Domingo, 28 de noviembre de 2010

LA RELIGIOSIDAD CAT?LICA DE FRANCIA

Desde la conversi?n de Enrique IV Francia hab?a recuperado el puesto de naci?n adelantada de la Iglesia, que ya hab?a ocupado en la Edad Media. Es de notar, sin embargo, que entre los reyes que gobernaron en Francia durante la ?poca del llamado absolutismo, no hubo ning?n san Luis ni ning?n Felipe II. La vida religiosa de la naci?n era intensa, pero lo era a despecho del ejemplo de los soberanos. Luis XIII (1610-1643), hijo de Enrique IV, fue un buen rey, pero insignificante y de escasa iniciativa.

Su hijo Luis XIV, con cuyo largo reinado (1643-1715) coincide la edad de oro de la Iglesia francesa, fue sin duda uno de los m?s poderosos soberanos de la historia universal, pero dist? mucho de realizar el ideal de monarca cristiano, no s?lo por su alianza con los turcos contra el emperador y su desconsiderada conducta con los papas, sobre todo con Inocencio XI, sino a?n m?s por su inmoral vida privada.

Su biznieto y sucesor Luis XV (1715?1774) era no s?lo inmoral sino incapaz. Tampoco los ministros, que en la ?poca del absolutismo a menudo contaban m?s que el rey, siguieron siempre una pol?tica favorable para la Iglesia.

Uno de los m?s curiosos fen?menos de este tiempo es el de los ministros de Estado revestidos de la p?rpura cardenalicia. La pr?ctica no es exclusiva de Francia; as? hubo el cardenal Klesl, canciller del emperador Mat?as hasta su desgracia en 1618, el cardenal Nidhard (? 1681) ministro de Felipe IV de Espa?a, el cardenal Alberoni valido de Felipe V desde 1714 hasta su desgracia en 1719.

En Francia los m?s famosos son el cardenal Richelieu, due?o absoluto de la pol?tica bajo el reinado de Luis XIII desde 1624 hasta su muerte en 1642, y su sucesor, el cardenal Mazarino, un italiano que durante la minoridad de Luis XIV ejerci? la regencia hasta 1661. Incluso durante Luis XV ocuparon temporalmente una situaci?n an?loga los cardenales Fleury (? 1743) y Bernis (ministro del exterior en 1757, embajador en Roma en 1769).

Escaso fue el provecho que por lo com?n aportaron a la Iglesia estos estadistas purpurados. M?s beneficiosos resultaron los confesores de la corte, otro de los fen?menos caracter?sticos del tiempo. Por lo com?n eran jesuitas o miembros de otras ?rdenes, que en su dif?cil situaci?n pudieron hacer mucho bien o al menos evitar muchos males. Los m?s conocidos son Guillermo Lamormaini, confesor de 1624 a 1637 del emperador Fernando II, y Francisco Lachaise, al que desde 1675 incumbi? la espinosa misi?n de dirigir la conciencia de Luis XIV.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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