domingo, 24 de octubre de 2010

LAS PARÁBOLAS DE JESÚS V - EL BUEN SAMARITANO

En el evangelio y en todo el Nuevo Testamento el amor al prójimo no tiene su fundamento en razones humanísticas, sino en el amor con que Dios nos ha amado y nos sigue amando gratuitamente. Este amor gratuito de Dios nos urge y nos inclina a una relación similar entre los nombres, como dice san Juan: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado».

No debemos olvidar que el nombre se realiza como persona y como cristiano en la libre disposición de sí mismo en orden a una plena donación al prójimo por amor a Dios. Este amor cristiano hay que situarlo más allá de toda filantropía.

El amor cristiano no es ese impulso o tendencia natural hacia el otro, el efecto que surge espontáneo, la simpatía natural, el tirón de la sangre o del grupo. Eso l o da la naturaleza.

El amor cristiano es el ágape. La caridad y el amor cristiano no incluye necesariamente la atracción puramente afectiva y carnal. Santa Teresa del Niño Jesús nos dice que por amor a Jesús amó y sirvió a una hermana religiosa que le causaba gran repugnancia. Su servicio lo h izo con tal caridad que aquella religiosa pensó que nadie en el convento la había querido tanto como Teresa.

El amor cristiano es universal e incondicional.

El doctor de la ley hizo dos preguntas a Jesús:

¿Qué be de hacer para heredar la vidas eterna? «Amarás a Dios con todo el corazón... y al prójimo como a ti mismo», es la respuesta.

¿Y quién es mi prójimo? Jesús le responde con la parábola del buen samaritano, y le pregunta: ¿Quién se portó como prójimo...? Jesús le añadió: «Pues vete y haz tú lo mismo».

Un grado de amor al prójimo es amarle «como a ti mismo».

Todo hombre sabe qué significa amar «como a ti mismo» cuando en la pasión egoísta, en la fría reflexión, en los impulsos más poderosos buscamos nuestro propio yo ciegamente. Pues así hay que amar.

Otro grado de amor al prójimo consiste en amarle «como Cristo nos ha amado». Cristo se hizo pobre por nacernos ricos y se entregó a sí mismo incondicional-mente: «Me amó y se entregó a la muerte por mí» (G ál 2,20).

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti