Domingo, 19 de septiembre de 2010

EL PODER DE CRISTO DESTRUYE EL MAL

Al final del padrenuestro se pide globalmente a Dios que nos libre del mal, de todo mal. Y el primer mal del que le pedimos a Dios que nos libere es el de caer en la tentaci?n de abandonar el seguimiento de Cristo. El vivir sin Cristo ?cosa que tanto tem?a san Pablo? es el mal por antonomasia. Nos pone en el precipicio de todos los males. Con Cristo, en cambio, podemos vencer los tres grandes males que se dan en la vida del nombre.
?Cu?les son esos males?
Primero: el mal del pecado. El pecado grave nos hace perder la vida divina que se nos regal? en el bautismo; adem?s de perder, por el pecado, la filiaci?n divina, la amistad con Dios y otros bienes..., nos deja como muertos en el esp?ritu y en el camino del bien. Jes?s vence el mal del pecado, destruy?ndolo con el perd?n y la misericordia. Este ministerio de vida y salvaci?n lo contin?a Cristo en su Iglesia especialmente con el sacramento de la reconciliaci?n.
Segundo: el mal del dolor y el sufrimiento. No es malo del todo el dolor. Lo que es definitiva y radicalmente malo es sufrir sin Cristo o incluso enfrentados a Dios llegando a pedirle cuentas a Dios mismo de por qu? permite (pudiendo cortarlo) ese o aquel sufrimiento en mi vida. El sufrimiento sin Cristo es un terrible ?absurdo? y cerrado ?misterio?. Cristo vence e ilumina el sufrimiento si lo vivimos unidos a El. De desvalor para los no creyentes, Cristo lo convierte en un valor con su vida, muerte y resurrecci?n. Con sufrimientos pasajeros ganar? un inmenso peso de gloria, dice san Pablo. Mas, como cristianos, hemos de emplear todas nuestras fuerzas por aminorar e incluso erradicar todo sufrimiento vencible, sobre todo el del otro.
Canta Ana Bel?n: ?S?lo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente,/ que la reseca muerte no me encuentre vac?a y sola/ sin haber hecho lo suficiente?.
Tercero: el mal de la muerte. Por naturaleza somos finitos y mortales. ?Por temor a la muerte ?dice la Escritura? muchos pasan la vida acongojados?. Mas, inyectados por la fe en la resurrecci?n de Cristo, participamos de su vida eterna resucitada. Dice el prefacio de difuntos: ?La vida de los que en ti creemos no termina, se transforma.

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Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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