LOS MILAGROS DE JESÚS IV - EL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN
La tradición y la liturgia creen, con san Agustín, que la mujer que aparece en distintos pasajes del evangelio es, en los tres casos, María Magdalena. No así la liturgia griega, que celebra la fiesta de tres mujeres distintas.
Naín (la bella) era una pequeña aldea. Solamente sale aquí en la Biblia. Estaba, y está, cerca de Nazaret, frente al Hermón y el labor. Jesús iba acompañado de sus discípulos y mucho gentío. Sacaban a enterrar por las puertas de la ciudad al hijo único de una viuda.
Como en los pueblos pequeños, en los que todos se conocen, iban acompañando a la viuda y a su hijo muerto todos los vecinos del lugar. La madre viuda iba como muerta... ¿Qué podía esperar ya del mundo?
Jesús, al ver a la madre, sintió compasión. Detuvo el cortejo y dijo a la madre: «No llores». Y tocando el féretro, ante la extrañeza de todos, surgió la palabra de misericordia y de vida. Le dijo: «Muchacho, a ti te lo digo, levántate». El muerto se incorporó y se puso a hablar. Y se lo entregó a su madre.
Jesús ha provocado una tremenda conmoción y unos interrogantes que les llevarían a las gentes, al igual que a sus discípulos, a afianzar la re en el Maestro. Exclaman llenos de estupor: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo»: no sólo un profeta más, sino el Mesías, el hijo de Dios, el Señor de la vida y la salvación. «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1,4).
Lucas, al exponer la narración, tiene en su mente los milagros de resurrección que hicieron Elías (1Re 17,23) y Elíseo (2Re 4,17-37).
Toda la vida de Jesús (encarnación, predicación, muerte y resurrección) es un continuo hacerse presente la vida de Dios entre los hombres.
Los que provocan los abortos, las guerras, el odio que causa la muerte en el corazón... han de cesar de hacerlo ante la palabra de vida del Señor, el cual es no sólo ejemplo sino también un mandato a todas las naciones para luchar por la vida en todas sus dimensiones.
Fdo. Cristobal AGuilar.
