LAS PARABOLAS DE JESÚS - LA PERLA PRECIOSA
El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo; si un nombre lo encuentra, lo vuelve a esconder y, por la alegría que le da, va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquel.
También se parece el reino de los cielos a un mercader que anda buscando perlas finas; al encontrar una perla de gran valor va a vender todo lo que tiene y la compra» (Mt 13,44-46).
Contiene una misma enseñanza o mensaje en dos parábolas similares: un tesoro escondido y el hallazgo de una perla de gran valor. El recurso de la doble parábola es un recurso literario peculiar de san Mateo y frecuente en los evangelios.
El tesoro y la perla es Cristo mismo. Es la vida del Verbo encarnado como un tesoro en el seno de María; el que lo encuentra ha de nacer girar toda su vida (lo que uno es y lo que tiene) alrededor de él. Pero este tesoro lo llevamos en vasijas de b arro, dice san Pablo.
San Antonio abad entró en una iglesia y oyó las palabras del evangelio: «Si quieres ser perfecto, vete a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo» (Mt 19,21). Se había encontrado con el único tesoro: Cristo. Seguidamente entregó todos sus bienes a los pobres, reservan-do sólo una parte pequeña para su hermana, y se retiró a la soledad del desierto, viviendo en él un profundo ascetismo y una altísima contemplación.
Igual invitación recibió el joven rico del evangelio: «Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo... Se fue triste porque era muy rico. No reconoció, ni se quedó con el tesoro que le o í recia Cristo.
Si antes tu dios era la soberbia y el mandar, tu tesoro será ser humilde.
Si antes eras violento, tu tesoro será ser manso y dulce.
Si antes centrabas tu vida en ti mismo, ahora tu centro es Dios y los pobres.
Si antes el sexo, el alcohol, la droga... te tenían dominado y eran el todo en tu vida, ahora tu todo y tu tesoro es vivir como Cristo te enseña.
Para conservar este tesoro hay que nacer la transformación radical de la vida, según aquello de san Pablo: «Ya no vivo yo, vive en mí Cristo» (Gál 2,20).
Juan Pablo II decía a los jóvenes en Denver (EE.UU.): «Id sin miedo al mundo, porque tenéis un gran tesoro que ofrecer: Cristo».
Fdo. Cristobal Aguilar.
