Jueves, 28 de octubre de 2010

LA IGLESIA EN JAP?N Y SU MISI?N

La historia de la evangelizaci?n del Jap?n fue durante largo tiempo una sucesi?n de decepciones. San Francisco Javier, viniendo de Goa y Malaca, desembarc? en 1549 en el Jap?n, recorri? una gran parte del imperio insular y explor? las posibilidades que el pa?s ofrec?a para la obra misional. Cuando en 1551 regres? a Goa, dej? all? a su hermano en la orden, Torres. No tardaron en llegar otros misioneros jesuitas, y el n?mero de cristianos ascendi? verticalmente. En 1571 hab?a treinta mil, y treinta a?os despu?s setecientos cincuenta mil. Eran frecuentes las conversiones entre los nobles y los pr?ncipes.

El superior de los jesuitas, Valignani, era un organizador de primer rango y al propio tiempo un decidido enemigo del europe?smo en la pr?ctica de las misiones. En 1582 una embajada de cuatro pr?ncipes cristianos se traslad? a Europa, fueron honorablemente recibidos por el papa y a su regreso en 1590 informaron sobre la grandeza de la Iglesia y el esplendor de los pa?ses occidentales.

Sin embargo, hubo que aguardar hasta 1596 a que llegara al Jap?n el primer obispo. ?ste consagr? en 1601 a los primeros sacerdotes japoneses, dos jesuitas y un cl?rigo secular. Hoy nos es dif?cil comprender el descuido en que en aquella ?poca, y aun m?s tarde, se ten?a al clero ind?gena; pero no se debi? s?lo a una ?negligencia que nada alcanza a justificar del todo? por parte de los jesuitas, como escribe un moderno historiador de las misiones. En todo caso, no fue esto lo que trajo la cat?strofe, sino la violencia ejercida por el gobierno. Desde 1592 llegaron tambi?n al Jap?n misioneros de otras ?rdenes, sobre todo espa?oles de las Filipinas.

Ya en 1587 el shog?n Taikosama, como lo llaman los misioneros, public? el primer decreto de persecuci?n. M?s tarde adopt? una actitud m?s ben?vola, pero en 1597 hizo ajusticiar a seis franciscanos, tres jesuitas y diecisiete cristianos. Son los famosos m?rtires de Nagasaki, que P?o IX canoniz? en 1862. La persecuci?n arreci? bajo el sucesor de Taikosama, Daifusama. Holandeses e ingleses le azuzaban contra los portugueses y los espa?oles y, por tanto, contra los cat?licos. A partir de 1612 se sucedieron los decretos, seguidos todos de nuevos martirios. En el a?o 1625 el n?mero de cristianos en el Jap?n se calculaba todav?a en seiscientos mil, pero hab?a desaparecido toda posibilidad de introducir m?s sacerdotes. Fueron in?tiles todos los intentos hechos por los dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas.

Los intrusos eran las m?s de las veces descubiertos y degollados. Los ?ltimos jesuitas desembarcaron en 1643. En el siglo XVIII el sacerdote Sidotti, que hab?a ido a la China con el delegado Tournon, alcanz? la costa japonesa, pero tambi?n ?l muri? en la prisi?n en 1715. Tres jesuitas que en 1749 partieron para aquel pa?s, desaparecieron sin dejar rastro. En 1858 consigui? finalmente Napole?n III que los pocos franceses que resid?an en el Jap?n pudieran ejercer su culto, pero aun entonces qued? prohibida toda actividad misional.

El vicario apost?lico Petitjean descubri? en 1865 restos de antiguos cristianos japoneses, que al entrar en contacto con ?l se cercioraron cautelosamente de si reconoc?a al papa, observaba el celibato y practicaba el culto a la Virgen. Estos cristianos segu?an bautiz?ndose, pero con una f?rmula de bautismo inv?lida, y cuanto pudo hacer el vicario fue reconducir una parte de ellos a la Iglesia cat?lica; all? hab?a, sin embargo, un peque?o n?cleo que con el tiempo pod?a dar lugar a una comunidad en forma. El gobierno decret? la tolerancia religiosa en 1875, y entonces empez? un lento incremento de los grupos cristianos, que de veinte mil que eran en 1879 pasaron a cincuenta y cuatro mil en 1898.

Sin embargo, desde 1932 se experiment? como urgente la necesidad de poner en manos japonesas la direcci?n de su joven Iglesia. Ya en 1927 fue ordenado el primer obispo japon?s (Januarius Hayasaka). En 1936 la Igle?sia dej? de oponerse a la participaci?n de los creyentes en los ?ritos? o costumbres sociales del pa?s que antes les estaban prohibidos. Esto signific? un gran paso, pero no por ello la Iglesia dej? de formar parte de la presencia extranjera en un pa?s que, por aquella ?poca, mostraba un nacionalismo vehemente. La ?Ley sobre las corporaciones religiosas? de 25 de marzo de 1939 no reconoc?a a ning?n extranjero como presidente de una comunidad nacional. Esto oblig? a Roma a una r?pida transferencia de la direcci?n de la Iglesia a manos de prelados japoneses, quienes elaboraron las ?constituciones de la Iglesia japonesa? y consiguieron en 1941 la aprobaci?n del Estado.

Tras la segunda guerra mundial se produce un notable cambio. El sinto?smo es declarado oficialmente m?tico y pasa a ser religi?n privada. El nacionalismo anterior pierde su agresividad. Las perspectivas misioneras aumentan al encontrar menos dificultades para la erecci?n de escuelas, hospitales, universidades, etc. Pero las estad?sticas no son muy brillantes. En 1974, de 105,9 millones de habitantes s?lo 363000 eran cat?licos y en 1977, de 113 millones, el n?mero de cat?licos hab?a llegado soto a 392000. De todos modos es alentador el n?mero creciente de clero ind?gena, as? como de religiosos y religiosas. La inculturaci?n ha llevado consigo un movimiento de simpat?a hacia la Iglesia, que tiene cierto influjo moral en la sociedad y se mantiene en di?logo con las corrientes culturales de aquel pa?s.

Sin embargo, en conjunto, el Jap?n es una de las tierras misionalmente m?s dif?ciles. La industrializaci?n del Jap?n, empezada ya hace a?os y que hoy ha llegado a su plenitud, ha destruido casi por completo las viejas convicciones religiosas arraigadas antes en el pueblo, por m?s que pervivan todav?a las huecas envolturas de las formas tradicionales del culto. Por consiguiente, la misi?n no se encuentra ya ante personas poseedoras de ideas religiosas con las que pueda establecerse un enlace, sino ante la poblaci?n atea de un moderno estado industrial, situaci?n que no tardar? en producirse tambi?n en otras tierras de misi?n y que no podr? menos que dificultar de un modo decisivo la labor misionera.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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