Domingo, 12 de septiembre de 2010

PIO IX SUS ?LTIMOS A?OS

Los sensacionales acontecimientos del a?o 1870 tuvieron por efecto aumentar en los cat?licos de todo el mundo el amor y la veneraci?n al papa en una medida de la que apenas hay ejemplos en la historia anterior de la Iglesia. Claramente pudo verse esto en los agasajos hechos al venerable anciano v?ctima de tan amargos contratiempos, con ocasi?n de diversas conmemoraciones: sus bodas de oro sacerdotales en 1869, el vigesimoquinto y trig?simo aniversarios de su elevaci?n al solio pontificio en 1871 y 1876 respectivamente, sus bodas de oro episcopales en 1877.

Cada una de estas fechas daba lugar a verdaderas manifestaciones. Sobre todo, la peregrinaci?n a Roma se convirti? desde ahora en una peregrinaci?n para ver al papa. Ver al papa es desde entonces la m?s ardiente ilusi?n de los cat?licos, el gran acontecimiento de sus vidas, que no se cansar?n de relatar a sus hijos y a sus nietos. El retrato del papa cuelga en todos los hogares cat?licos, y su muerte es sentida como una desgracia familiar.

Para los que no sean cat?licos, no es f?cil hacerse una idea de lo que es el amor de los cat?licos hacia su papa, sobre todo del que sintieron a partir de P?o IX y siguen sintiendo hoy. El cat?lico ama a la persona del papa por el cargo que ostenta, y ama el cargo por la persona que lo reviste. Lo que por el papa siente es una veneraci?n religiosa, sin necesidad de creerlo un ser de clase superior ni atribuirle facultades sobrenaturales. La postura de los cat?licos ante su papa es radicalmente distinta de la de las masas ante el caudillo del partido que los gobierna.

Los cat?licos no esperan haza?as de su papa ni aguardan de ?l ning?n beneficio. Su dicha consiste en poderle ofrecer algo. En cierto sentido, su amor tiene mucho de compasi?n.

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Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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