Domingo, 12 de septiembre de 2010

EL PAPA LE?N XIII - MIRADA RETROSP?CTIVA

El entusiasmo que el mundo cat?lico siente por su pastor, se verti? autom?ticamente sobre la persona del sucesor del gran P?o, Joaqu?n Pecci, Le?n XIII, con ser ?ste tan distinto de aqu?l. Lo era ya exteriormente: los rasgos de P?o IX, nacido de noble familia, eran en?rgicos y casi duros; la figura de Le?n XIII, procedente de la burgues?a, era elegante y espiritualizada, como la de un ser de otro mundo.

Las relaciones pol?ticas con Italia no sufrieron variaci?n. El papa sigui? en el Vaticano como ?prisionero?, pero desplegando una actividad de alcance mundial. Bajo su pontificado fueron creadas doscientas cuarenta y ocho nuevas di?cesis. Especial importancia tuvieron las numerosas enc?clicas doctrinales en las que Le?n XIII tom? posici?n ante los grandes problemas que conmov?an el mundo: sobre el socialismo (Quod Apostolici muneris, 1878), sobre el Estado (Diuturnum illud, 1881, e Immortale Dei, 1885), sobre la cuesti?n social (Rerum novarum, 1891) y otras.

Le?n XIII sent? los principios cristianos acerca del derecho y la justicia en el Estado y la sociedad, frente a concepciones unilaterales y err?neas, jalonando con ello el terreno sobre el que hab?an luego de trabajar los soci?logos y pol?ticos cat?licos. Ello explica la frecuencia con que sus enc?clicas fueron impresas, traducidas y comentadas, y el inter?s que despertaron entre amigos y adversarios.

En la vida pol?tica de la segunda mitad del siglo pasado se conced?a una gran importancia a las visitas de los soberanos. Como Le?n XIII observaba rigurosamente el principio de no recibir a los hu?spedes del rey de Italia, los monarcas cat?licos se abstuvieron de ir a Roma. Los soberanos no cat?licos, sin embargo, como el emperador Guillermo II y el rey Eduardo VII, pudieron visitarle en el Vaticano. Bismarck le confi? en 1885 el arbitraje en el litigio entre Espa?a y Alemania acerca de las islas Carolinas.

Es posible que Le?n XIII exagerara algo el valor de las relaciones diplom?ticas, especialmente de las de mayor aparato, siguiendo en ello la corriente de su tiempo. De ah? tambi?n la especial admiraci?n que sent?a por Inocencio III, al que hizo erigir un monumento en Letr?n. No puede negarse, empero, que el papa gozaba en todo el mundo de un prestigio jam?s conocido.

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Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti