LAS CURACIONES DE JESÚS - CURACIÓN DE UN PARALÍTICO
Viendo la fe (de los que le descolgaban por el techo), dice al paralítico: "Hijo, se te perdonan tus pecados". Estaban allí sentados algunos escribas... "Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dijo al paralítico: A ti te digo; levántate, toma tu camilla y vete a tu casa..." (Mc 2,1-12; Mt 9,1-8; Le 5,17-26).
Jesús se retira a la casa de un amigo a descansar. Pero vienen tantos a oír su palabra que abarrotan los pasillos y la puerta de entrada de la casa. En esto traen a un paralítico. Y ante la imposibilidad de llegar ante Jesús, abren un boquete en el tejado y lo descuelgan a los pies de Cristo. Jesús viendo la re de ellos...
Jesús se fija en el paralítico, atenazado por el pecado y enfermo en su cuerpo. Jesús observa la fe y la caridad de los camilleros. Jesús mira también la interpretación errónea de los escribas, allí presentes.
Por todo ello dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados»; y a los escribas, que creían que Cristo blasfemaba al arrogarse la prerrogativa de «perdonar» los pecados (cosa propia de Dios), les dijo: «¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil...?».
Hijo. Jesús dice y hace todo por amor. No sólo le llamó «hijo mío», sino que lo amó como hijo y obró con él con amor misericordioso al perdonarle los pecados y curar su enfermedad. Curó su cuerpo y su alma.
El perdonar los pecados es cosa propia de Dios. Cuando decimos que perdonamos a uno, estamos indicando que no queremos obrar conforme a su culpa, ni siquiera recordarla, pero no podemos destruir la culpa. Cristo, como Dios que es, al perdonar destruye la culpa. Incluso la Iglesia, cuando perdona, hace el servicio a Cristo; pero es el mismo Cristo el que ejerce su inmensa generosidad y misericordia al destruir el pecado y hacernos hijos de Dios (de hijos de la ira nos convierte en justos).
Cristo muestra su divinidad al descubrir los pensamientos de los escribas. Nos enseña que el mal primero y principal que hay que curar es el pecado. Obrando así, nos muestra que su misión esencial es perdonar el pecado.
Fdo. Cristobal Aguilar.
