mi?rcoles, 03 de noviembre de 2010

LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN AUSTRALIA Y  SU TRABAJO

En Australia, el último de los continentes descubiertos y ocupados, la historia eclesiástica empieza en 1787. Aquel año llegó a Botany Bay, donde más tarde había de levantarse Sydney, el primer transporte de penados procedente de Inglaterra. Entre los deportados, cuyo número fue aumentando en sucesivas expediciones, se hallaban también presos políticos, y entre ellos irlandeses católicos.

En el año 1817 un cisterciense irlandés obtuvo permiso del gobierno para trasladarse a Australia para prestar asistencia espiritual a aquellos desdichados, pero el gobernador de la colonia no le dejó desembarcar. Hasta 1821 no pudieron pisar suelo australiano dos sacerdotes, los cuales se encontraron con un grupo de dos mil católicos.

Eclesiásticamente Australia pertenecía entonces al vicariato apostólico de la isla Mauricio. Habiéndose revocado en Inglaterra la legislación anticatólica en el año 1829, el sacerdote inglés Ullathorne, enviado a Australia en 1832 en calidad de Vicario general, pudo proceder a organizar la labor pastoral. Se encontró con veinte mil católicos, los cuales, empero, sólo disponían de una iglesia, dos capillas y cuatro sacerdotes, uno de los cuales residía en Tasmania.

El primer vicario apostólico de Australia fue el benedictino John Polding, nombrado en 1834. En 1842 se creó el arzobispado de Sydney y el obispado de Hobart, en Tasmania. Pronto siguió el establecimiento de otras diócesis: en 1843 Adelaida, en 1845 Perth, en 1847 Melbourne. Hoy existen en Australia cinco archidiócesis con dieciocho sufragáneas, más un vicariato apostólico y una abadía nullius. El número de católicos se ha elevado a un millón setecientos cincuenta mil, casi el quinto de la población total.

Australia es un país poblado por blancos. Los indígenas, para los cuales se han creado misiones, cuentan sólo algunos millares. Los católicos (de los 13,6 millones de habitantes son católicos 3,6 millones, un 26,4 %) gozan de gran prestigio: disponen de sus propias escuelas y colegios, y muchas órdenes religiosas han organizado su provincia australiana.

El futuro dirá si a la larga podrá mantenerse su artificial estado de aislamiento y las barreras que ha puesto a la inmigración asiática. En todo caso, la situación de la Iglesia es allí lo bastante sólida para que necesite mirar con aprensión las posibles crisis exteriores. Hay que reconocer, sin embargo, que con ser muy satisfactoria la situación de la Iglesia en Australia, será difícil que este país llegue nunca a desempeñar un papel importante dentro de la Catolicidad: el continente australiano está demasiado remoto y, sobre todo, demasiado vuelto de espaldas al resto del mundo. Lo mismo puede decirse, y con mayor razón todavía de Nueva Zelanda: con una archidiócesis y tres diócesis, la iglesia de Nueva Zelanda cuenta con 446000 católicos, el 14,2 % de la población.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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