Viernes, 08 de octubre de 2010

LA IGLESIA Y EL CONCILIO VATICANO II

Entre las medidas adoptadas por Juan XXIII para preparar el concilio Vaticano II, tiene especial importancia la organizaci?n del Secretariado para la unidad de los cristianos. Como prefecto nombr? el papa al jesuita alem?n Augustinus Bea, elevado al cardenalato en 1959. Mientras los dem?s organismos preparatorios (en conjunto once comisiones y dos secretariados, adem?s de la comisi?n central), en su trabajo y en la elecci?n de colaboradores, segu?an una direcci?n acentuadamente tradicionalista, con el resultado de que muchos de sus proyectos (esquemas) fueron rechazados o considerablemente modificados por el propio Concilio, el secretariado del cardenal Bea obtuvo en seguida un gran prestigio que rebas? con mucho las fronteras de la Iglesia.

A su influencia hay que atribuir que representantes de las Iglesias cristianas no cat?licas pudieran asistir al Concilio en calidad de ?observadores?. La presencia de estos observadores a las sesiones de trabajo (congregaciones generales) y la informaci?n cada vez m?s amplia y detallada dada al p?blico sobre el curso de las deliberaciones, confirieron a este Concilio una fisonom?a particular: La opini?n mundial se interes? por los trabajos en curso como nunca lo hab?a hecho antes.

M?s de 2000 obispos acudieron al Concilio, que dur? desde 1962 hasta 1965 y en sus cuatro sesiones ?en el oto?o de cada a?o? celebr? 168 congregaciones generales y 9 ?sesiones p?blicas?. Ya desde el comienzo (fue solemnemente inaugurado el 11 de octubre de 1962 y dos d?as despu?s hubo la primera congregaci?n general) los padres dieron a entender que no estaban dispuestos a aceptar sin m?s todo lo que se les propusiera. Cuando se estaban ya repartiendo listas de nombres fijadas de antemano para preparar la elecci?n de los miembros de las distintas comisiones, ?lecci?n que hab?a de pesar decisivamente sobre el curso entero del Concilio, los cardenales Li?nart (Lille) y Frings (Colonia) propusieron que se aplazaran las elecciones con objeto de dar a los padres conciliares la posibilidad de informarse y de votar de acuerdo con su propio juicio. La aceptaci?n de esta propuesta fue una garant?a de que la composici?n de las comisiones conciliares ser?a la m?s adecuada a los datos objetivos que fuera posible.

La totalidad de las cuestiones tratadas en el concilio se pueden dividir sistem?ticamente en tres grupos (seg?n K. Rahner -H. Vorgrimmler): 1.? idea fundamental que la Iglesia tiene de s? misma; 2.? la vida interna de la Iglesia; 3.? la misi?n de la Iglesia hacia fuera.
Un efecto inmediato sobre la vida interna de la Iglesia tuvo sobre todo la constituci?n sobre liturgia, aprobada en 1963. Con ella las iniciativas que hab?a tomado el movimiento lit?rgico en los a?os siguientes a la primera guerra mundial, pasaron a ser posesi?n com?n de la Iglesia y fueron desarrolladas org?nicamente. Lo que ante todo llam? la atenci?n del p?blico fueron las concesiones externas: un uso m?s extenso de las lenguas vern?culas y mayores atribuciones a las conferencias episcopales nacio?nales para introducir formas lit?rgicas diferenciadas. Esto significaba desandar gran parte del camino recorrido en el siglo XIX, pues en ?ste las formas lit?rgicas locales hab?an sido en lo posible arrinconadas en favor de la adopci?n uniforme de la liturgia romana.

Ante la opini?n mundial, los documentos m?s importantes fueron los dos promulgados en la ?ltima sesi?n sobre la libertad religiosa y sobre las religiones no cristianas, especialmente a causa del cap?tulo dedicado al juda?smo. Ambos decretos tuvieron que superar graves prejuicios hist?ricos. En el primer caso se trataba de fundamentar la plena libertad de conciencia y de religi?n ? y no limitarse a aceptar la tolerancia frente a los adeptos de otras religiones en atenci?n al bien com?n o en evitaci?n de mayores males?, pero sin caer, por ello, en el peligro de indiferentismo. Al sentar la libertad de religi?n en la dignidad de la persona humana ? el decreto empieza justamente con estas palabras, Dignitatis humanae?, deben considerarse superadas las declaraciones aparentemente contrarias hechas con anterioridad por el magisterio, especialmente en el siglo XIX (y sobre todo el Syllabus de P?o IX, de 1864). Aqu? se encuentra tambi?n una confesi?n que es de suma importancia para la comprensi?n general de la historia eclesi?stica: ?Aunque en la vida del pueblo de Dios, peregrino a trav?s de los avatares de la historia humana, se ha dado a veces un comportamiento menos conforme con el esp?ritu evang?lico, e incluso contrario a ?l, no obstante siempre se mantuvo la doctrina de la Iglesia, de que nadie sea forzado a abrazar la fe? (n.? 12).

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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