Viernes, 26 de noviembre de 2010

ENRIQUE IV Y LA IGLESIA EN EL BARROCO

La decisi?n la trajeron las armas en la guerra de ?los tres Enriques?: el rey Enrique III, Enrique de Navarra y Enrique de Guisa. En 1588 el rey hizo asesinar a Enrique de Guisa, para ser ?l a su vez asesinado un a?o despu?s. El trono qued? vacante. Puesto que no quedaba con vida ning?n otro Guisa, la liga pens? en hacer rey al anciano cardenal de Borb?n, hermano de Antonio de Navarra. Pero ?ste estaba ya preso y en poder de Enrique de Navarra, y muri? en 1590.

Todo el mundo comprendi? que no hab?a m?s remedio que hacer rey al navarro, tanto por su condici?n de Borb?n como por ser esposo de la ?ltima Valois. Y por su parte Enrique comprendi? que, si quer?a ser rey de veras, ten?a que hacerse cat?lico. ?Par?s bien vale una misa?, dijo, seg?n la leyenda. En 1593 volvi? a convertirse al catolicismo, ?en el fuero de la conciencia?, como dice el derecho can?nico; la reconciliaci?n definitiva depend?a del papa. Enrique IV envi? legados a Roma para solicitar el levantamiento de las censuras eclesi?sticas que sobre ?l pesaban.

Dada la escrupulosa conciencia de Clemente VIII, se comprende que ?ste vacilase. Como pol?tico no pod?a menos que saludar con alborozo el regreso de Enrique al seno de la Iglesia, pero al mismo tiempo era natural que desconfiara de un hombre que ya hab?a cambiado de religi?n dos veces.

En su calidad de sacerdote no pod?a rechazar la solicitud de entrar en la Iglesia, siempre que se dieran las garant?as necesarias. Enrique IV prest? estas garant?as por intermedio de su embajador Duperron, el futuro cardenal, que, converso ?l mismo y sacerdote, hab?a tomado a su cargo la instrucci?n de Enrique IV en la fe cat?lica. As? se lleg? en 1595 a la memorable absoluci?n de Enrique IV por el papa, gracias a la cual Francia volvi? a ser la gran potencia cat?lica que hab?a sido.

En lo sucesivo, Enrique IV justific? la confianza que en ?l hab?a depositado el papa. S?lo un fan?tico puede echarle en cara su preocupaci?n de restablecer ante todo la paz interior en su pa?s, devastado por tantos a?os de guerra civil, y que para ello fuera tolerante con los hugonotes, a los que concedi? importantes privilegios en el edicto de Nantes de 1598.

Por su parte, aunque su vida privada dejara algo que desear, se mantuvo fiel al catolicismo, y bajo su gobierno se inici? aquel espl?ndido florecimiento de la Iglesia francesa que permiti? a Francia representar durante el siglo XVII el papel de conductora de las naciones cat?licas, que Espa?a hab?a desempe?ado durante el siglo XVI.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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