S?bado, 15 de enero de 2011

LA DIVINIDAD DE LA FIGURA DEL CESAR EN LA ANTIGUA ROMA PAGANA

Otro elemento caracter?stico de esta ?poca es la divinizaci?n de los soberanos. Sin embargo, la primera generaci?n de sucesores de Alejandro, que hab?a proclamado su propia divinidad mediante un edicto, no goz? de una aut?ntica divinizaci?n en el transcurso de su vida.

S?lo ocasionalmente algunas comunidades les tributaron honores divinos, pero aun siendo algo espor?dico demuestra que el sistema religioso tradicional griego, basado en la irreductible distancia entre hombres y dioses, comenzaba a declinar. A pesar de que estaba vinculado al culto heroico tradicional y en continuidad con ?l, con la segunda generaci?n de los di?docos el proceso de divinizaci?n del soberano se institucionaliza, en un claro intento de legitimar el poder real sin romper por ello con la tradici?n.

En Egipto, m?s que en cualquier otro lugar, se produce una progresiva tendencia a rendir culto al rey, en forma de culto din?stico, que se convierte en institucional y estable con Tolomeo IV Filop?tor y que con Tolomeo V Ep?fanes parece remitirse expl?citamente a la costumbre egipcia de reconocer la divinidad del soberano. Bajo la dinast?a de los Tolomeos el culto se rinde al rey muerto y la divinizaci?n del soberano se presenta como un compromiso entre la interpretaci?n griega, que no admit?a la posibilidad de que un hombre se convirtiera en dios y a lo sumo le conced?a una especie de car?cter heroico despu?s de la muerte, y el sistema religioso egipcio, que contemplaba al fara?n como a un dios.

Tampoco la Roma republicana admit?a en un hombre la posibilidad de un destino divino, que estaba reservado exclusivamente a su fundador, R?mulo, tras su muerte. Pero la Roma imperial ya no era la Roma republicana. La ciudad del Lacio dominaba entonces toda la cuenca del Mediterr?neo y ten?a necesidad de legitimar su poder ante sus propios s?bditos.

El primer signo hab?a sido la asimilaci?n de Antonio a Dioniso-Osiris y de Cleopatra a Afrodita-Isis, a la que sigui? la apoteosis de C?sar despu?s de su muerte. Son tan s?lo los primeros pasos de un proceso que llevar? al pr?ncipe de Roma a convertirse en divus, divino, destinatario de un culto, y a Roma a convertirse en la dea Roma, tambi?n con culto propio.

Todo esto aparece mezclado con la idea de aeternitas, la eternidad del imperio y de la propia Roma, que se hab?a ido afirmando en la ?poca de Augusto. Pero lo que se afirmaba en Roma, m?s que el principio din?stico, era la sacralidad y la eternidad del poder de la ciudad.

El proceso de divinizaci?n de los monarcas fue posiblemente una respuesta al modelo sapiencial del th?ios an?r, el hombre divino, sabio, cuyo prototipo era Pit?goras, aunque tal vez sufri? tambi?n la influencia de ese modelo. En cualquier caso, debi? de ser determinante la tradici?n egipcia, que revest?a de sacralidad el poder y lo legitimaba. Sin embargo, la sacralidad y la eternidad del poder no eran una respuesta a la crisis de valores y de creencias en que se hallaba sumida la sociedad de la ?poca.

El poder concreto de los amos de Roma creaba una distancia que no garantizaba la existencia en el mundo y abr?a el camino a huidas hacia el esoterismo de los cultos mist?ricos y de los cultos orientales, hacia el ocultismo y la magia, o bien hacia formas de pensamiento filos?fico-religioso, que en cierto modo promet?an una especie de salvaci?n del presente.

Fdo. Cristobal AGuilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 0:10  | Otras Religiones
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