Domingo, 14 de noviembre de 2010

EL CIELO NUESTRA VERDADERA PATRIA

?C?mo hablar del cielo, si el cielo es Dios, y Dios nos sobrepasa en su infinito misterio? La posesi?n de Dios, en la visi?n beat?fica, har? la felicidad de los bienaventurados. Si san Pablo, que fue arrebatado al tercer cielo (2Cor 12,2), nos dijo que ?ni ojo vio, ni o?do oy?, ni pensamiento humano puede imaginar lo que Dios ha preparado para los que le aman? (1Cor 2,9), ?qu? podr? decir yo en mis oscuridades respecto al cielo, que consiste en la visi?n de Dios?

El Apocalipsis nos habla de la nueva Jerusal?n que descend?a del cielo... radiante con la gloria de Dios. No habr? noche, ni tendr? necesidad de l?mpara, ni de luz de sol, porque el Se?or Dios la alumbrar?, y reinar? por los siglos de los siglos... (Ap 21,10ss).

La re y la caridad desarrollan en el interior del creyente una tendencia poderosa hacia la felicidad de la vida eterna del cielo. Y esto se expresa en la insatisfacci?n que le producen las cosas de la vida terrena, o en la ardiente y secreta aspiraci?n hacia una vida eterna llena de felicidad. San Agust?n lo dice en frase lapidaria: ?Nos hiciste, Se?or, para ti, y est? inquieto nuestro coraz?n hasta que no descanse en ti?. El deseo del cielo aparece intens?simo en san Pablo (Rom 8,19.23-26); nos invita a aspirar a las cosas del cielo, no a las de la tierra (cf FIp 1,2-3).

El deseo del cielo se da habitualmente en las figuras se?eras de la espiritualidad. Hubo un tiempo en que en la Iglesia se hac?a ?el ejercicio de la buena muerte?. Los benedictinos hac?an el ?ejercicio de Jerusal?n (el cielo)? como recuerdo y renovaci?n permanente de la esperanza del cielo.

Y en los grandes m?sticos, como san Juan de la Cruz o santa Teresa de Jes?s, es frecuente este deseo intenso del cielo: ?Vivo sin vivir en m?/ y tan alta vida espero/ que muero porque no muero?. San Ignacio de Loyola dec?a: ??Qu? rea me parece la tierra cuando miro al cielo!?.

Las dotes de los bienaventurados del cielo, seg?n la teolog?a, son: claridad, agilidad, sutileza e impasibilidad, que expresan una vida alt?sima.

Mientras vivimos aqu? somos desterrados y peregrinos con una ardiente nostalgia de la patria del cielo.

Fdo.? Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti