Mi?rcoles, 13 de octubre de 2010

LA IGLESIA SU DIPLOMACIA PARA LA PAZ ENTRE LAS DISTINTAS NACIONES

En la forma que adopt? en el siglo XIX, el nacionalismo alcanz? en muchos pa?ses, especialmente despu?s de la primera guerra mundial, un grado jam?s conocido de efervescencia. La naci?n es, originariamente, una comunidad de cultura, y en particular una comunidad de lengua y costumbres. El nacionalismo s?lo se da cuando de esta comunidad de cultura se derivan derechos y reivindicaciones de car?cter pol?tico, sea que un grupo nacional sometido aspire a su independencia, sea que los grupos pol?ticamente dominantes pretendan la desnacionalizaci?n de minor?as sometidas.

Donde menos peligroso es el nacionalismo, es en aquellos pa?ses en que Estado y comunidad nacional coinciden exactamente; en tales casos suele manifestarse principalmente en forma de vanidad nacional y man?a de grandezas, con la particularidad de que tales sentimientos de superioridad suelen ser tanto m?s exacerbados cuanto menor y m?s d?bil es el Estado en cuesti?n.

Aunque el nacionalismo, sobre todo el de ?ndole sentimental, levanta barreras que separan a los hombres unos de otros, no ha podido destruir, y ni siquiera poner seriamente en peligro la unidad de la Iglesia universal. Sin embargo, la unidad de la Iglesia no ha de entenderse s?lo como la uni?n de sus miembros con su cabeza, sino tambi?n, y en la misma medida, como la uni?n de los miembros entre s?; esto hizo que para incontables cat?licos la guerra entre pueblos cristianos fuera sentida como una verg?enza y un esc?ndalo.

De ah? que, inmediatamente despu?s de la segunda guerra mundial, los cat?licos de todos los pa?ses beligerantes empezaron una labor de estrechar lazos y de trabajar en com?n por la paz. Fueron especialmente intensos los contactos entre los cat?licos franceses y alemanes. En 1965 los obispos alemanes y polacos intercambiaron mensajes de reconciliaci?n.

Mientras en los pa?ses del Asia y del ?frica que hab?an sacudido el yugo colonial el nacionalismo segu?a su marcha ascendente, las grandes naciones industriales comprendieron despu?s de 1945 ? sobre todo ante la amenaza de una guerra at?mica ? que hab?a que encontrar una v?a que hiciera posible la pac?fica colaboraci?n de todos los pueblos del mundo. Sin embargo, la contraposici?n ideol?gica entre los estados comunistas y no comunistas fren? este movimiento.

P?o XII apoy? vivamente todos los esfuerzos en pro de la unificati?n de Europa. Juan XXIII, en su enc?clica Mater et Magistra (1961), publicada para conmemorar el 70? aniversario de la primera enc?clica social Rerum novarum, afront? el problema de la tensi?n social existente entre pueblos ricos y pueblos pobres. Despu?s que el Concilio se hab?a ocupado tambi?n de este problema, Paulo VI en 1967 declar?, en su enc?clica Populorum progressio, que el desarrollo de las naciones hasta ahora desfavorecidas y atrasadas era la cuesti?n central de toda pol?tica que aspirara a la paz.

La enc?clica, cuyo estilo representa el primer esfuerzo realizado por un papa para hablar el lenguaje de la public?stica moderna, no proclamaba doctrinas nuevas, pero hac?a un dram?tico llamamiento a los poseedores y les recordaba las obligaciones sociales inherentes a su propiedad. Dec?a que s?lo un humanismo vinculado a Dios puede dar al hombre esperanzas de paz y libertad.

Ya Juan XXIII, poco antes de su muerte, se hab?a dirigido a ?todos los hombres de buena voluntad?, exponiendo en su enc?clica Pacem in terris, los principios sobre que la paz puede asentarse. Como prerrequisito fundamental de la paz hab?a se?alado ? no sin aludir a la carta de las Naciones Unidas ? el reconocimiento general de los derechos humanos. Un eco particularmente intenso despert? su exhortaci?n a que se estableciera un ?di?logo? aun entre hombres de las m?s opuestas ideolog?as. Luego Paulo VI, en su primera enc?clica Ecclesiam suam, expuso con mayor detalle el valor del di?logo como camino hacia la paz.

Como consecuencias de estos esfuerzos de los papas en favor de la paz deben considerarse el discurso de Paulo VI ante la asamblea general de las Naciones Unidas en Nueva York, octubre de 1965, y los deseos del Vaticano de establecer contactos con la Uni?n Sovi?tica. Paulo VI recibi? en 1966 al jefe del Estado sovi?tico, Podgorny. Con ello el papa buscaba, no s?lo aliviar la situaci?n de los cat?licos dentro de la Uni?n Sovi?tica sino, ante todo, hallar apoyos a sus iniciativas en favor de la paz, sobre todo en el conflicto del Vietnam.

Desde sus comienzos el concilio Vaticano II sinti?se comprometido en la obra de fomentar la paz mundial. En la constituci?n pastora] terminada justamente al finalizar el concilio sobre la Iglesia en el mundo moderno ? Gaudium et spes ? se encuentra una solemne condenaci?n de la guerra total: ?Toda acci?n b?lica que tienda indiscriminadamente a la destrucci?n de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad, que debe ser condenado con firmeza y sin vacilaciones? (n.? 80). Pero la tr?gica situaci?n del mundo moderno se hizo visible en la circunstancia de que el s?nodo no pudiera cerrar los ojos al hecho de que, provisionalmente al menos, s?lo el equilibrio del terror pod?a conservar la paz. Por consiguiente, no pudo condenar la posesi?n de bombas at?micas.

El Concilio elogi? a aquellos que miran de hacer valer sus derechos sin acudir a la violencia, y expres? el deseo de que los Estados dictaran medidas en favor de los que se niegan a prestar servicio de guerra por razones de conciencia. Pero al mismo tiempo el Concilio ha reconocido la legitimidad del derecho de defensa, sobre todo contra los modernos m?todos de terror. De todos modos, el soldado que est? al servicio de la patria debe considerarse ?servidor de la seguridad y libertad de los pueblos?, y por tanto no s?lo de su pa?s. Tampoco la obediencia ciega excusa nunca acciones inhumanas contrarias al derecho de gentes.


La constituci?n pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno intenta, lo mismo que otros documentos conciliares, encontrar una base de valores comunes que todos los hombres puedan reconocer. A este objeto expone la ?ndole y peculiaridad de la dignidad humana, y deriva de ella los razonables derechos y deberes para todos los hombres en el ?mbito de la vida pol?tica, econ?mica, social y cultural.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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