LAS PARÁBOLAS DE JESÚS III - EL HIJO PRÓDIGO
Es acaso la parábola más conocida y bella, por descubrirnos con inmensa hondura el amor y la ternura de Dios.
Un padre tenía dos hijos. El menor de ellos, cansado de la monotonía del continuo vivir con el padre y el hermano, quiso probar nuevos horizontes, y con la parte de la herencia que le pertenecía (la tercera parte a la muerte del padre Dt 21,15-17) y que el padre le anticipó, salió del hogar paterno. El padre accedió a darle la parte de bienes, aun con el presentimiento de que podía derrocharlos. Dios respeta la libertad y nos da una gran fortuna (la vida con su libertad).
Se fue a lo desconocido. Fue fácil encontrar amigos y amigas cuando la bolsa estaba llena. Pero aquello duró muy poco. Con vergüenza y obligado por el hambre se contrató con un amo duro y exigente para cuidar cerdos. La vergüenza y sobre todo el hambre le hicieron recordar el pan blanco de su casa (¿por qué no dice el evangelio que se acordó del cariño incondicional de su padre?). Partió de casa bien vestido, como un joven arrogante, y vuelve haraposo y desencajado.
El hijo tiene necesidad del pan y de su padre. Pero el padre tiene mucha más necesidad de perdonar a su hijo. ¡Lloró tanto el padre en su espera asomado a la ventana...!
No deja arrodillarse al hijo, que trae el discurso preparado: «He pecado contra el cielo y contra ti...; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus criados». Dice el evangelio que el padre se lo comió a besos. Y acaso no le dejó arrodillarse, según aparece en el genial cuadro de Rembrandt.
Anillo, sandalias nuevas, besos, abrazos y fiesta por todo lo alto...
El hijo mayor (en él está retratada maravillosamente la religiosidad de los fariseos) no quería entrar, no se alegró de la vuelta del hermano, pero el padre intentó persuadirle para que entrara a la fiesta (¿entró?) con inmensa benevolencia y paciencia. ¡Cómo queda retratado el corazón de Dios ante el desamor de sus dos hijos! Y es que Dios es así. No como lo entendemos nosotros, sino como es El, porque Dios es amor.
Si algo falta en la parábola, sería un tercer hijo, el hermano que fuera en busca del perdido. Ese es Cristo, que dio la vida por conducirnos a la casa paterna.
Fdo. Cristobal Aguilar.
