lunes, 22 de noviembre de 2010

INGLATERRA Y SU SEPARACIÓN DE LA IGLESIA

En 1534 Inglaterra se había separado de la Iglesia por el Acta de supremacía, sin introducir por el momento doctrinas propiamente heréticas. Enrique VIII se contentó con suprimir todos los conventos y canonicatos, en número de unos novecientos cincuenta, confiscando sus bienes.

Numerosas y pintorescas ruinas de edificios religiosos dan todavía testimonio de este hecho en Inglaterra. El proceso de acercamiento al protestantismo se inició bajo el reinado de Eduardo VI, hijo menor de edad del tercer matrimonio (1547-1553) de Enrique VIII. En 1549 se introdujo un nuevo ritual para el servicio divino, el Book of Common Prayer (Libro de la oración común), y en 1552 se adoptó un nuevo credo de tipo calvinista.

Tras la prematura muerte de Eduardo, subió al trono, de acuerdo con la ley de sucesión inglesa, María, hija del primer matrimonio de Enrique VIII, que se había conservado católica. Contra el consejo de su pariente, el tolerante cardenal Pole, procedió con rigor a la recatolización del país.

Hizo dictar y ejecutar doscientas ochenta sentencias de muerte, lo que le ha valido de sus compatriotas el apelativo de «la sanguinaria» (Bloody Mary), que por lo demás había también merecido su padre Enrique VIII y había de merecer su sucesora Isabel I. Fue también ejecutado Tomás Cranmer, el que pronunció el divorcio entre Enrique y la madre de María. Pero lo que más antipatías le valió, fue su matrimonio con su primo Felipe II de España, que el cardenal Pole intentó evitar en vano. Por lo demás, los cinco años que duró su gobierno fueron un tiempo demasiado breve para afianzar el catolicismo en el país, y así se explica que tras su muerte se produjera una fuerte reacción hacia el protestantismo.

Su sucesora fue su hermanastra Isabel. Los católicos intransigentes discutían el derecho de Isabel, ya que era hija de un matrimonio inválido, el de Enrique VIII con Ana Bolena, y consideraban como legítima heredera a la reina de Escocia, María, de la casa de los Estuardos, nieta de la hermana de Enrique VIII, Margarita. Ya esta circunstancia contribuía a inclinar a Isabel del lado de los protestantes, los cuales reconocían el matrimonio de su madre y, por consiguiente, su propio derecho al trono; y así, aunque Isabel en tiempos de su antecesora había hecho pública profesión de cato­licismo, una vez reina consumó la definitiva introducción del pro­testantismo en Inglaterra bajo la forma del anglicanismo, para lo cual acudió también a procedimientos muy duros.

Bajo su gobierno fueron ejecutados por su fe ciento veinticuatro sacerdotes y sesenta y un seglares. Los dieciséis obispos católicos fueron depuestos. Con todo, se conservó en pie la organización episcopal, y el arzobispo de Canterbury, Matías Parker, consagró obispos anglicanos.

Fdo. Cristobal Aguilar


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti