeta Miqueas exclam?, diciendo: ?Qu? Dios hay como t?, Se?or, que desvaneces las iniquidades, y que borras los pecados? Y ahora contienes el testimonio de tu c?lera. Y te inclinas m?s a la misericordia. Has tenido piedad de nosotros, y nos has absuelto de nuestros pecados, y has sumido todas nuestras iniquidades en el abismo de la muerte, seg?n que hab?as jurado a nuestros padres en los d?as antiguos.
11. Y todos los santos respondieron, diciendo: Es nuestro Dios para siempre, por los siglos de los siglos, y durante todos ellos nos regir?. As? sea. Alabad a Dios.
12. Y los dem?s profetas recitaron tambi?n pasajes de sus viejos c?nticos, consagrados a alabar a Dios. Y todos los santos hicieron lo mismo.

Llegada de los santos antiguos al Para?so y su encuentro con Enoch y con El?as

XXVI 1. Y el Se?or, tomando a Ad?n por la mano, lo puso en las del arc?ngel Miguel, al cual siguieron asimismo todos los santos.
2. Y los introdujo a todos en la gracia gloriosa del Para?so, y dos hombres, en gran manera ancianos, se presentaron ante ellos.
3. Y los santos los interrogaron, diciendo: ?Qui?nes sois vosotros, que no hab?is estado en los infiernos con nosotros, y que hab?is sido tra?dos corporalmente al Para?so?
4. Y uno de ellos repuso: Yo soy Enoch, que he sido transportado aqu? por orden del Se?or. Y el que est? conmigo es El?as, el Tesbita, que fue arrebatado por un carro de fuego. Hasta hoy no hemos gustado la muerte, pero estamos reservados para el advenimiento del Anticristo, armados con ense?as divinas, y pr?digamente preparados para combatir contra ?l, para darle muerte en Jerusal?n, y para, al cabo de tres d?as y medio, ser de nuevo elevados vivos en las nubes.

Llegada del buen ladr?n al Para?so

XXVII 1. Y mientras Enoch y El?as as? hablaban, he aqu? que sobrevino un hombre muy miserable, que llevaba sobre sus espaldas el signo de la cruz.
2. Y, al verlo, todos los santos le preguntaron: ?Qui?n eres? Tu aspecto es el de un ladr?n. ?De d?nde vienes, que llevas el signo de la cruz sobre tus espaldas?
3. Y ?l, respondi?ndoles, dijo: Con verdad habl?is, porque yo he sido un ladr?n, y he cometido cr?menes en la tierra. Y los jud?os me crucificaron con Jes?s, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compa?ero, y cre? que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogu?, exclamando: Se?or, acu?rdate de m?, cuando est?s en tu reino. Y, acto seguido, accediendo a mi s?plica, contest?: En verdad te digo que hoy ser?s conmigo en el Para?so. Y me dio este signo de la cruz, advirti?ndome: Entra en el Para?so llevando esto, y, si su ?ngel guardi?n no quiere dejarte entrar, mu?strale el signo de la cruz, y dile: Es Jesucristo, el hijo de Dios, que est? crucificado ahora, quien me ha enviado a ti. Y repet? estas cosas al ?ngel guardi?n, que, al o?rmelas, me abri? presto, me hizo entrar, y me coloc? a la derecha del Para?so, diciendo: Espera un poco, que pronto Ad?n, el padre de todo el g?nero humano, entrar? con todos sus hijos, los santos y los justos del Cristo, el Se?or crucificado.
4. Y, cuando hubieron escuchado estas palabras del ladr?n, todos los patriarcas, con voz un?nime, clamaron: Bendito sea el Se?or todopoderoso, padre de las misericordias y de los bienes eternos, que ha concedido tal gracia a los pecadores, y que los ha introducido en la gloria del Para?so, y en los campos f?rtiles en que reside la verdadera vida espiritual. As? sea.

Carino y Leucio concluyen su relato

XXVIII 1. Tales son los misterios divinos y sagrados que o?mos y vivimos, nosotros, Carino y Leucio.
2. Mas no nos est? permitido proseguir, y contar los dem?s misterios de Dios, como el arc?ngel Miguel los declar? altamente, dici?ndonos: Id con vuestros hermanos a Jerusal?n, y permaneced en oraci?n, bendiciendo y glorificando la resurrecci?n del Se?or Jesucristo, vosotros a quienes ?l ha resucitado de entre los muertos. No habl?is con ning?n nacido, y permaneced como mudos, hasta que llegue la hora en que el Se?or os permita referir los misterios de su divinidad.
3. Y el arc?ngel Miguel nos orden? ir m?s all? del Jord?n, donde est?n varios, que han resucitado con nosotros en testimonio de la resurrecci?n del Cristo. Porque hace tres d?as solamente que se nos permite, a los que hemos resucitado de entre los muertos, celebrar en Jerusal?n la Pascua del Se?or con nuestros parientes, en testimonio de la resurrecci?n del Cristo, y hemos sido bautizados en el santo r?o del Jord?n, recibiendo todos ropas blancas.
4. Y, despu?s de los tres d?as de la celebraci?n de la Pascua, todos los que hab?an resucitado con nosotros fueron arrebatados por nubes. Y, conducidos m?s all? del Jord?n, no han sido vistos por nadie.
5. Estas son las cosas que el Se?or nos ha ordenado referiros. Alabadlo, confesadlo y haced penitencia, a fin de que os trate con piedad. Paz a vosotros en el Se?or Dios Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Am?n.
6. Y, no bien hubieron terminado de escribir todas estas cosas sobre resmas separadas de papel, se levantaron. Y Carino puso lo que hab?a escrito en manos de An?s, de Caif?s y de Gamaliel. E igualmente Leucio dio su manuscrito a Jos? y a Nicodemo.
7. Y, de s?bito, quedaron transfigurados, y aparecieron cubiertos de vestidos de una blancura deslumbradora, y no se los vio m?s.
8. Y se encontr? ser sus escritos exactamente iguales en extensi?n y en dicci?n, sin que hubiese entre ellos una letra de diferencia.
9. Y toda la Sinagoga qued? en extremo sorprendida, al ter aquellos discursos admirables de Carino y de Leucio. Y los jud?os se dec?an los unos a los otros: Verdaderamente es Dios quien ha hecho todas estas cosas, y bendito sea el Se?or Jes?s por los siglos de los siglos. Am?n.
10. Y salieron todos de la Sinagoga con gran inquietud, temor y temblor, d?ndose golpes de pecho, y cada cual se retir? a su casa.
11. Y Jos? y Nicodemo contaron todo lo ocurrido al gobernador, y Pilato escribi? cuanto los jud?os hab?an dicho tocante a Jes?s, y puso todas aquellas palabras en los registros p?blicos de su Pretorio.

Pilatos en el templo

XXIX 1. Despu?s de esto, Pilatos, habiendo entrado en el templo de los jud?os, congreg? a todos los pr?ncipes de los sacerdotes, a los escribas y a los doctores de la ley.
2. Y penetr? con ellos en el santuario, y orden? que se cerrasen todas las puertas, y les dijo: He sabido que pose?is en este templo una gran colecci?n de libros, y os mando que me los mostr?is.
3. Y, cuando cuatro de los ministros del templo hubieron aportado aquellos libros adornados con oro y con piedras preciosas, Pilatos dijo a todos: Por el Dios vuestro Padre, que ha hecho y ordenado que este templo fuera construido, os conjuro a que no me ocult?is la verdad. Sab?is todos vosotros lo que en estos libros est? escrito. Pues ahora manifestadme si encontr?is en las Escrituras que ese Jes?s, a quien hab?is crucificado, es el Hijo de Dios, que deb?a venir para la salvaci?n del g?nero humano, y explicadme cu?ntos a?os deb?an transcurrir hasta su venida.
4. As? apretados por el gobernador, An?s y Caif?s hicieron salir de all? a los dem?s, que estaban con ellos, y ellos mismos cerraron todas las puertas del templo y del santuario, y dijeron a Pilatos: Nos pides, invocando la edificaci?n del templo, que te manifestemos la verdad, y que te demos raz?n de los misterios. Ahora bien: luego que hubimos crucificado a Jes?s, ignorando que era el Hijo de Dios, y pensando que hac?a milagros por arte de encantamiento, celebramos una gran asamblea en este mismo lugar. Y, consultando entre nosotros sobre las maravillas que hab?a realizado Jes?s, hemos encontrado muchos testigos de nuestra raza, que nos han asegurado haberlo visto vivo despu?s de la pasi?n de su muerte. Hasta hemos hallado dos testigos de que Jes?s hab?a resucitado cuerpos de muertos. Y hemos tenido en nuestras manos el relato por escrito de los grandes prodigios cumplidos por Jes?s entre esos difuntos. Y es nuestra costumbre que cada a?o, al abrir los libros sagrados ante nuestra Sinagoga, busquemos el testimonio de Dios. Y, en el primer libro de los Setenta, donde el arc?ngel Miguel habla al tercer hijo de Ad?n, encontramos menci?n de los cinco mil a?os que deb?an transcurrir hasta que descendiese del cielo el Cristo, el Hijo bien amado de Dios, y consideramos que el Se?or de Israel dijo a Mois?s: Haz un arca de alianza de dos codos y medio de largo, de codo y medio de alto, y de codo y medio de ancho. En estos cinco codos y medio hemos comprendido y adivinado el simbolismo de la f?brica del arca del Antiguo Testamento, simbolismo significativo de que, al cabo de cinco millares y medio de a?os, Jesucristo deb?a venir al mundo en el arca de su cuerpo, y de que, conforme al testimonio de nuestras Escrituras, es el Hijo de Dios y el Se?or de Israel. Porque, despu?s de su pasi?n, nosotros, pr?ncipes de los sacerdotes, presa de asombro ante los milagros que se operaron a causa de ?l, hemos abierto estos libros, y examinado todas las generaciones hasta la generaci?n de Jos? y de Mar?a, madre de Jes?s. Y, pensando que era de la raza de David, hemos encontrado lo que ha cumplido el Se?or. Y, desde que cre? el cielo, la tierra y el hombre, hasta el diluvio, transcurrieron dos mil doscientos doce a?os. Y, desde el diluvio hasta Abraham, novecientos doce a?os. Y, desde Abraham hasta Mois?s, cuatrocientos treinta a?os. Y, desde Mois?s hasta David, quinientos diez a?os. Y, desde David hasta la cautividad de Babilonia, quinientos a?os. Y, desde la cautividad de Babilonia hasta la encarnaci?n de Jesucristo, cuatrocientos a?os. Los cuales forman en conjunto cinco millares y medio de a?os. Y as? resulta que Jes?s, a quien hemos crucificado, es el verdadero Cristo, hijo del Dios omnipotente.

Primera carta de Pilatos a Tiberio

Carta de Pilatos al emperador

XXX 1. Poncio Pilatos a Claudio Tiberio C?sar, salud.
2. Por este escrito m?o sabr?s que sobre Jerusal?n han reca?do maravillas tales como jam?s se vieran.
3. Los jud?os, por envidia a un profeta suyo, llamado Jes?s, lo han condenado y castigado cruel?simamente, a pesar de ser un var?n piadoso y sincero, a quien sus disc?pulos ten?an por Dios.
4. Lo hab?a dado a luz una virgen, y las tradiciones jud?as hab?an vaticinado que ser?a rey de su pueblo.
5. Devolv?a la vista a los ciegos, limpiaba a los leprosos, hac?a andar a los paral?ticos, expulsaba a los demonios del interior de los posesos, resucitaba a los muertos, imperaba sobre los vientos y sobre las tempestades, caminaba por encima de las ondas del mar, y realizaba tantas y tales maravillas que, aunque el pueblo lo llamaba Hijo de Dios, los pr?ncipes de los jud?os, envidiosos de su poder, lo prendieron, me lo entregaron, y, para perderlo, mintieron ante m?, dici?ndome que era un mago, que violaba el s?bado, y que obraba contra su ley.
6. Y yo, mal informado y peor aconsejado, les cre?, hice azotar a Jes?s y lo dej? a su discreci?n.
7. Y ellos lo crucificaron, lo sepultaron, y pusieron en su tumba, para custodiarlo, soldados que me pidieron.
8. Empero, al tercer d?a resucit?, escapando a la muerte.
9. Y, al conocer prodigio tama?o, los pr?ncipes de los jud?os dieron dinero a los guardias, advirti?ndole: Decid que sus disc?pulos vinieron al sepulcro, y robaron su cuerpo.
10. Mas, no bien hubieron recibido el dinero, los guardias no pudieron ocultar mucho tiempo la verdad, y me la revelaron.
11. Y yo te la transmito, para que abiertamente la conozcas, y para que no ignores que los pr?ncipes de los jud?os han mentido.

Fuente: Edmundo Gonz?lez Blanco. Evangelios Ap?crifos.
Transcrito: Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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