Viernes, 24 de septiembre de 2010

LOS SANTOS DE LA IGLESIA EN EL XIX

Las canonizaciones decretadas por la Iglesia no deben considerarse como una especie de distribuci?n de premios, que puedan servir de criterio para decidir estad?sticamente en qu? pa?s y en qu? momento ha florecido m?s la vida religiosa. El tribunal de canonizaciones, que desde el siglo XVI es la Sagrada congregaci?n de ritos, es totalmente imparcial e independiente en sus juicios; sin embargo, la elecci?n de los candidatos depende de muchos factores, algunos de car?cter fortuito. El tribunal no va en busca de candidatos, sino que s?lo sentencia sobre los que le son propuestos.

As? ocurre que los pa?ses en los que es muy vivo el inter?s por las canonizaciones, por ejemplo Italia, pueden presentar un gran n?mero de nuevos santos, sin que ello autorice a atribuir al pa?s en cuesti?n un porcentaje especialmente alto de santidad. Por otra parte, la duraci?n de los procesos es tan larga, a veces de siglos, que de la lista de los procesos terminados no puede deducirse ning?n juicio concluyente sobre un determinado per?odo.

De todos modos, en las canonizaciones se refleja, siquiera en sus grandes rasgos, el decurso de la historia eclesi?stica. No es ning?n azar que Espa?a tenga tantos santos en el siglo XVI, Francia en el XVII, que Alemania los pueda presentar en tal abundancia durante toda la Edad Media y que despu?s de la Reforma tuviera que aguardar hasta el siglo XIX para volver a ver hijos suyos elevados a los altares.

Francia tuvo en el siglo XIX, sobre todo en su primera mitad, un contingente extraordinariamente numeroso de santas religiosas. Un importante n?mero de ellas han sido ya canonizadas: adem?s de las fundadoras de ?rdenes ya mencionadas, la hermana del Sagrado Coraz?n, Filipina Duchesne (? 1852, en Nueva Orle?ns), la hermana de la Caridad, Catalina Labour? (? 1876), la joven vidente de Lourdes, Bernadette Soubirous (? en religi?n 1878), y la m?s joven de todas, la c?lebre carmelita de veinticuatro a?os, Teresa del Ni?o Jes?s. Entre los santos varones, el m?s conocido es el Cura de Ars, junto a Lyon, san Juan Bautista Vianney (? 1859).

Los santos italianos son menos numerosos, pero en cambio poseen una personalidad muy destacada. El Piamonte, antes de precipitarse en la pol?tica antirreligiosa, presenta una constelaci?n de tres santos: Cottolengo, uno de los grandes propulsores de la caridad moderna (? 1842), Don Bosco, el incomparable educador y fundador (? 1888), y su maestro y confesor Cafasso (? 1860, canonizado en 1947). Es un nuevo san Luis Gonzaga el santo pasionista Gabriel Possenti (? 1862).

Entre los misioneros italianos destaca el beato Justino de Jacobis, vicario apost?lico en Abisinia (? 1860), y entre las mujeres dos fundadoras de ?rdenes, la beata Magdalena de Canossa (? 1835) y santa Francisca Cabrini (? 1917 en Chicago), as? como la santa criada Gema Galgani de Lucca (? 1903). Una personalidad interesante es la del beato Contardo Ferrini (? 1902), profesor en la universidad de Pav?a, que gan? fama internacional por sus obras sobre la historia del derecho romano.

Los pa?ses de lengua alemana han dado a la Iglesia dos santos, uno a principios del siglo XIX, san Clemente Hofbauer (? 1825 en Viena), que puede ser considerado como segundo fundador de los redentoristas, y otro al final, san Conrado de Parzham, lego capuchino (? 1894 en Alt?tting). Est?n iniciados otros procesos de canonizaci?n, como el de Francisca Schervier (? 1876 en Aquisgr?n), fundadora de las hermanas pobres de san Francisco, Catalina Kaspar (? 1898), fundadora de las hermanas de Dernbach, Mar?a Droste zu Vischering (? 1899 en Portugal, con las hermanas del Buen Pastor) y ?ltimamente el del hermano benedictino de Einsiedeln, Meinrado Eugster (? 1925).

Han de pasar todav?a algunos decenios hasta que todo el material (si se nos permite la expresi?n) de las canonizaciones decimon?nicas haya sido estudiado lo suficiente para advertir sus rasgos comunes y generales. Lo que desde ahora puede decirse es que en el siglo XIX los tipos de santos son m?s numerosos y polifac?ticos. No en el sentido de que, como a veces se oye, la ?piedad conventual? haya perdido su lugar de honor y junto a ella, o en substituci?n de ella, haya aparecido una nueva piedad laica. Tal cosa no es posible en la Iglesia, pues los consejos evang?licos ser?n siempre la norma para todo ideal de santidad. Como tantas otras veces, lo que ha ocurrido no es una ruptura o la apertura de un nuevo camino de espiritualidad, sino un desarrollo m?s rico del mismo ideal en distintas condiciones de vida.

As? puede decirse que en la ?poca moderna la gente joven ha re?cibido un tipo propio de santidad y de acci?n pastoral. El ni?o en edad de primera comuni?n, el monaguillo de las grandes ciudades, el congregante de las escuelas medias, el Neudeutsche, el Scout de France, el ?jocista? (JOC = Juventud Obrera Cat?lica), el college-boy americano, se han convertido en tipos bien definidos, representados a menudo por individualidades magn?ficas. En edades ya m?s maduras, la muchacha que trabaja, la maestra, la asistente en las obras parroquiales, el hermano de San Vicente de Pa?l que inici? sus actividades en este campo ya en edad universitaria, el periodista, pol?tico y gobernante cat?licos. No pretendemos decir que todos estos tipos hayan surgido en el siglo XX.

El m?dico, el profesor, el artista cat?lico son tipos que se remontan muy lejos, y no hablemos del campesino y del artesano cat?licos. Un tipo nuevo y m?s frecuente de lo que suele creerse es el del obrero industrial santo. Justamente se ha iniciado ya el proceso de canonizaci?n del obrero irland?s Matt Talbot, fallecido en 1925.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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