Lunes, 31 de enero de 2011

LA ROMA DE LOS CESARES Y LOS CULTOS DEL ORIENTE

En su progresiva expansi?n, Roma tuvo que enfrentarse muy pronto con el problema de las religiones extranjeras, la externa superstitio, frente a la que la ciudad siempre se mostr? recelosa, La interpretatio romana, basada generalmente en rasgos superficiales, puesto que adaptaba a la cultura romana las divinidades extranjeras, moderaba el etnocentrismo t?pico del pueblo romano. Sin embargo, estas divinidades no siempre se insertaban y se integraban en el tejido tradicional de la ciudad. El culto de la Gran Madre frigia Cibeles, aceptado en Roma por sugerencia de los Or?culos Sibilinos en el a?o 204 a.C., fue objeto de posteriores restricciones en el seno del estado, y a los ciudadanos les estaba prohibido ingresar en su sacerdocio; hasta bien avanzada la ?poca imperial, en tiempos de Antonino P?o (138-161 d.C, precedido por Claudio, 41-54 d.C.), no se instaur? un gran ciclo festivo para celebrar este culto. Con recelo y sarcasmo fue tambi?n acogido el culto de la dea Syria, Atargatis, relacionado con una revuelta de siervos del a?o 134 a.C., y el culto de Dioniso-Baco, que se cre?a implicado en un atentado contra la integridad del estado del a?o 186 a.C., sufri? asimismo fuertes restricciones. Pero fueron sobre todo los cultos greco-egipcios los que tropezaron con la hostilidad de los gobernantes de Roma.

?El senado republicano, por ejemplo, mand? derribar varias veces los altares de estos dioses extranjeros, Augusto prohibi? la celebraci?n de los rituales de Isis en el pomoerium, y Tiberio hizo destruir el santuario de la diosa y arrojar su estatua al T?ber. El estado romano probablemente tem?a que el secretismo de los ceremoniales de las divinidades extranjeras pudiera ocultar peligrosas reivindicaciones de las masas populares, cuya participaci?n en dichas ceremonias era muy elevada. La misma postura se mantuvo frente a la astrolog?a y la magia; la primera porque privaba al individuo de su responsabilidad personal y civil; la segunda porque se presentaba dotada de un poder que escapaba al control del estado y que, por lo tanto, era peligroso; pero adem?s, porque la magia liberaba al hombre de su responsabilidad jur?dica, puesto que la responsabilidad de la acci?n reca?a en el propio hechizo o en el veneno. Por ?ltimo, astrolog?a y magia eran ambas ?sabidur?as extranjeras?, de los caldeos la primera, de los magos persas la segunda, y Roma ve?a en este poder pose?do por el ?otro? un posible principio de desestabilizaci?n del orden c?smico. Sin embargo, el avance hacia Roma de los cultos extranjeros fue imparable y el propio imperio se adapt? a ellos desde finales del siglo I d.C.


Los cultos mist?ricos son un fen?meno peculiar de esta ?poca atormentada y angustiada, en la que los hombres vieron c?mo desaparec?an todas sus seguridades. Los antiguos misterios de las ciudades griegas, que ya no son un culto p?blico del estado, evolucionan en sentido universalista y desarrollan una perspectiva escatol?gica y soteriol?gica, algunas veces ya impl?cita en la forma tradicional del culto, orient?ndose hacia lo ultramundano. El rito inici?tico, a trav?s del cual se sancionaba la admisi?n en el culto y cuyas caracter?sticas esot?ricas exalta, se transforma en un tamiz que alienta las expectativas de los no iniciados, que ven en el secreto, no comunicable al mundo exterior, la posibilidad de un contacto directo con la divinidad, cuyas haza?as m?ticas se reviven en el rito, y la esperanza de conseguir la salvaci?n.

El secreto compartido de los iniciados se convierte as? en un elemento discriminador entre quienes lo poseen y pueden aspirar a un destino ultramundano y quienes est?n excluidos de ?l.
La experiencia mist?rica est? perfectamente descrita en un fragmento de Plutarco:

Al principio uno se siente extraviado, corriendo temeroso de una parte a otra a trav?s de las tinieblas, sin alcanzar meta alguna; despu?s, antes del final, se siente invadido por terrores de todo tipo, pavor, temblor, sudor y angustia. Finalmente, aparece una maravillosa luz y es acogido en lugares puros y en prados. En este espacio ed?nico surgen voces y danzas, solemnes cantos hier?ticos y santas apariciones. Y es en este universo donde uno se vuelve completamente libre y perfecto, sin v?nculos, avanzando con guirnaldas de flores sobre la frente, celebrando los sagrados ritos junto a los hombres santos y puros. En cambio, la masa de los hombres, que no ha sido iniciada ni purificada, se revuelve en el fango y en el polvo, chocando y pisote?ndose, hacinada en un reba?o, atenazada por el miedo y obligada a sufrir los males de la muerte por falta de fe en los bienes del M?s All? (fr. 178 Sandbach).
En este panorama, el culto de Dem?ter y Cor? en Eleusis conserva sus caracter?sticas peculiares, pero al mismo tiempo ampl?a progresivamente su propia autonom?a y acent?a su propio universalismo, impl?cito ya en el Himno hom?rico a Dem?ter, que promet?a un destino privilegiado en el M?s All? ?a todos los hombres que viven sobre la tierra? que hubieran asistido a los sagrados ritos. Fue tanta su importancia que personalidades de la Roma republicana, como Cicer?n y algunos emperadores, fueron iniciados.

Los misterios de Samotracia tuvieron tambi?n un gran desarrollo, primero con los sucesores de Alejandro y despu?s con Roma. Era inevitable que Roma tuviera un inter?s pol?tico en este culto, que estaba situado en una tierra fronteriza entre Oriente y Occidente. Los misterios de Samotracia, dedicados a divinidades como los cabirios o los grandes dioses, interpretados tambi?n como Dioscuros, ofrec?an a trav?s de la celebraci?n de sus ritos una v?a de salvaci?n concreta a todos los que ten?an que enfrentarse con los peligros del mar.

Fuentes Consultadas: Varias fuentes confiables.

Fdo. Cristobal Aguilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 0:07  | Otras Religiones
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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