Domingo, 03 de octubre de 2010

LA AMENAZA DE LA IGLESIA EN ORIENTE

Casi al mismo tiempo que la enc?clica de P?o XI contra el nacionalsocialismo apareci? la dirigida contra el comunismo. En ella el papa denunciaba y condenaba tanto el ate?smo te?rico del bolchevismo, como la pol?tica antirreligiosa del sistema comunista, que en Rusia hab?a dado lugar a sangrientas persecuciones contra los cristianos.

La esfera de influencia del comunismo obtuvo una amenazadora expansi?n como consecuencia de la segunda guerra mundial y de la victoria conseguida por Mao Tse-tung en la China continental. En su alocuci?n de Navidad del a?o 1952, el papa P?o XII describ?a la situaci?n en los graves t?rminos siguientes:
Las conciencias sufren, adem?s, hoy d?a otras opresiones. As?, por ejemplo, donde se les imponen a los padres, contra sus convicciones y su voluntad, los educadores de sus hijos; o cuando se hace depender el acceso al trabajo o al lugar del trabajo de la afiliaci?n a determinados partidos o a organizaciones que proceden del mercado del trabajo.

Semejantes discriminaciones son s?ntomas de una idea inexacta de la funci?n propia de las organizaciones sindicales y de su fin propio, a saber, la tutela de los intereses del obrero asalariado en el seno de la sociedad actual, transformada cada vez m?s en an?nima y colectivista. En efecto, ?cu?l es la meta esencial de los sindicatos, sino afirmar pr?cticamente que el hombre es el sujeto y no el objeto de las relaciones sociales, proteger al individuo contra la irresponsabilidad colectiva de propietarios an?nimos y representar a la persona del trabajador ante el que tiende a considerarlo solamente como fuerza productiva a un determinado precio? ?C?mo, pues, podr?an ellos encontrar normal que la defensa de los derechos personales del trabajador est? cada vez m?s en manos de una colectividad an?nima, que obra mediante organizaciones gigantescas de car?cter monopolizador? El trabajador, herido as? en sus derechos personales, tendr? que sentir como especialmente penosa la opresi?n de su libertad y de su conciencia al sentirse cogido entre las ruedas de una gigantesca m?quina social.

El que encontrase infundada esta Nuestra solicitud por la verdadera libertad, al referirnos, como lo hacemos, a la parte del mundo que suele llamarse mundo libre, deber?a considerar que tambi?n en ?l, primero la guerra propiamente dicha, luego la guerra fr?a, han conducido forzosamente las relaciones sociales en una direcci?n que inevitablemente restringe el ejercicio de la libertad misma, al paso que en la otra parte del mundo esta tendencia se ha desarrollado plenamente hasta sus ?ltimas consecuencias.

En vastas regiones, donde el peso del poder absoluto doblega almas y cuerpos, la Iglesia es la primera en sufrir por ello agudo dolor. Sus hijos son v?ctimas de una permanente persecuci?n, directa o indirecta, abierta o solapada. Cristiandades o comunidades antiguas, conocidas por el ardor de su fe, por la gloria de sus santos y de sus santas, por el esplendor de sus obras de ciencia teol?gica y de arte cristiano y, sobre todo, por la difusi?n de la caridad y de la cultura en medio del pueblo, se ven pr?ximas a la ruina de su externa grandeza. Cristiandades recientes ? vi?a del Se?or rica en promesas, regada por el sudor y por la sangre de nuevos ap?stoles ? mantenidas por las oraciones y los sacrificios de todo el mundo cat?lico, han sido repentinamente sacudidas por el mismo hurac?n que descuaja a su paso, sin compasi?n, la a?osa encina y el tierno reto?o.

?Qu? quedar? de estas cristiandades, antiguas y recientes, cuando venga el "fin de las tribulaciones", que Nos incesantemente imploramos?

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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