lunes, 04 de octubre de 2010

LOS PROBLEMAS E INQUIETUDES DE LA IGLESIA EN EL SIGLO XX

Coincidiendo con la muerte de Pío XII y el acceso al pontificado de Juan XXIII, es decir, en los años sesenta, la vida de la Iglesia cobra nuevas orientaciones. Consolidado su lugar en el concierto internacional de las naciones, la Iglesia va a afrontar, quizá menos amedrentada, unos problemas propiamente pastorales.

Es la etapa que prepara inmediatamente el concilio Vaticano II y subsigue su clausura, y que viene caracterizada por el lema del aggiornamento.

Si los años de preparación y celebración del concilio Vaticano II fueron de particular efervescencia en la vida de la Iglesia, los que siguieron a la celebración del concilio no fueron precisamente de placidez.

La Iglesia, en efecto, se enfrentará al reto del proceso de secularización, al problema de la necesaria inculturación del evangelio en las distintas partes del mundo, a las desavenencias en el seno de distintas Iglesias locales divididas en sectores conservadores y progresistas, al surgimiento de nuevas y distintas corrientes teológicas, etc. Son años de gran vitalidad intraeclesial, pero también de fuertes tensiones, difíciles de afrontar por parte de la jerarquía.

También durante estos años, a nivel internacional las tensiones han sido frecuentes. Una vez que la llamada «guerra fría» dejó de acaparar la atención del mundo, otros enfrentamientos y problemas han venido sucediéndose y acumulándose vertiginosamente.

Tras lo que se podría llamar la «explosión africana», poniendo fin, en gran parte, a la situación colonial de este continente, se han sucedido los dramáticos acontecimientos de la guerra de Vietnam, con sus repercusiones en los países vecinos, la interminable situación bélica en Irlanda del Norte, las continuas tensiones en Oriente Medio (guerras árabe-israelíes, conflictos en Jordania, Siria y Líbano), la difícil situación de Iberoamérica, sujeta en parte a regímenes dictatoriales con sus réplicas revolucionarias, situaciones represivas y acciones guerrilleras. En la vieja Europa, el mayo francés del 68 replantea los principios de convivencia, no sólo a escala nacional.

Y todo esto ha venido acompañado de una fuerte crisis económica en occidente, agravada por la terrible crisis energética (límites y encarecimiento del petróleo, problema de la energía nuclear) y la tremenda realidad del hambre en los países del tercer mundo.

La Iglesia no ha permanecido insensible, y aunque las preocu­paciones intraeclesiales embargaban su atención, siempre mantuvo una política en favor de la paz.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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