Martes, 07 de diciembre de 2010

EL COMIENZO DE TODO - FIN Y PRINCIPIO

Jes?s era un jud?o y su mensaje inicial estuvo dirigido a los jud?os. Pero muy pronto, sobre todo despu?s de la acci?n misionera de un jud?o convertido, Pablo, el Evangelio se dirigi? tambi?n a los gentiles y comenz? a difundirse r?pidamente por el mundo mediterr?neo. Inicialmente vinculado con el mundo de la Palestina rural, despu?s de las misiones paulinas el cristianismo se convirti? en un movimiento urbano, que consegu?a sus adeptos en las ciudades helen?sticas del Imperio romano, no s?lo entre los desheredados, sino tambi?n entre las capas sociales intermedias.

Tras la destrucci?n del templo de Jerusal?n en el a?o 70, llevada a cabo por Tito en respuesta a una revuelta jud?a, el cristianismo, que hab?a mantenido su centro en Jerusal?n, se distanci? progresivamente de su origen jud?o y se estructur? en iglesias ordenadas jer?rquicamente, gobernadas por un obispo. El t?rmino ?iglesia? tiene un origen b?blico, que se remite al hebreo qahal, que en el Antiguo Testamento designaba al pueblo de Dios reunido para el culto o para la guerra.

Los primeros cristianos, queriendo subrayar su continuidad, en cuanto nuevo Israel, con el antiguo Israel del que se consideraban los herederos en virtud del nuevo pacto o testamento sellado gracias al sacrificio de la cruz, para denominar a sus propias comunidades recurrieron al t?rmino ekklesia, que en el griego helen?stico designaba la ?asamblea popular?, pero que en el griego b?blico al que hab?a sido traducida la Biblia (la llamada de los Setenta) se hab?a utilizado para traducir precisamente el hebreo qahal (la reuni?n de los hebreos no convertidos al cristianismo fue designada en cambio con el t?rmino griego synagog?, del que procede sinagoga). ?Iglesia? adquiere, pues, el significado de reuni?n, por iniciativa de Dios (y no, a diferencia de las asambleas de las ciudades helen?sticas, por iniciativa de los hombres), de aquellos que profesan la fe cristiana.

Durante todo el siglo n estas iglesias (regidas por un obispo que tiende a asumir, a partir de Asia Menor, poderes mon?rquicos por debajo de los cuales operan ministerios ?presbiterado, diaconado?, que se encargan del cuidado de las almas), tienen un funcionamiento aut?nomo, aunque progresivamente, en el transcurso del siglo m, se ir? afirmando la ?primac?a? de la sede romana. Al difundirse por varias zonas del imperio y adaptarse a los usos y costumbres (y lenguas) locales, el cristianismo adquiere una multiformidad de tradiciones y de posturas, que no experimentar?n un proceso de homogeneizaci?n doctrinal hasta la aparici?n en su propio seno de algunas formas de herej?a. Progresivamente se ir? estableciendo un canon de las escrituras cada vez m?s uniforme, un credo com?n y liturgias que giran en torno al bautismo y a la eucarist?a.

El per?odo que va hasta el Concilio de Nicea (325) se caracteriz? por la intensidad de las controversias teol?gicas, centradas en torno al problema de las relaciones entre el ?nico Dios, Se?or y Creador, y el Hijo (la cuesti?n del Esp?ritu Santo no se Plantear? hasta el siglo IV). La especial naturaleza del fundador, considerado por sus seguidores hombre y dios a la vez, muy pronto dio lugar a reflexiones sistem?ticas sobre sus relaciones como Hijo de Dios con el Padre, a fin de salvaguardar tanto la unicidad de Dios como la existencia de un Padre y de un Hijo. El punto final a esta reflexi?n lo pone el Concilio de Nicea (325), convocado para combatir el arrianismo, un movimiento que para defender el monote?smo sosten?a que el Hijo no era de la sustancia del Padre, y convert?a a Cristo en una criatura excelsa, pero, precisamente en cuanto criatura, un ser subordinado al Padre (subordinacionismo): el concilio ratific? la consustancialidad y, por tanto, la plena divinidad del Hijo.

En cuanto a las relaciones con el Imperio romano, el cristianismo ?separado ya del juda?smo, que era un religi?n tolerada en el seno del imperio? entr? en conflicto con el poder romano, puesto que su fe monote?sta le imped?a reconocer la presunta naturaleza divina de los emperadores. De modo que fue v?ctima de una serie de persecuciones, que b?sicamente comienzan a mediados del siglo m y culminan en la gran persecuci?n desencadenada por Diocleciano (303-304). Las cosas cambiaron con la llegada al poder de Constantino, que reconoci? al cristianismo como religio licita (Edicto de Mil?n del a?o 313), otorg?ndole de hecho primac?a frente al paganismo tradicional, que hab?a sido la religi?n oficial de los emperadores anteriores.

Esta decisi?n tendr? consecuencias hist?ricas de gran trascendencia, porque a partir de entonces la iglesia, gracias adem?s a la cesi?n de posesiones por parte de Constantino, inicia la ?poca de su poder temporal, ejerciendo a la vez directa o indirectamente el poder pol?tico. Finalmente, gracias a los distintos edictos promulgados por Teodosio entre los a?os 380 y 392, el cristianismo se convertir? en la religi?n oficial del imperio, sustituyendo al paganismo oficial.

Fuentes Consultadas: Varias Fuentes Fiables.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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