Mi?rcoles, 29 de septiembre de 2010

LETR?N Y SU INFLUENCIA EN LA IGLESIA

Entre las dos guerras mundiales, el acontecimiento m?s importante en el campo de la pol?tica eclesi?stica fue la reconciliaci?n del estado italiano con la Santa Sede. El deseo de reconciliarse, en el fondo, lo hab?an sentido ambas partes desde 1870. En el campo eclesi?stico se daba ya por descontado que el restablecimiento del Estado Pontificio no era ni posible ni deseable.

De todos modos hab?a que encontrar una soluci?n que no implicara para el papa caer en una situaci?n an?loga a la que hab?a ocupado frente a Francia en los tiempos de Avi??n.

Desde 1922 gobernaba en Italia Benito Mussolini en calidad de primer ministro y duce del partido fascista. Aunque personalmente indiferente en materia religiosa, estaba obsesionado por la idea de hacer de Italia una gran potencia, y deseaba eliminar la ?cuesti?n romana? que era como una herida abierta en el cuerpo de la naci?n. Despu?s de dif?ciles negociaciones, el 11 de febrero de 1929 entr? en vigor el tratado llamado de Letr?n, por haberse firmado en el palacio papal de este nombre. Lo subscribieron Mussolini, como primer ministro de Italia, y el cardenal Gasparri como secretario de Estado Pontificio.

El papa renunciaba a toda pretensi?n territorial sobre sus antiguos estados. Italia reconoc?a la zona del Vaticano con la bas?lica de San Pedro como estado soberano con representaci?n diplom?tica, derecho a emitir pasaportes, sellos y moneda. Una serie de edificios e institutos papales esparcidos en la ciudad de Roma recibieron el derecho de extraterritorialidad en grados diversos. Italia pag? una indemnizaci?n global de mil setecientos cincuenta millones de liras. Al propio tiempo se concertaba un concordato sobre la situaci?n de la Iglesia en Italia, condici?n impuesta por el papa para la firma del tratado.

Si han sido favorables o desfavorables las consecuencias del tratado de Letr?n, s?lo podr? decirlo, bas?ndose en la experiencia, la historia futura. Lo que de momento estamos en situaci?n desdecir, es que no se ve qu? otra cosa pod?a hacer P?o XI.

La desdichada cuesti?n romana deb?a ser eliminada de una vez para siempre. Por otra parte, lo que el papa obtuvo en el a?o 1929 fue un m?nimo: en el fondo, poco m?s de lo que le ofrec?a la ley de garant?as de 1871, tan en?rgicamente rechazada en aquella fecha por P?o IX. En aquel momento importaba levantar la m?s en?rgica protesta contra la expoliaci?n de que se hab?a hecho v?ctima a la Iglesia.

Pero de nada sirve protestar eternamente. Lo que la Iglesia necesita es la independencia del papa con respecto a cualquier poder pol?tico, y esto es lo que garantizaba el tratado de Letr?n. Hab?a quienes hubieran preferido una garant?a internacional. Italia la rechaz?, y P?o XI hizo bien en prescindir de ella.

No s?lo porque una garant?a internacional, prestada verbigracia por la Sociedad de Naciones, hubiera tra?do consigo una especie de tutela como la que existi? en tiempo de la Liga Santa, sino sobre todo porque su valor era nulo. Mientras Italia siga por el camino del derecho, el papa no necesita la garant?a de ninguna otra potencia; y si el derecho es conculcado, de nada sirven las garant?as.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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