Lunes, 15 de noviembre de 2010

LOS RITOS FUNERARIOS EN LA IGLESIA Y EN OTRAS RELIGIONES

Teniendo en cuenta las etapas sucesivas del ?tr?nsito?, se distinguen globalmente dos clases de ritos funerarios: los que se dirigen primero a mantener la uni?n del muerto y los vivos (aseo funerario, presentaci?n del cuerpo, elogios f?nebres, velatorios, etc.), y los que a continuaci?n realizan la separaci?n de los unos y los otros (inhumaci?n, cremaci?n, inmersi?n, exposici?n a las aves, etc.). Siguen a estos ritos los ritos de recuerdo (estelas, visitas a cementerios, fiestas de aniversario, o fiesta de los muertos en M?jico o en otros lugares, reliquias, etc.). ?stos ?ltimos adoptan en algunas religiones la forma de culto a los ancestros (China, Jap?n).
Todos estos ritos est?n cargados de un denso simbolismo y exigen una interpretaci?n acorde con la cultura y religi?n en las que tienen lugar.


Para aclarar este simbolismo, tomamos, a t?tulo de ejemplo en religiones diversas, algunos ritos significativos: el lavado mortuorio y la presentaci?n del muerto.
?A qu? viene este lavado funerario que en las religiones es pr?cticamente una constante? No se hace s?lo por higiene. Se realiza con el fin de preparar al difunto para entrar en estado de pureza -el agua purifica en otro sitio donde ?l va a volver a vivir -el agua regenera-. Por esta raz?n, el Cor?n define el ceremonial de este ?ltimo lavado, y en el ritual hebreo se vierten sobre el cuerpo nueve medidas de agua templada, despu?s del lavado, mientras que en algunas etnias africanas, estos lavados se ejecutan en sentido inverso al de los lavados que se les hacen a los reci?n nacidos. El difunto va a tener otro nacimiento.
En cuanto a la presentaci?n del muerto, tambi?n ?sta es simb?licamente significativa. Si el muerto se deposita en el suelo, se est? dando a entender que est? llamado a volver al estado de donde sali?: el polvo.

Si a algunos maestros de la escuela budista china Chan los colocaban sentados en postura de meditaci?n, lo hac?an porque esa postura favorec?a el acceso al Nirvana. Si en Egipto los difuntos eran momificados, lo eran para mantener la integridad de un cuerpo sobre el que se pod?an practicar ritos de reanimaci?n aptos para devolverle al muerto su capacidad de movimiento antes de emprender su largo viaje...

Por otra parte, los objetos dejados junto al cad?ver evocan su vida terrestre -la azada del dog?n confirma que su trabajo en este mundo ha terminado- y est?n destinados a ayudarle en su tr?nsito. Al cristiano se le coloca entre los dedos un rosario, y a veces una Biblia (protestantismo). El griego met?a en la boca del muerto una moneda para que la entregara a Caronte, el barquero de los Infiernos. El libro de los vivos y los muertos tibetano puesto junto al difunto le sirve a ?ste de gu?a, etc.

Los vivos, por consiguiente, manifiestan con respecto al muerto una notable solicitud ritual, pero al mismo tiempo lo temen y procuran mantenerlo a distancia porque la muerte, contagiosa corrupci?n, pone en peligro la vida.
Es necesario que haya separaci?n. ?sta se hace efectiva mediante el alejamiento definitivo del cad?ver inhumado, incinerado, momificado o sumergido. Tienen lugar, por tanto, ritos espec?ficos en cada religi?n acordes con el pensamiento metaf?sico que los concibe: la inhumaci?n devuelve a la tierra a quien la abandon? (Gn. 3, 19), la cremaci?n le restaura por el fuego al muerto su caracter?stica espiritual antes de que retorne o no...
La comunidad se reconcilia frecuentemente durante el ?banquete funerario? que sigue: rito compensatorio donde la comida, ?fruto de la fecundidad de la tierra?17, refiere a la regeneraci?n peri?dica y, consecuentemente, a la inmortalidad.
En pocas palabras, todo rito, por extra?o o trivial que sea, contiene un sentido profundo. Como expresi?n de lo indecible, pone de manifiesto el ?esp?ritu? de cada religi?n, haciendo coexistir, por un tiempo, la vida, la muerte y lo divino. Porque la muerte, ruptura radical, es irrupci?n de ese mysterium tremens etfascinans del que habla Rudolf Otto, ese misterio terrible y fascinante de lo numinoso, de lo divino.
??D?nde queda, oh muerte, tu victoria? ?D?nde queda, oh muerte, tu aguij?n??, pregunta San Pablo.
En cuanto realidad biol?gica, la muerte no puede ser vencida, pero, en cuanto ?sol negro? que sumerge a la vida en las tinieblas del sinsentido, del absurdo, s? puede serlo. Y las religiones son las que obtienen esa victoria. Ellas, en efecto, son las que, despertando la esperanza en un m?s all?, hacen de la vida no una traves?a err?tica, sino una peregrinaci?n. El creyente marcha hacia otro lugar de plenitud, y la interrupci?n tr?gica que es la meta de su camino, la muerte, es integrada en su existencia. Ella es la que lo anima y le indica la direcci?n.
Lo que es aguij?n, se convierte en bord?n de peregrino.
M?s a?n, aunque las propuestas escatol?gicas y rituales de las religiones presentan una diversidad que puede parecer desconcertante, no obstante, al interior de esa diversidad se infiere una semejanza intencional, o sea que en cualquiera de las religiones siempre se advierte resistencia a dar por cierta la aniquilaci?n definitiva.
En este punto esencial, las religiones convergen.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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