Lunes, 25 de octubre de 2010

LA IGLESIA EN LA CHINA ACTUAL

Tampoco China es, medida a la escala europea, un pa?s, sino un continente; s?lo que, a diferencia de la India, ha constituido ya de antiguo una unidad nacional y pol?tica. En tiempo de los navegantes espa?oles y portugueses, China era un mundo cerrado, un reino de f?bula, de la que o?an hablar en todas partes, m?s poderoso y civilizado que el Jap?n, pero cuyo acceso les estaba vedado. San Francisco Javier se hab?a dado cuenta de que China constitu?a la posici?n clave para la evangelizaci?n del Extremo Oriente entero; pero muri? ante la puerta del inmenso pa?s, sin haber podido pisar su suelo.

Cinco a?os despu?s de la muerte de Javier (1557) consiguieron los portugueses sentar pie en la isla de Macao. Macao est? cerca del lugar donde hab?a muerto Javier, a la entrada de Cant?n, capital de la China meridional. La situaci?n estaba bien elegida. Macao pronto pudo rivalizar con Goa. Hoy su importancia ha pasado a la vecina Hong-Kong, que los ingleses ocuparon en el siglo XIX.

Desde Macao y desde las islas Filipinas, los franciscanos, agustinos y dominicos hicieron frecuentes y siempre vanos intentos para penetrar en China, que estaba cerrada a todos los extranjeros. Los primeros que lo consiguieron, en 1583, fueron dos jesuitas italianos, Ruggieri y Ricci. Ricci se presentaba como un sabio chino, aunque sin intenci?n de enga?ar, tal como hab?a hecho en la India su correligionario Nobili. Hablaba y escrib?a el chino cl?sico, y con sus conocimientos de matem?ticas, astronom?a y geograf?a supo hacerse tan ?til al gobierno, que ?ste no le puso obst?culos a que predicara el cristianismo.

En 1601 se estableci? definitivamente en Pek?n, donde muri? en 1610. Para proseguir la obra de Ricci, los jesuitas enviaron de Europa misioneros especialmente preparados en el aspecto cient?fico y t?cnico. El P. Adam Schall de Colonia, que ocupaba el puesto de Ricci desde 1631, pudo mantenerse en ?l cuando en 1644 los manch?es conquistaron Pek?n y derribaron la antigua dinast?a. Schall era mandar?n de primera clase. Los jesuitas abrigaban la esperanza de poder servirse d? su influencia sobre el emperador para implantar el cristianismo en todo el pa?s. Y aunque esta esperanza de encontrar un nuevo Constantino result? vana, con todo y a pesar de diversas persecuciones, en el a?o 1650 se contaban en la China ciento cincuenta mil cristianos.

En el siglo XVII entraron tambi?n en China misioneros de otras ?rdenes: los dominicos desde 1632, los franciscanos desde 1633, y m?s tarde los agustinos y sacerdotes del seminario de Par?s. Algunos de estos misioneros creyeron que los jesuitas iban demasiado lejos en la tolerancia de ciertos usos chinos, como las ceremonias en honor de los antepasados y de Confucio, y as? fue como se plante? con el tiempo la desdichada cuesti?n de los ritos chinos, que tantos perjuicios caus? a esta primera labor de penetraci?n. No se trataba s?lo de una rivalidad entre las ?rdenes; los problemas eran realmente espinosos, y las opiniones andaban divididas dentro de las propias ?rdenes, los jesuitas incluso. Pero en Europa, al exacerbarse la campa?a contra la Compa??a de Jes?s, se hinch? desmedidamente el conflicto, y se tom? pie de ?l para acusar a los jesuitas no s?lo de laxismo moral, y de ambicionar riquezas y poder, sino tambi?n de idolatr?a y desobediencia al papa.

La primera condena de la t?ctica jesu?tica de acomodaci?n la dict? Inocencio X en 1645. Los jesuitas dieron explicaciones y consiguieron una cierta suavizaci?n de la condena. El delegado apost?lico Tournon, que ya en la India se hab?a pronunciado contra la acomodaci?n, pas? en 1707 a China y volvi? a hablar en t?rminos muy duros contra las pr?cticas jesu?ticas. El delegado siguiente, Mezzabarba, hizo en 1720 algunas concesiones, que Roma no aprob?. Finalmente, Benedicto XIV pronunci? en 1744 la condena definitiva. Es, de todos modos, exagerada la afirmaci?n hecha por algunos historiadores modernos de que el decreto papal asest? el ?golpe de muerte? a la misi?n en China. En el a?o 1726 hab?a en China trescientos mil cristianos, y este n?mero se mantuvo, a pesar de las muchas persecuciones sufridas, hasta el siglo XIX. Mucho m?s que todos los decretos sobre los ritos, lo que realmente perjudic? a la misi?n en China fue la extinci?n de la Compa??a de Jes?s.

El ?nico obispado de China fue, al principio, Macao (desde 1575). La Congregaci?n de Propaganda cre? en 1659 dos vicariatos apost?licos en Tonk?n y en Conchinchina, a las que fueron adscritas varias provincias chinas, y luego en 1680 un vicariato apost?lico en Fukien para toda la China meridional. Esto suscit? rozamientos con el patronato portugu?s, y en 1690 el papa, para contentar a Portugal, estableci? las di?cesis de Pek?n y Nank?n, que fueron puestas bajo el arzobispo de Goa.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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