Lunes, 21 de febrero de 2011

EL EVANGELIO DE NICODEMO

Os transcribimos aqu? el evangelio de Nicodemo, teniendo en cuenta que es un ap?crifo si os recomendamos su lectura, pero solo a aquellas personas que tienen una fe ya asentada y madura. Estos textos en si no son malos, y son plasmaciones mas o menos floridas con vestigios de verdad. Aunque no estan aprobados por la Iglesia si que se ve que son de especial trasdencencia. EL AUTOR DEL BLOG.

Acusado por los pr?ncipes de los jud?os, Jes?s comparece ante Pilatos realizado a su entrada en el pretorio

I 1. Yo, Emeo, israelita de naci?n, doctor de la ley en Palestina, int?rprete de las Divinas Escrituras, lleno de fe en la grandeza de Nuestro Se?or Jesucristo, revestido del car?cter sagrado del santo bautismo, e investigador de las cosas que acaecieron, y que hicieron los jud?os, bajo la gobernaci?n de Cneo Poncio Pilatos, trayendo a la memoria el relato de esos hechos, escrito por Nicodemo en lengua hebrea, lo traduje en lengua griega, para darlo a conocer a todos los que adoran el nombre del Salvador del mundo.
2. Y lo he hecho bajo el imperio de Flavio Teodosio, en el a?o decimoctavo de su reinado y bajo Valentiniano.
3. Y os suplico a cuantos le?is tales cosas, en libros griegos o latinos, que or?is por m?, pobre pecador, a fin de que Dios me sea favorable y que me perdone todas las culpas que haya cometido. Con lo cual, y deseando paz a los lectores, y salud a los que entiendan, termino mi prefacio.
4. Lo que voy a contar ocurri? el a?o decimoctavo del reinado de Tiberio C?sar, emperador de los romanos, y de Herodes, hijo de Herodes, monarca de Galilea, el a?o decimoctavo de su dominaci?n, el ocho de las calendas de abril, que es el d?a 25 del mes de marzo, bajo el consulado de Rufino y de Rubeli?n, el a?o IV de la olimp?ada 202, cuando Josefo y Caif?s eran grandes sacerdotes de los jud?os. Entonces escribi? Nicodemo, en lengua hebrea, todo lo sucedido en la pasi?n y en la crucifixi?n de Jes?s.
5. Y fue que varios jud?os de calidad, An?s, Caif?s, Sommas, Dathan, Gamaliel, Judas, Levi, Nephtalim, Alejandro, Siro y otros pr?ncipes visitaron a Pilatos, y acusaron a Jes?s de muchas cosas malas, diciendo: Nosotros lo conocemos por hijo de Jos? el carpintero y por nacido de Mar?a. Sin embargo, ?l pretende que es hijo de Dios y rey de todos los hombres, y no s?lo con palabras, mas con hechos, profana el s?bado y viola la ley de nuestros padres.
6. Pregunt? Pilatos: ?Qu? es lo que dice, y qu? es lo que quiere disolver en vuestro pueblo?
7. Y los jud?os contestaron: La ley, confirmada por nuestras costumbres, manda santificar el s?bado y proh?be curar en este d?a. Mas Jes?s, en ?l, cura ciegos, sordos, cojos, paral?ticos, leprosos, pose?dos, sin ver que ejecuta malas acciones.
8. Pilatos repuso: ?C?mo pueden ser malas acciones ?sas?
9. Y ellos replicaron: Mago es, puesto que por Beelzebuh, pr?ncipe de los demonios, expulsa los demonios, y por ?l tambi?n todas las cosas le est?n sometidas.
10. Dijo Pilatos: No es el esp?ritu inmundo quien puede expulsar los demonios, sino la virtud de Dios.
11. Pero uno de los jud?os respondi? por todos: Te rogamos hagas venir a Jes?s a tu tribunal, para que lo veas y lo oigas.
12. Y Pilatos llam? a un mensajero y le orden?: Trae a Jes?s a mi presencia y tr?talo con dulzura.
13. Y el mensajero sali?, y habiendo visto a Jes?s, a quien muy bien conoc?a, tendi? su manto ante ?l y se arroj? a sus pies, dici?ndole: Se?or, camina sobre este manto de tu siervo, porque el gobernador te llama.
14. Viendo lo cual, los jud?os, llenos de enojo, se dirigieron en son de queja a Pilatos, y le dijeron: Debieras haberlo mandado traer a tu presencia no por un mensajero, sino por la voz de tu heraldo. Porque el mensajero, al verlo, lo ador?, y extendi? ante Jes?s su manto, rog?ndole que caminase sobre ?l.
15. Y Pilatos llam? al mensajero y le pregunt?: ?Por qu? obraste as??
16. El mensajero, respondiendo, dijo: Cuando me enviaste a Jerusal?n cerca de Alejandro, vi a Jes?s caballero sobre un asno y a los ni?os de los hebreos que, con ramas de ?rbol en sus manos, gritaban: Salve, hijo de David. Y otros, extendiendo sus vestidos por el camino, dec?an: Salud al que est? en los cielos. Bendito el que viene en nombre del Se?or.
17. Mas los, jud?os respondieron al mensajero, exclamando: Aquellos ni?os de los hebreos se expresaban en hebreo. ?C?mo t?, que eres griego, comprendiste palabras pronunciadas en una lengua que no es la tuya?
18. Y el mensajero contest?: Interrogu? a uno de los jud?os sobre lo que quer?a decir lo que pronunciaban en hebreo y ?l me lo explic?.
19. Entonces Pilatos intervino, preguntando: ?Cu?l era la exclamaci?n que pronunciaban en hebreo? Y los jud?os respondieron: Hosanna. Y Pilatos repuso: ?Cuya es la significaci?n de ese t?rmino? Y los jud?os replicaron: ?Se?or, salud! Y Pilatos dijo: Vosotros mismos confirm?is que los ni?os se expresaban de ese modo. ?En qu?, pues, es culpable el mensajero?
20. Y los jud?os se callaron. Mas el gobernador dijo al mensajero: Sal, e introd?celo.
21. Y el mensajero fue hacia Jes?s, y le dijo: Se?or, entra, porque el gobernador te llama.
22. Y, al entrar Jes?s en el Pretorio, las im?genes que los abanderados llevaban por encima de sus estandartes se inclinaron por s? mismas y adoraron a aqu?l. Y los jud?os, viendo que las im?genes se hab?an inclinado por s? mismas, para adorar a Jes?s, elevaron gran clamoreo contra los abanderados.
23. Entonces Pilatos dijo a los jud?os: Noto que no rend?s homenaje a Jes?s, a pesar de que ante ?l se han inclinado las im?genes para saludarlo, y, en cambio, despotric?is contra los abanderados, como si ellos mismos hubiesen inclinado sus pendones y adorado a Jes?s. Y los jud?os repusieron: Los hemos visto proceder tal como t? indicas.
24. Y el gobernador hizo que se aproximasen los abanderados y les pregunt? por qu? hab?an hecho aquello. Mas los abanderados respondieron a Pilatos: Somos paganos y esclavos de los templos. ?Concibes siquiera que hubi?ramos podido adorar a ese jud?o? Las banderas que empu??bamos se han inclinado por s? mismas, para adorarlo.
25. En vista de esta contestaci?n, Pilatos dijo a los jefes de la Sinagoga y a los ancianos del pueblo: Elegid por vuestra cuenta hombres fuertes y robustos, que empu?en las banderas, y veremos si ellas se inclinan por s? mismas.
26. Y los ancianos de los jud?os escogieron doce varones muy fornidos de su raza, en cuyas manos pusieron las banderas, y los formaron en presencia del gobernador. Y Pilatos dijo al mensajero: Conduce a Jes?s fuera del Pretorio, e introd?celo en seguida. Y Jes?s sali? del Pretorio con el mensajero.
27. Y Pilatos, dirigi?ndose a los que empu?aban las banderas, los conmin?, haciendo juramento por la salud del C?sar: Si las banderas se inclinan cuando ?l entre, os har? cortar la cabeza.
28. Y el gobernador orden? que entrase Jes?s por segunda vez. Y el mensajero rog? de nuevo a Jes?s que entrase, pasando sobre el manto que hab?a extendido en tierra. Y Jes?s lo hizo y, cuando entr?, las banderas se inclinaron y lo adoraron.

Testimonios adversos y favorables a Jes?s

II? 1. Viendo esto, Pilatos qued? sobrecogido de espanto y comenz? a agitarse en su asiento. Y, cuando pensaba en levantarse, su mujer, llamada Claudia Pr?cula, le envi? un propio para decirle: No hagas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho en sue?os esta noche a causa de ?l.
2. Pilatos, que tal oy?, dijo a todos los jud?os: Bien sab?is que mi esposa es pagana y que, sin embargo, ha hecho construir para vosotros numerosas sinagogas. Pues bien: acaba de mandarme a decir que Jes?s es un hombre justo y que ha sufrido mucho en sue?os esta noche a causa de ?l.
3. Mas los jud?os respondieron a Pilatos: ?No te hab?amos dicho que era un encantador? He aqu? que ha enviado a tu esposa un sue?o.
4. Y Pilatos, llamando a Jes?s, le pregunt?: ?No oyes lo que ?stos dicen contra ti? ?Nada contestas?
5. Jes?s repuso: Si no tuviesen la facultad de hablar, no hablar?an. Empero, cada uno puede a su grado abrir la boca y decir cosas buenas o malas.
6. Los ancianos de los jud?os replicaron a Jes?s: ?Qu? es lo que decimos? Primero, que has nacido de la fornicaci?n; segundo, que el lugar de tu nacimiento fue Bethlehem y que, por causa tuya, fueron degollados todos los ni?os de tu edad; y tercero, que tu padre y tu madre huyeron contigo a Egipto, porque no ten?an confianza en el pueblo.
7. Pero algunos jud?os que all? se encontraban, y que eran menos perversos que los otros, dec?an: No afirmaremos que procede de la fornicaci?n, porque sabemos que Mar?a se cas? con Jos? y que, por ende, Jes?s no es hijo ileg?timo.
8. Y Pilatos dijo a los jud?os que manten?an ser Jes?s producto de fornicaci?n: Vuestro discurso es mentiroso, puesto que hubo casamiento, seg?n lo atestiguan personas de vuestra clase.
9. Empero An?s y Caif?s insistieron ante Pilatos, diciendo: Toda la multitud grita que ha nacido de la fornicaci?n y que es un hechicero. Y esos que deponen en contra son sus pros?litos y sus disc?pulos.
10. Pregunt? Pilatos: ?Qu? es eso de pros?litos? Y ellos respondieron: Son hijos de paganos, que ahora se han hecho jud?os.
11. Mas L?zaro, Asterio, Antonio, Jacobo, Zaro, Samuel, Isaac, Fineo, Crispo, Agripa, Amenio y Judas dijeron entonces: No somos pros?litos, sino hijos de jud?os, y decimos la verdad, porque hemos asistido a las bodas de Mar?a.
12. Y Pilatos, dirigi?ndose a los doce hombres que as? hab?an hablado, les dijo: Os ordeno, por la salud del C?sar, que declar?is si dec?s la verdad y si Jes?s no ha nacido de la fornicaci?n.
13. Y ellos contestaron a Pilatos: Nuestra ley nos proh?be jurar, porque es un pecado. Ordena a ?sos que juren, por la salud del C?sar, ser falso lo que nosotros decimos y habremos merecido la muerte.
14. An?s y Caif?s dijeron a Pilatos: ?Creer?s a estos doce hombres, que pretenden que no ha nacido de la fornicaci?n y no nos creer?s a nosotros, que aseguramos que es un mago, y que se llama a s? mismo hijo de Dios y rey de los hombres?
15. Entonces Pilatos orden? que saliese todo el pueblo, y que se pusiese aparte a Jes?s y, dirigi?ndose a los que hab?an aseverado que ?ste no era hijo de la fornicaci?n, les pregunt?: ?Por qu? los jud?os quieren hacer perecer a Jes?s? Y ellos le respondieron: Est?n irritados contra ?l, porque opera curaciones en d?a de s?bado. Pilatos exclam?: ?Quieren, pues, hacerlo perecer, por ejecutar una buena obra? Y ellos confirmaron: As? es, en efecto.

Di?logo entre Jes?s y Pilatos

III 1. Lleno de c?lera, Pilatos sali? del Pretorio, y dijo a los jud?os: Pongo al sol por testigo de que nada he encontrado de reprensible en ese hombre.
2. Mas los jud?os respondieron al gobernador: Si no fuese un brujo, no te lo hubi?ramos entregado. Pilatos dijo: Tomadlo y juzgadlo seg?n vuestra ley. Mas los jud?os repusieron: No nos est? permitido matar a nadie. Y Pilatos redarguy?: Es a vosotros, y no a m?, a quien Dios preceptu?: No matar?s.
3. Y, vuelto al Pretorio, Pilatos llam? a Jes?s a solas, y lo interrog?: ?Eres t? el rey de los jud?os? Y Jes?s respondi?: ?Dices esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de m??
4. Pilatos repuso: ?Por ventura soy jud?o yo? Tu naci?n y los pr?ncipes de los sacerdotes te han entregado a m?. ?Qu? has hecho?
5. Contest? Jes?s: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mis servidores habr?an peleado para que yo no fuera entregado a los jud?os. Pero mi reino no es de aqu?.
6. Pilatos exclam?: ?Luego rey eres t?? Replic? Jes?s: T? dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que oye mi palabra la verdad escucha.
7. Dijo Pilatos: ?Qu? es la verdad? Y Jes?s respondi?: La verdad viene del cielo. Pilatos le pregunt?: ?No hay, pues, verdad sobre esta tierra? Y Jes?s dijo: Mira c?mo los que manifiestan la verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra.

Nuevos cargos de los jud?os contra Jes?s

IV 1. Dejando a Jes?s en el interior del Pretorio, Pilatos sali?, y se fue hacia los jud?os, a quienes dijo: No encuentro en ?l falta alguna.
2. Mas los jud?os repusieron: ?l ha dicho que pod?a destruir el templo, y reedificarlo en tres d?as.
3. Pilatos les pregunt?: ?Qu? es el templo? Y los jud?os contestaron: El que Salom?n tard? cuarenta y seis a?os en construir, y ?l asegura que, en s?lo tres d?as, puede aniquilarlo y volver a levantarlo otra vez.
4. Y Pilatos afirm? de nuevo: Inocente soy de la sangre de este hombre. Ved lo que os toca hacer con ?l.
5. Y los jud?os gritaron: ?Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
6. Entonces Pilatos, llamando a los ancianos, a los sacerdotes y a los levitas, les comunic? en secreto: No obr?is as?, porque nada hallo digno de muerte en lo que le reproch?is de haber violado el s?bado. Mas ellos opusieron: El que ha blasfemado contra el C?sar es digno de muerte. Y ?l ha hecho m?s, pues ha blasfemado contra Dios.
7. Ante esta pertinacia en la acusaci?n, Pilatos mand? a los jud?os que saliesen del Pretorio y, llamando a Jes?s, le dijo: ?Qu? har? a tu respecto? Jes?s dijo: Haz lo que debes. Y Pilatos pregunt? a los jud?os: ?C?mo debo obrar? Jes?s respondi?: Mois?s y los profetas han predicho esta pasi?n y mi resurrecci?n.
8. Al o?r esto, los jud?os dijeron a Pilatos: ?Quieres escuchar m?s tiempo sus blasfemias? Nuestra ley estatuye que, si un hombre peca contra su pr?jimo, recibir? cuarenta azotes menos uno, y que el blasfemo ser? castigado con la muerte.
9. Y Pilatos expuso: Si su discurso es blasfematorio, tomadlo, conducidlo a vuestra Sinagoga, y juzgadlo seg?n vuestra ley. Mas los jud?os dijeron: Queremos que sea crucificado. Pilatos les dijo: Eso no es justo. Y, mirando a la asamblea, vio a varios jud?os que lloraban, y exclam?: No es voluntad de toda la multitud que muera.
10. Empero, los ancianos dijeron a Pilatos: Para que muera hemos venido aqu? todos. Y Pilatos pregunt? a los jud?os: ?Qu? ha hecho, para merecer la muerte? Y ellos respondieron: Ha dicho que era rey e hijo de Dios.

Defensa de Jes?s por Nicodemo

V 1. Entonces un jud?o llamado Nicodemo se acerc? al gobernador y le dijo: Te ruego me permitas, en tu misericordia, decir algunas palabras. Y Pilatos le dijo: Habla.
2. Y Nicodemo dijo: Yo he preguntado a los ancianos, a los sacerdotes, a los levitas, a los escribas, a toda la multitud de los jud?os, en la Sinagoga: ?Qu? queja o agravio ten?is contra este hombre? ?l hace numerosos y extraordinarios milagros, tales como nadie los ha hecho, ni se har?n jam?s. Dejadlo, y no le caus??s mal alguno, porque si esos milagros vienen de Dios, ser?n estables y, si vienen de los hombres, perecer?n. Mois?s, a quien Dios envi? a Egipto, realiz? los milagros que el Se?or le hab?a ordenado hacer, en presencia del Fara?n. Y hab?a all? magos, Jamn?s y Mambr?s, a quienes los egipcios miraban como dioses, y que quisieron hacer los mismos milagros que Mois?s, mas no pudieron imitarlos todos. Y, como los milagros que operaron no proven?an de Dios, perecieron, como perecieron tambi?n los que en ellos hab?an cre?do. Ahora, pues, dejad, repito, a este hombre, porque no merece la muerte.
3. Mas los jud?os dijeron a Nicodemo: Te has hecho disc?pulo suyo y por ello levantas tu voz en su favor.
4. Nicodemo replic?: ?Es que el gobernador, que habla tambi?n en su favor, es disc?pulo suyo? ?Es que el C?sar no le ha conferido la misi?n de ser su ejecutor de la justicia?
5. Mas los jud?os, estremecidos de c?lera, tremaron los dientes contra Nicodemo, a quien dijeron: Crees en ?l, y compartir?s la misma suerte que ?l.
6. Y Nicodemo repuso: As? sea. Comparta yo la misma suerte que ?l, seg?n que vosotros lo dec?s.

Nuevos testimonios favorables a Jes?s

VI 1. Y otro de los jud?os avanz?, pidiendo al gobernador permiso para hablar. Y Pilatos repuso: Lo que quieras decir, dilo.
2. Y el jud?o habl? as?: Hac?a treinta a?os que yac?a en mi lecho, y era constantemente presa de grandes sufrimientos, y me hallaba en peligro de perder la vida. Jes?s vino, y muchos demon?acos y gentes afligidas de diversas enfermedades fueron curadas por ?l. Y unos j?venes piadosos me llevaron a presencia suya en mi lecho. Y Jes?s, al yerme, se compadeci? de m? y me dijo: Lev?ntate, toma tu lecho, y marcha. Y, en el acto, qued? completamente curado, tom? mi lecho y march?.
3. Mas los jud?os dijeron a Pilatos: Preg?ntale en qu? d?a fue curado. Y ?l respondi?: En d?a de s?bado. Y los jud?os exclamaron: ?No dec?amos que en d?a de s?bado curaba las enfermedades y expulsaba los demonios?
4. Y otro jud?o avanz? y dijo: Yo era un ciego de nacimiento, que o?a hablar, pero que a nadie ve?a. Y Jes?s pas?, y yo me dirig? a ?l, gritando en alta voz: ?Jes?s, hijo de David, ten piedad de m?! Y ?l tuvo piedad de m?, y puso su mano sobre mis ojos, e inmediatamente recobr? la vista.
5. Y otro avanz? y dijo: Yo era leproso, y ?l me cur? con una sola palabra.

Testimonio de la Ver?nica

VII 1. Y una mujer, llamada Ver?nica, dijo: Doce a?os ven?a afligi?ndome un flujo de sangre y, con s?lo tocar el borde de su vestido, el flujo se detuvo en el mismo momento.
2. Y los jud?os exclamaron: Seg?n nuestra ley, una mujer no puede venir a deponer como testigo.

Testimonio colectivo de la multitud

VIII 1. Y algunos otros de la multitud de los jud?os, varones y hembras, se pusieron a gritar: ?Ese hombre es un profeta, y los demonios le est?n sometidos! Entonces Pilatos pregunt? a los acusadores de Jes?s: ? Por qu? los demonios no est?n sometidos a vuestros doctores? Y ellos contestaron: No lo sabemos.
2. Y otros dijeron a Pilatos: Ha resucitado a L?zaro, que llevaba cuatro d?as muerto, y lo ha sacado del sepulcro.
3. Al o?r esto, el gobernador qued? aterrado, y dijo a los jud?os: ?De qu? nos servir? verter sangre inocente?

Las turbas prefieren la libertad de Barrab?s a la de Jes?s. Pilatos se lava las manos

IX 1. Y Pilatos, llamando a Nicodemo y a los doce hombres que dec?an que Jes?s no hab?a nacido de la fornicaci?n, les habl? as?: ?Qu? debo hacer ante la sedici?n que ha estallado en el pueblo? Respondieron: Lo ignoramos. V?anlo ellos mismos.
2. Y Pilatos, convocando de nuevo a la muchedumbre, dijo a los jud?os: Sab?is que, seg?n costumbre, el d?a de los ?zimos os concedo la gracia de soltar a un preso. Encarcelado tengo a un famoso asesino, que se llama Barrab?s, y no encuentro en Jes?s nada que merezca la muerte. ?A cu?l de los dos quer?is que os suelte? Y todos respondieron a voz en grito: ?Su?ltanos a Barrab?s!
3. Pilatos repuso: ?Qu? har?, pues, de Jes?s, llamado el Cristo? Y exclamaron todos: ?Sea crucificado!
4. Y los jud?os dijeron tambi?n: Demostrar?s no ser amigo del C?sar si pones en libertad al que se llama a s? mismo rey e hijo de Dios. Y aun quiz? deseas que ?l sea rey en lugar del C?sar.
5. Entonces Pilatos mont? en c?lera y les dijo: Siempre hab?is sido una raza sediciosa, y os hab?is opuesto a los que estaban por vosotros.
6. Y los jud?os preguntaron: ?Qui?nes son los que estaban por nosotros?
7. Y Pilatos respondi?: Vuestro Dios, que os libr? de la dura servidumbre de los egipcios y que os condujo a pie por la mar seca, y que os dio, en el desierto, el man? y la carne de las codornices para vuestra alimentaci?n, y que hizo salir de una roca agua para saciar vuestra sed, y contra el cual, a pesar de tantos favores, no hab?is cesado de rebelaros, hasta el punto de que ?l quiso haceros perecer. Y Mois?s rog? por vosotros, a fin de que no perecieseis. Y ahora dec?s que yo odio al rey.
8. Mas los jud?os gritaron: Nosotros sabemos que nuestro rey es el C?sar, y no Jes?s. Porque los magos le ofrecieron presentes como a un rey. Y Herodes, sabedor por los magos de que un rey hab?a nacido, procur? matarlo. Enterado de ello Jos?, su padre, lo tom? junto con su madre, y huyeron los tres a Egipto. Y Herodes mand? dar muerte a los hijos de los jud?os, que por aquel entonces hab?an nacido en Bethlehem.
9. Al o?r estas palabras, Pilatos se aterroriz? y, cuando se restableci? la calma entre el pueblo que gritaba, dijo: El que buscaba Herodes ?es el que est? aqu? presente? Y le respondieron: El mismo es.
10. Y Pilatos tom? agua y se lav? las manos ante el pueblo, diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Pensad bien lo que vais a hacer. Y los jud?os repitieron: ?Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
11. Entonces Pilatos orden? que se trajese a Jes?s al tribunal en que estaba sentado, y prosigui? en estos t?rminos, al dictar sentencia contra ?l: Tu raza no te quiere por rey. Ordeno, pues, que seas azotado, conforme a los estatutos de los antiguos pr?ncipes.
12. Y mand? en seguida que se lo crucificase en el lugar en que hab?a sido detenido, con dos malhechores, cuyos nombres eran Dimas y Gestas.

Jes?s en el G?lgota

X 1. Y Jes?s sali? del Pretorio y los dos ladrones con ?l. Y cuando lleg? al lugar que se llama G?lgota, los soldados lo desnudaron de sus vestiduras y le ci?eron un lienzo, y pusieron sobre su cabeza una corona de espinas y colocaron una ca?a en sus manos. Y crucificaron igualmente a los dos ladrones a sus lados, Dimas a su derecha y Gestas a su izquierda.
2. Y Jes?s dijo: Padre, perd?nalos, y d?jalos libres de castigo, porque no saben lo que hacen. Y ellos repartieron entre s? sus vestiduras.
3. Y el pueblo estaba presente, y los pr?ncipes, los ancianos y los jueces se burlaban de Jes?s, diciendo: Puesto que a otros salv?, que se salve a s? mismo. Y si es hijo de Dios, que descienda de la cruz.
4. Y los soldados se mofaban de ?l, y le ofrec?an vinagre mezclado con hiel, exclamando: Si eres el rey de los jud?os, s?lvate a ti mismo.
5. Y un soldado, llamado Longinos, tomando una lanza, le perfor? el costado, del cual sali? sangre y agua.
6. Y el gobernador orden? que, conforme a la acusaci?n de los jud?os, se inscribiese sobre un r?tulo, en letras hebraicas, griegas y latinas: ?ste es el rey de los jud?os.
7. Y uno de los ladrones que estaban crucificados, Gestas, dijo a Jes?s: Si eres el Cristo, l?brate y lib?rtanos a nosotros. Mas Dimas lo reprendi?, dici?ndole: ?No temes a Dios t?, que eres de aquellos sobre los cuales ha reca?do condena? Nosotros recibimos el castigo justo de lo que hemos cometido, pero ?l no ha hecho ning?n mal. Y, una vez hubo censurado a su compa?ero, exclam?, dirigi?ndose a Jes?s: Acu?rdate de m?, se?or en tu reino. Y Jes?s le respondi?: En verdad te digo que hoy ser?s conmigo en el para?so.

Muerte de Jes?s

XI 1. Era entonces como la hora de sexta del d?a y grandes tinieblas se esparcieron por toda la tierra hasta la hora de nona. El sol se oscureci?, y he aqu? que el velo del templo se rasg? en dos partes de alto abajo.
2. Y hacia la hora de nona, Jes?s clam? a gran voz: Hely, Hely, lama zabathani, lo que significa: Dios m?o, Dios m?o, ?por qu? me has abandonado?
3. Y en seguida murmur?: Padre m?o, encomiendo mi esp?ritu entre tus manos. Y, dicho esto, entreg? el esp?ritu.
4. Y el centuri?n, al ver lo que hab?a pasado, glorific? a Dios, diciendo: Este hombre era justo. Y todos los espectadores, turbados por lo que hab?an visto, volvieron a sus casas, golpeando sus pechos.
5. Y el centuri?n refiri? lo que hab?a ocurrido al gobernador, el cual se llen? de aflicci?n extrema y ni el uno, ni el otro comieron, ni bebieron, aquel d?a.
6. Y Pilatos, convocando a los jud?os, les pregunt?: ?Hab?is sido testigos de lo que ha sucedido? Y ellos respondieron al gobernador: El sol se ha eclipsado de la manera habitual.
7. Y todos los que amaban a Jes?s se manten?an a lo lejos, as? como las mujeres que lo hab?an seguido desde Galilea.
8. Y he aqu? que un hombre llamado Jos?, var?n bueno y justo, que no hab?a tomado parte en las acusaciones y en las maldades de los jud?os, que era de Arimatea, ciudad de Judea, y que esperaba el reino de Dios, pidi? a Pilatos el cuerpo de Jes?s.
9. Y, baj?ndolo de la cruz, lo envolvi? en un lienzo muy blanco, y lo deposit? en una tumba completamente nueva, que hab?a hecho construir para s? mismo, y en la cual ninguna persona hab?a sido sepultada.

Los jud?os amenazan a Nicodemo y encierran en un calabozo a Jos? de Arimatea

XII 1. Sabedores los jud?os de que Jos? hab?a pedido el cuerpo de Jes?s, lo buscaron, como tambi?n a los doce hombres que hab?an declarado que Jes?s no naciera de la fornicaci?n, y a Nicodemo y a los dem?s que hab?an comparecido ante Pilatos, y dado testimonio de las buenas obras del Salvador.
2. Todos se ocultaban y ?nicamente Nicodemo, por ser pr?ncipe de los jud?os, se mostr? a ellos, y les pregunt?: ?C?mo hab?is entrado en la Sinagoga?
3. Y ellos le respondieron: Y t?, ?c?mo has entrado en la Sinagoga, cuando eras adepto del Cristo? Ojal? tengas tu parte con ?l en los siglos futuros. Y Nicodemo contest?: As? sea.
4. Y Jos? se present? igualmente a ellos y les dijo: ?Por qu? est?is irritados contra m?, a causa de haber yo pedido a Pilatos el cuerpo de Jes?s? He aqu? que yo lo he depositado en mi propia tumba, y lo he envuelto en un lienzo muy blanco, y he colocado una gran piedra al lado de la gruta. Hab?is obrado mal contra el justo, y lo hab?is crucificado, y lo hab?is atravesado a lanzadas.
5. Al o?r esto, los jud?os se apoderaron de Jos? y lo encerraron, hasta que pasase el d?a del s?bado. Y le dijeron: En este momento, por ser tal d?a, nada podemos hacer contra ti. Pero sabemos que no eres digno de sepultura y abandonaremos tu carne a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
6. Y Jos? respondi?: Esas vuestras palabras son semejantes a las de Goliath el soberbio, que se levant? contra el Dios vivo, y a quien hiri? David. Dios ha dicho por la voz del profeta: Me reservar? la venganza. Y Pilatos, con el coraz?n endurecido, lav? sus manos en pleno sol, exclamando: Inocente soy de la sangre de ese justo. Y vosotros hab?is contestado: ?Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Y mucho temo que la c?lera de Dios caiga sobre vosotros y sobre vuestros hijos, como hab?is proclamado.
7. Al o?r a Jos? expresarse de este modo, los jud?os se llenaron de rabia, y, apoder?ndose de ?l, lo encerraron en un calabozo sin reja que dejara penetrar el menor rayo de luz. Y An?s y Caif?s colocaron guardias a la puerta y pusieron su sello sobre la llave.
8. Y tuvieron consejo con los sacerdotes y con los levitas, para que se reuniesen todos despu?s del d?a del s?bado, y deliberasen sobre qu? genero de muerte infligir?an a Jos?.
9. Y cuando estuvieron reunidos, An?s y Caif?s ordenaron que se les trajese a Jos?. Y, quitando el sello, abrieron la puerta y no encontraron a Jos? en el calabozo en que lo hab?an encerrado. Y toda la asamblea qued? sumida en el mayor estupor, porque hab?an encontrado sellada la puerta. Y An?s y Caif?s se retiraron.

Los soldados atestiguan la resurrecci?n de Jes?s. Temor de los jud?os, al saberlo

XIII 1. Y, mientras ellos no sal?an de su asombro, uno de los soldados a quienes hab?an encomendado la guardia del sepulcro entr? en la Sinagoga y dijo: Cuando vigil?bamos la tumba de Jes?s, la tierra tembl? y hemos visto a un ?ngel de Dios, que quit? la piedra del sepulcro y que se sent? sobre ella. Y su semblante brillaba como el rel?mpago y sus vestidos eran blancos como la nieve. Y nosotros quedamos como muertos de espanto. Y o?mos al ?ngel que dec?a a las mujeres que hab?an ido al sepulcro de Jes?s: No tem?is. S? que busc?is a Jes?s el crucificado, el cual resucit?, como lo hab?a predicho. Venid, y ved el lugar en que hab?a sido colocado, y apresuraos a avisar a sus disc?pulos que ha resurgido de entre los muertos, y que va delante de vosotros a Galilea, donde lo ver?is.
2. Y los jud?os, convocando a todos los soldados que hab?an puesto para guardar a Jes?s, les preguntaron: ?Qu? mujeres fueron aquellas a quienes el ?ngel habl?? ?Por qu? no os hab?is apoderado de ellas?
3. Replicaron los soldados: No sabemos qu? mujeres eran, y quedamos como difuntos, por el mucho temor que nos inspir? el ?ngel. ?C?mo, en estas condiciones, habr?amos podido apoderarnos de dichas mujeres?
4. Los jud?os exclamaron: ?Por la vida del Se?or, que no os creemos! Y los soldados respondieron a los jud?os: Hab?is visto a Jes?s hacer milagros, y no hab?is cre?do en ?l. ?C?mo creer?ais en nuestras palabras? Con raz?n jur?is por la vida del Se?or, pues vive el Se?or a quien encerrasteis en el sepulcro. Hemos sabido que hab?is encarcelado en un calabozo, cuya puerta hab?is sellado, a ese Jos? que embalsam? el cuerpo de Jes?s, y que, cuando fuisteis a buscarlo, no lo encontrasteis. Devolvednos a Jos?, a quien aprisionasteis, y os devolveremos a Jes?s, cuyo sepulcro hemos guardado.
5. Los jud?os dijeron: Devolvednos a Jes?s y os devolveremos a Jos?, porque ?ste se halla en la ciudad de Arimatea. Mas los soldados contestaron: Si Jos? est? en Arimatea, Jes?s est? en Galilea, puesto que as? lo anunci? a las mujeres el ?ngel.
6. O?do lo cual, los jud?os se sintieron pose?dos de temor y se dijeron entre s?: Cuando el pueblo escuche estos discursos, todos en Jes?s creer?n.
7. Y reunieron una gruesa suma de dinero, que entregaron a los soldados, advirti?ndoles: Decid que, mientras dorm?ais, llegaron los disc?pulos de Jes?s al sepulcro y robaron su cuerpo. Y, si el gobernador Pilatos se entera de ello, lo apaciguaremos en vuestro favor y no ser?is inquietados.
8. Y los soldados, tomando el dinero, dijeron lo que los jud?os les hab?an recomendado.

Intrigas de los jud?os para invalidarla resurrecci?n de Jes?s

XIV 1. Y un sacerdote llamado Fineo, y el maestro de escuela Addas, y el levita Ageo llegaron los tres de Galilea a Jerusal?n, y dijeron a todos los que estaban en la Sinagoga: A Jes?s, por vosotros crucificado, lo hemos visto en el Monte los Olivos, sentado entre sus disc?pulos, hablando con ellos y dici?ndoles: Id por el mundo, predicad a todas las naciones, y bautizad a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo. Y el que crea y sea bautizado ser? salvo. Y, no bien hubo dicho estas cosas a sus disc?pulos, lo vimos subir al cielo.
2. Al o?r esto, los pr?ncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo y los levitas dijeron a aquellos tres hombres: Glorificad al Dios de Israel, y tomadlo por testigo de que lo que hab?is visto y o?do es verdadero.
3. Y ellos respondieron: Por la vida del Se?or de nuestros padres, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, declaramos decir la verdad. Hemos o?do a Jes?s hablar con sus disc?pulos y lo hemos visto subir al cielo. Si call?semos ambas cosas, cometer?amos un pecado.
4. Y los pr?ncipes de los sacerdotes, levant?ndose en seguida, exclamaron: No repit?is a nadie lo que hab?is dicho de Jes?s. Y les dieron una fuerte suma de dinero.
5. Y los hicieron acompa?ar por tres hombres, para que se restituyesen a su pa?s, y no hiciesen estada alguna en Jerusal?n.
6. Y, habi?ndose reunido todos los jud?os, se entregaron entre s? a grandes meditaciones, y dijeron: ?Qu? es lo que ha sobrevenido en Israel?
7. Y An?s y Caif?s, para consolarlos, replicaron: ?Es que vamos a creer a los soldados, que guardaban el sepulcro de Jes?s, y que aseguraron que un ?ngel abri? su losa? ?Por ventura no han sido sus disc?pulos los que les dieron mucho oro para que hablasen as?, y los dejasen a ellos robar el cuerpo de Jes?s? Sabed que no cabe conceder fe alguna a las palabras de esos extranjeros, porque, habiendo recibido de nosotros una fuerte suma, hayan por doquiera dicho lo que nosotros les encargamos que dijesen. Ellos pueden ser infieles a los disc?pulos de Jes?s lo mismo que a nosotros.

Intervenci?n de Nicodemo en los debates de la Sinagoga. Los jud?os mandan llamar a Jos? de Arimatea y oyen las noticias que ?ste les da

XV 1. Y Nicodemo se levant? y dijo: Rectamente habl?is, hijos de Israel. Os hab?is enterado de lo que han dicho esos tres hombres, que juraron sobre la ley del Se?or haber o?do a Jes?s hablar con sus disc?pulos en el monte de los Olivos, y haberlo visto subir al cielo. Y la Escritura nos ense?a que el bienaventurado El?as fue transportado al cielo, y que Eliseo, interrogado por los hijos de los profetas sobre d?nde hab?a ido su hermano El?as, respondi? que les hab?a sido arrebatado. Y los hijos de los profetas le dijeron: Acaso nos lo ha arrebatado el esp?ritu, y lo ha depositado sobre las monta?as de Israel. Pero elijamos hombres que vayan con nosotros, y recorramos esas monta?as, donde quiz? lo encontremos. Y suplicaron as? a Eliseo, que camin? con ellos tres d?as, y no encontraron a El?as. Y ahora, escuchadme, hijos de Israel. Enviemos hombres a las monta?as, porque acaso el esp?ritu ha arrebatado a Jes?s, y quiz? lo encontremos, y haremos penitencia.
2. Y el parecer de Nicodemo fue del gusto de todo el pueblo, y enviaron hombres, que buscaron a Jes?s, sin encontrarlo, y que, a su vuelta, dijeron: No hemos hallado a Jes?s en ninguno de los lugares que hemos recorrido, pero hemos hallado a Jos? en la ciudad de Arimatea.
3. Y, al o?r esto, los pr?ncipes y todo el pueblo se regocijaron, y glorificaron al Dios de Israel de que hubiesen encontrado a Jos?, a quien hab?an encerrado en un calabozo, y a quien no hab?an podido encontrar.
4. Y, reuni?ndose en una gran asamblea, los pr?ncipes de los sacerdotes se preguntaron entre s?: ?C?mo podremos traer a Jos? entre nosotros, y hacerlo hablar?
5. Y tomando papel, escribieron a Jos? por este tenor: Sea la paz contigo, y con todos los que est?n contigo. Sabemos que hemos pecado contra Dios y contra ti. D?gnate, pues, venir hacia tus padres y tus hijos, porque tu marcha del calabozo nos ha llenado de sorpresa. Reconocemos que hab?amos concebido contra ti un perverso designio, y que el Se?or te ha protegido, Iibr?ndote de nuestras malas intenciones. Sea la paz contigo, Jos?, hombre honorable entre todo el pueblo.
6. Y eligieron siete hombres, amigos de Jos?, y les dijeron: Cuando llegu?is a casa de Jos?, dadle el saludo de paz, y entregadle la carta.
7. Y los hombres llegaron a casa de Jos?, y lo saludaron, y le entregaron la carta. Y luego que Jos? la hubo le?do, exclam?: ?Bendito sea el Se?or Dios, que ha preservado a Israel de la efusi?n de mi sangre! ?Bendito seas, Dios m?o, que me has protegido con tus alas!
8. Y Jos? abraz? a los embajadores, y los acogi? y regal? en su domicilio.
9. Y, al d?a siguiente, montando en un asno, se puso en camino con ellos, y llegaron a Jerusal?n.
10. Y, cuando los jud?os se enteraron de su llegada, corrieron todos ante ?l, gritando y exclamando: ?Sea la paz a tu llegada, padre Jos?! Y ?l repuso: ?Sea la paz del Se?or con todo el pueblo!
11. Y todos lo abrazaron. Y Nicodemo lo recibi? en su casa, acogi?ndolo con gran honor y con gran complacencia.
12. Y, al siguiente d?a, que lo era de la fiesta de Preparaci?n, An?s, Caif?s y Nicodemo dijeron a Jos?: Rinde homenaje al Dios de Israel, y responde a todo lo que te preguntemos. Irritados est?bamos contra ti, porque hab?as sepultado el cuerpo de Jes?s, y te encerramos en un calabozo, donde no te encontramos, al buscarte, lo que nos mantuvo en plena sorpresa y en pleno espanto, hasta que hemos vuelto a verte. Cu?ntanos, pues, en presencia de Dios, lo que te ha ocurrido.
13. Y Jos? contest?: Cuando me encerrasteis, el d?a de Pascua, mientras me hallaba en oraci?n a medianoche, la casa qued? como suspendida en los aires. Y vi a Jes?s, brillante como un rel?mpago, y, acometido de terror, ca? por tierra. Y Jes?s, tom?ndome por la mano, me elev? por encima del suelo, y un sudor fr?o cubr?a mi frente. Y ?l, secando mi rostro, me dijo: Nada temas, Jos?. M?rame y recon?ceme, porque soy yo.
14. Y lo mir?, y exclam?, lleno de asombro: ?Oh Se?or El?as! Y ?l me dijo: No soy El?as, sino Jes?s de Nazareth, cuyo cuerpo has sepultado.
15. Y yo le respond?: Mu?strame la tumba en que te deposit?. Y Jes?s, tom?ndome por la mano otra vez, me condujo al lugar en que lo hab?a sepultado, y me mostr? el sudario y el pa?o en que hab?a envuelto su cabeza.
16. Entonces reconoc? que era Jes?s, y lo ador?, diciendo: ?Bendito el que viene en nombre del Se?or!
17. Y Jes?s, tom?ndome por la mano de nuevo, me condujo a mi casa de Arimatea, y me dijo: Sea la paz contigo, y, durante cuarenta d?as, no salgas de tu casa. Yo vuelvo ahora cerca de mis disc?pulos.

Estupor de los jud?os ante las declaraciones de Jos? de Arimatea

XVI 1. Cuando los sacerdotes y los levitas oyeron tales cosas, quedaron estupefactos y como muertos. Y, vueltos en s?, exclamaron: ?Qu? maravilla es la que se ha manifestado en Jerusal?n? Porque nosotros conocemos al padre y a la madre de Jes?s.
2. Y cierto levita explic?: S? que su padre y su madre eran personas temerosas del Alt?simo, y que estaban siempre en el templo, orando, y ofreciendo hostias y holocaustos al Dios de Israel. Y, cuando Sime?n, el Gran Sacerdote, lo recibi?, dijo, tom?ndolo en sus brazos: Ahora, Se?or, env?a a tu servidor en paz, seg?n tu palabra, porque mis ojos han visto al Salvador que has preparado para todos los pueblos, luz que ha de servir para la gloria de tu raza de Israel. Y aquel mismo Sime?n bendijo tambi?n a Mar?a, madre de Jes?s, y le dijo: Te anuncio, respecto a este ni?o, que ha nacido para la ruina y para la resurrecci?n de muchos, y como signo de contradicci?n.
3. Entonces los jud?os propusieron: Mandemos a buscar a los tres hombres que aseguran haberlo visto con sus disc?pulos en el monte de los Olivos.
4. Y, cuando as? se hizo, y aquellos tres hombres llegaron, y fueron interrogados, respondieron con un?nime voz: Por la vida del Se?or, Dios de Israel, hemos visto manifiestamente a Jes?s con sus disc?pulos en el monte de las Olivas, y asistido al espect?culo de su subida al cielo.
5. En vista de esta declaraci?n, An?s y Caif?s tomaron a cada uno de los testigos aparte, y se informaron de ellos separadamente. Y ellos insistieron sin contradicci?n en confesar la verdad, y en aseverar que hab?an visto a Jes?s.
6. Y An?s y Caif?s pensaron: Nuestra ley precept?a que, en la boca de dos o tres testigos, toda palabra es v?lida. Pero sabemos que el bienaventurado Enoch, grato a Dios, fue transportado al cielo por la palabra de ?l, y que la tumba del bienaventurado Mois?s no se encontr? nunca, y que la muerte del profeta El?as no es conocida. Jes?s, por lo contrario, ha sido entregado a Pilatos, azotado, abofeteado, coronado de espinas, atravesado por una lanza, crucificado, muerto sobre el madero, y sepultado. Y el honorable padre Jos?, que deposit? su cad?ver en un sepulcro nuevo, atestigua haberlo visto vivo. Y estos tres hombres certifican haberlo encontrado con sus disc?pulos en el monte de los Olivos, y haber asistido al espect?culo de su subida al cielo.

Fuente: Los Evangelios Ap?crifos, por Edmundo Gonz?lez Blanco
Transcrito: Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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