Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011

?QUIEN FU? BUDA?

Su nombre era Siddh?rta y su patron?mico, Gautama. Pocos son los datos hist?ricos que tenemos acerca de ?l. La mayor?a de los estudiosos actuales creen que la fecha de su nacimiento se remonta, aproximadamente, al 566 a.C. y la de su muerte al 486 a.C. Su padre, Suddhodana, jefe del clan de los s?kya, era gobernador de Kapilavastu, un peque?o estado olig?rquico situado en la llanura junto a las estribaciones del Himalaya nepal?s.

La biograf?a de Buda es producto de una tradici?n compleja, porque la exuberante fantas?a de la fe ?ingenua y profunda al mismo tiempo? y las exigencias de la predicaci?n fueron idealizando cada vez m?s la vida del maestro hasta convertirla en la reproducci?n de un esquema abstracto de perfecci?n sagrada. Pretender separar la verdad hist?rica del relato ficticio es una empresa casi imposible. Y puede que ni siquiera fuera justo hacerlo: durante siglos ha sido precisamente esta ?vida ideal? la fuente de una profunda inspiraci?n religiosa.

Ya su concepci?n es extraordinaria. Mientras reside en el para?so de Tusita, Buda elige el momento y el lugar de su nacimiento en la tierra. En el Lalitavistara y en el Nid?nakatha la narraci?n aparece envuelta en una atm?sfera como de sue?o frente al milagro: la luz se esparce por el mundo de forma imprevista, la tierra tiembla y una m?sica suave suena en el aire. Buda penetra en el seno de Maya bajo la forma de un elefante blanco de seis colmillos. Ser puro, rodeado y asistido por los dioses, apenas ha nacido y ya muestra los 32 signos f?sicos de la perfecci?n. Seg?n las palabras del viejo sabio Asita, Siddh?rta est? destinado a ser un rey universal o un iluminado.

Poco despu?s del parto, muere la madre y el ni?o es criado por la t?a, Mah?pra-japati. El padre lo ama con ternura y pretende por todos los medios protegerlo de cualquier turbaci?n. La primera ?poca de esta ?vida ideal? del fundador carism?ti-co est? marcada por la perfecci?n mundana m?s completa. Los textos nos hablan de un joven Siddh?rta hermoso, bueno y sabio que pasa sus d?as en los jardines del palacio, en un mundo aparte, maravilloso. A los diecis?is a?os se casa con su prima Yasodhara.

Pero en cierto momento este encanto se rompe. Cuenta la leyenda que un d?a Siddh?rta sali? del palacio y se encontr? con un viejo, en la segunda salida se encontr? con un enfermo y en la tercera salida se detuvo ante un cortejo f?nebre: la ?crisis inici?tica? se traduce en una gradual toma de conciencia del sufrimiento y del car?cter ilusorio de la vida. Habi?ndose aventurado fuera de su jard?n por cuarta vez, encuentra a un asceta mendicante y ve en su serena dignidad una primera v?a de liberaci?n. Al regresar a palacio se entera de que ha tenido un hijo, R?nula. Su deber social ya est? cumplido. Aquella misma noche, tras haberse despedido en silencio de su esposa y del ni?o, Siddh?rta abandona la casa, se despoja de sus vestiduras de pr?ncipe y penetra solo en el bosque, para buscar ?como aparece escrito en el Majjhi-manik?ya? ?lo que no tiene nacimiento, lo que no envejece ni decae, lo que no muere, lo que no conoce el sufrimiento, lo que es puro, totalmente libre de ataduras: el nirvana?.

Sigue un largo y penoso per?odo de angustia y de pruebas. Siddh?rta se convierte en disc?pulo de renombrados maestros, Arada Kalama y Udraka R?maputra, pero finalmente, insatisfecho, emprende en solitario su b?squeda espiritual. Durante seis
a?os se impone las formas m?s duras de ascesis, consistentes en extenuantes vigilias en meditaci?n y terribles ayunos. Pero llega a la convicci?n de que a trav?s de la humillaci?n del cuerpo no se puede alcanzar una mayor claridad de la mente. De repente, recuerda un estado de meditaci?n, conocido como primer jh?na, en el que en otro tiempo hab?a entrado espont?neamente, un estado de calma sin la implicaci?n de los sentidos, de serena alegr?a. Intuye que ?ste es el camino. Comienza a alimentarse de nuevo y recupera las fuerzas. Sus primeros disc?pulos, decepcionados por lo que consideran una concesi?n, le abandonan. Como en muchas narraciones de las vidas de los h?roes m?ticos, en el momento crucial Siddh?rta tambi?n se queda solo. Pero los textos lo describen seguro de s? mismo y la narraci?n se vuelve premiosa, creando un clima creciente de espera c?smica.

Estando en meditaci?n al pie de un ?rbol de pipal ?s?mbolo del ?rbol de la Vida y axis mundi? se enfrenta con la ?ltima prueba inici?tica. Mar?, el tentador, que reina sobre los sentidos y sobre los deseos, intenta con sus visiones apartarlo de la concentraci?n para impedirle que alcance el conocimiento ?ltimo. La victoria sobre las tentaciones marca el fin del per?odo divisorio y es la premisa de su radical transformaci?n interior. Nos acercamos al punto central del esquema narrativo, al momento decisivo de la b?squeda espiritual. Durante la primera parte de la noche, Siddh?rta recorre los cuatro estadios de la meditaci?n, que le conducen gradualmente a la consecuci?n de la ?no triste, no alegre, equilibrada, sabia y perfecta pureza? de la mente. Al amanecer, ?destruida la ignorancia, disipadas las tinieblas, despierta la conciencia, conquistada la luz?, Siddh?rta se ha convertido en Buda, el iluminado.

Comienza, pues, la segunda parte de la ?vida ejemplar?, que es un reflejo especular de la primera. De nuevo Buda atraviesa un per?odo de angustia: no sabe si debe revelar esa ?verdad profunda, dif?cil de descubrir, dif?cil de percibir, tranquila, preciosa, ?ntima, accesible a los sabios?. Es la duda m?s profunda de toda santidad; es la ?ltima tentaci?n de Mar?, que incita a Buda a entrar en el nirvana sin preocuparse del resto de los hombres. Pero Buda vuelve al mundo, y la l?gica de la narraci?n hagiogr?fica exige que los primeros en escuchar la nueva doctrina y en convertirse sean precisamente los disc?pulos que le hab?an abandonado: es el reconocimiento de su carisma.

El ?Discurso de Benar?s? se ha definido tambi?n como el ?Discurso que puso en movimiento la rueda de la Ley?, porque a partir de ese momento se inici? una nueva era para los fieles y la verdad entr? en la historia. El discurso comienza con la idea de que hay una ?v?a media? para quien busca la verdad y la liberaci?n, una v?a que rechaza los extremos, tanto el de la devoci?n total a los sentidos como el de la negaci?n total del cuerpo. El discurso expone las Cuatro Nobles Verdades, que representan el n?cleo doctrinal del budismo.
Con la predicaci?n, se inicia un per?odo de vida tan perfecta seg?n los valores de lo sagrado como perfecta hab?a sido la juventud seg?n los valores de lo profano. La vida mendicante y errabunda que Buda ha escogido le llevar?, durante casi cuarenta y cinco a?os, a predicar sus ense?anzas en los reinos de Kosala, Magadha y Kasl. Con las conversiones y el incremento del n?mero de fieles se constituye el samgha, la Comunidad de los monjes. El relato de las arduas discusiones filos?ficas, las leyendas acerca del p?rfido Devadatta y su enga?osa hostilidad, ocultan sin duda el recuerdo de la reacci?n y de la oposici?n hallada en el primer per?odo de expansi?n.

Se aproxima el ocaso de la vida. Como hab?a ocurrido con su nacimiento, Buda tambi?n tiene poder sobre su muerte: controla milagrosamente el momento y la forma. Enferma gravemente por haber comido alimentos en mal estado. Las visiones de la fe otorgan al relato del acontecimiento un aura, una musicalidad de apoteosis divina:

?Se recost? sobre el lado derecho, como un le?n, cruzando los pies, reflexivo, consciente. Y he aqu? que en aquel momento los dos ?rboles de sala se cubrieron completamente de flores, aunque no era la estaci?n de florecer, y rociaron el cuerpo del Perfecto, volvieron a rociarlo y lo recubrieron de flores, en honor del Perfecto. Y del cielo cayeron flores divinas mah?d?vara y rociaron, volvieron a rociar y recubrieron el cuerpo del Perfecto, en honor del Perfecto. Instrumentos musicales divinos resonaron en el aire en honor del Perfecto? (Mah?parinirv?nas?tra, V, 1-2). Pero en otras p?ginas permanece intacta, dolorosa y serena, la voz de un antiguo relato: advirtiendo que su muerte era inminente, Buda llama junto a ?l a ?nanda, que llora vencido por la aflicci?n, y le hace sentar a su lado: ?Basta, oh ?nanda, no te aflijas, no te lamentes.

Pues ya antes yo dije: de todas las cosas queridas y agradables, ?acaso no es variada la existencia, cierta la separaci?n y el cambio? Lo que ha nacido, crecido, fruto de la mezcla, ?c?mo podr?a no perecer nunca? No hay noticias de algo similar. Durante mucho tiempo, ?nanda, has sido seguidor del Beato, con amor ... Por esto, ?nanda, t? que has adquirido m?ritos, som?tete a un esfuerzo m?s y pronto tambi?n t? te ver?s libre de toda atadura? (ibid., V, 14). Los textos cuentan que abandon? el mundo sin angustia, sereno, en un estado controlado de meditaci?n, para extinguirse en la liberaci?n definitiva del parinirv?na.

Fdo. Cristobal Aguilar.

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Su nombre era Siddh?rta y su patron?mico, Gautama. Pocos son los datos hist?ricos que tenemos acerca de ?l. La mayor?a de los estudiosos actuales creen que la fecha de su nacimiento se remonta, aproximadamente, al 566 a.C. y la de su muerte al 486 a.C. Su padre, Suddhodana, jefe del clan de los s?kya, era gobernador de Kapilavastu, un peque?o estado olig?rquico situado en la llanura junto a las estribaciones del Himalaya nepal?s.
La biograf?a de Buda es producto de una tradici?n compleja, porque la exuberante fantas?a de la fe ?ingenua y profunda al mismo tiempo? y las exigencias de la predicaci?n fueron idealizando cada vez m?s la vida del maestro hasta convertirla en la reproducci?n de un esquema abstracto de perfecci?n sagrada. Pretender separar la verdad hist?rica del relato ficticio es una empresa casi imposible. Y puede que ni siquiera fuera justo hacerlo: durante siglos ha sido precisamente esta ?vida ideal? la fuente de una profunda inspiraci?n religiosa.
Ya su concepci?n es extraordinaria. Mientras reside en el para?so de Tusita, Buda elige el momento y el lugar de su nacimiento en la tierra. En el Lalitavistara y en el Nid?nakatha la narraci?n aparece envuelta en una atm?sfera como de sue?o frente al milagro: la luz se esparce por el mundo de forma imprevista, la tierra tiembla y una m?sica suave suena en el aire. Buda penetra en el seno de Maya bajo la forma de un elefante blanco de seis colmillos. Ser puro, rodeado y asistido por los dioses, apenas ha nacido y ya muestra los 32 signos f?sicos de la perfecci?n. Seg?n las palabras del viejo sabio Asita, Siddh?rta est? destinado a ser un rey universal o un iluminado.
Poco despu?s del parto, muere la madre y el ni?o es criado por la t?a, Mah?pra-japati. El padre lo ama con ternura y pretende por todos los medios protegerlo de cualquier turbaci?n. La primera ?poca de esta ?vida ideal? del fundador carism?ti-co est? marcada por la perfecci?n mundana m?s completa. Los textos nos hablan de un joven Siddh?rta hermoso, bueno y sabio que pasa sus d?as en los jardines del palacio, en un mundo aparte, maravilloso. A los diecis?is a?os se casa con su prima Yasodhara.
Pero en cierto momento este encanto se rompe. Cuenta la leyenda que un d?a Siddh?rta sali? del palacio y se encontr? con un viejo, en la segunda salida se encontr? con un enfermo y en la tercera salida se detuvo ante un cortejo f?nebre: la ?crisis inici?tica? se traduce en una gradual toma de conciencia del sufrimiento y del car?cter ilusorio de la vida. Habi?ndose aventurado fuera de su jard?n por cuarta vez, encuentra a un asceta mendicante y ve en su serena dignidad una primera v?a de liberaci?n. Al regresar a palacio se entera de que ha tenido un hijo, R?nula. Su deber social ya est? cumplido. Aquella misma noche, tras haberse despedido en silencio de su esposa y del ni?o, Siddh?rta abandona la casa, se despoja de sus vestiduras de pr?ncipe y penetra solo en el bosque, para buscar ?como aparece escrito en el Majjhi-manik?ya? ?lo que no tiene nacimiento, lo que no envejece ni decae, lo que no muere, lo que no conoce el sufrimiento, lo que es puro, totalmente libre de ataduras: el nirvana?.
Sigue un largo y penoso per?odo de angustia y de pruebas. Siddh?rta se convierte en disc?pulo de renombrados maestros, Arada Kalama y Udraka R?maputra, pero finalmente, insatisfecho, emprende en solitario su b?squeda espiritual. Durante seis
a?os se impone las formas m?s duras de ascesis, consistentes en extenuantes vigilias en meditaci?n y terribles ayunos. Pero llega a la convicci?n de que a trav?s de la humillaci?n del cuerpo no se puede alcanzar una mayor claridad de la mente. De repente, recuerda un estado de meditaci?n, conocido como primer jh?na, en el que en otro tiempo hab?a entrado espont?neamente, un estado de calma sin la implicaci?n de los sentidos, de serena alegr?a. Intuye que ?ste es el camino. Comienza a alimentarse de nuevo y recupera las fuerzas. Sus primeros disc?pulos, decepcionados por lo que consideran una concesi?n, le abandonan. Como en muchas narraciones de las vidas de los h?roes m?ticos, en el momento crucial Siddh?rta tambi?n se queda solo. Pero los textos lo describen seguro de s? mismo y la narraci?n se vuelve premiosa, creando un clima creciente de espera c?smica.
Estando en meditaci?n al pie de un ?rbol de pipal ?s?mbolo del ?rbol de la Vida y axis mundi? se enfrenta con la ?ltima prueba inici?tica. Mar?, el tentador, que reina sobre los sentidos y sobre los deseos, intenta con sus visiones apartarlo de la concentraci?n para impedirle que alcance el conocimiento ?ltimo. La victoria sobre las tentaciones marca el fin del per?odo divisorio y es la premisa de su radical transformaci?n interior. Nos acercamos al punto central del esquema narrativo, al momento decisivo de la b?squeda espiritual. Durante la primera parte de la noche, Siddh?rta recorre los cuatro estadios de la meditaci?n, que le conducen gradualmente a la consecuci?n de la ?no triste, no alegre, equilibrada, sabia y perfecta pureza? de la mente. Al amanecer, ?destruida la ignorancia, disipadas las tinieblas, despierta la conciencia, conquistada la luz?, Siddh?rta se ha convertido en Buda, el iluminado.
Comienza, pues, la segunda parte de la ?vida ejemplar?, que es un reflejo especular de la primera. De nuevo Buda atraviesa un per?odo de angustia: no sabe si debe revelar esa ?verdad profunda, dif?cil de descubrir, dif?cil de percibir, tranquila, preciosa, ?ntima, accesible a los sabios?. Es la duda m?s profunda de toda santidad; es la ?ltima tentaci?n de Mar?, que incita a Buda a entrar en el nirvana sin preocuparse del resto de los hombres. Pero Buda vuelve al mundo, y la l?gica de la narraci?n hagiogr?fica exige que los primeros en escuchar la nueva doctrina y en convertirse sean precisamente los disc?pulos que le hab?an abandonado: es el reconocimiento de su carisma.
El ?Discurso de Benar?s? se ha definido tambi?n como el ?Discurso que puso en movimiento la rueda de la Ley?, porque a partir de ese momento se inici? una nueva era para los fieles y la verdad entr? en la historia. El discurso comienza con la idea de que hay una ?v?a media? para quien busca la verdad y la liberaci?n, una v?a que rechaza los extremos, tanto el de la devoci?n total a los sentidos como el de la negaci?n total del cuerpo. El discurso expone las Cuatro Nobles Verdades, que representan el n?cleo doctrinal del budismo.
Con la predicaci?n, se inicia un per?odo de vida tan perfecta seg?n los valores de lo sagrado como perfecta hab?a sido la juventud seg?n los valores de lo profano. La vida mendicante y errabunda que Buda ha escogido le llevar?, durante casi cuarenta y cinco a?os, a predicar sus ense?anzas en los reinos de Kosala, Magadha y Kasl. Con las conversiones y el incremento del n?mero de fieles se constituye el samgha, la Comunidad de los monjes. El relato de las arduas discusiones filos?ficas, las leyendas acerca del p?rfido Devadatta y su enga?osa hostilidad, ocultan sin duda el recuerdo de la reacci?n y de la oposici?n hallada en el primer per?odo de expansi?n.
Se aproxima el ocaso de la vida. Como hab?a ocurrido con su nacimiento, Buda tambi?n tiene poder sobre su muerte: controla milagrosamente el momento y la forma. Enferma gravemente por haber comido alimentos en mal estado. Las visiones de la fe otorgan al relato del acontecimiento un aura, una musicalidad de apoteosis divina: ?Se recost? sobre el lado derecho, como un le?n, cruzando los pies, reflexivo, consciente. Y he aqu? que en aquel momento los dos ?rboles de sala se cubrieron completamente de flores, aunque no era la estaci?n de florecer, y rociaron el cuerpo del Perfecto, volvieron a rociarlo y lo recubrieron de flores, en honor del Perfecto. Y del cielo cayeron flores divinas mah?d?vara y rociaron, volvieron a rociar y recubrieron el cuerpo del Perfecto, en honor del Perfecto. Instrumentos musicales divinos resonaron en el aire en honor del Perfecto? (Mah?parinirv?nas?tra, V, 1-2). Pero en otras p?ginas permanece intacta, dolorosa y serena, la voz de un antiguo relato: advirtiendo que su muerte era inminente, Buda llama junto a ?l a ?nanda, que llora vencido por la aflicci?n, y le hace sentar a su lado: ?Basta, oh ?nanda, no te aflijas, no te lamentes. Pues ya antes yo dije: de todas las cosas queridas y agradables, ?acaso no es variada la existencia, cierta la separaci?n y el cambio? Lo que ha nacido, crecido, fruto de la mezcla, ?c?mo podr?a no perecer nunca? No hay noticias de algo similar. Durante mucho tiempo, ?nanda, has sido seguidor del Beato, con amor ... Por esto, ?nanda, t? que has adquirido m?ritos, som?tete a un esfuerzo m?s y pronto tambi?n t? te ver?s libre de toda atadura? (ibid., V, 14). Los textos cuentan que abandon? el mundo sin angustia, sereno, en un estado controlado de meditaci?n, para extinguirse en la liberaci?n definitiva del parinirv?na.

Publicado por cristobalaguilar @ 1:49  | Otras Religiones
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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