viernes, 10 de septiembre de 2010

EL CUMPLIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE DIOS Y OBEDIENCIA A SUS MANDATOS

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo (Mt 6,10).

 

Esta petición nos nace arriesgarnos —si queremos ser consecuentes con lo que pedimos— a identificar nuestro vivir con la palabra y la vida del Señor.

Sanemos que el nombre nada desea con más fuerza y ardor que nacer su propia voluntad, y a su vez que ningún otro se la imponga. Esta tendencia, este impulso primario surge siempre muy raerte en el corazón de cada hombre. Cuando nacemos esta petición, estamos pidiendo el contrariar nuestra voluntad, nuestro «amor propio». No creo que seamos plenamente conscientes y consecuentes de lo que pedimos y a lo que esta petición nos compromete...

En realidad pedimos morir a nuestro «yo», a nuestro amor propio, a nuestra voluntad, dando paso al querer de Dios en nosotros. Esto vale más que todos los Holocaustos y sacrificios.

Jesús es modelo perfectísimo en el cumplimiento de la voluntad de Dios:

• ¿Para qué vino a este mundo Jesús?: «Yo he najado d el cielo no para nacer mi voluntad, sino la voluntad del que me na enviado» (Jn 6,38).

• Lo más importante siempre: «Padre mío, aparta de mí este cáliz, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú» (Me 14,36).

• La familia de Jesús: «Quien cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, hermana y madre» (Mt 12,50).

• El alimento y el todo para Jesús es: «Mi comida es hacer la voluntad de Dios...»

(Jn 4 ,34).

• ¿Cuál es la voluntad de Dios?: «Que todos los hombres se salven...» (1Tim 2,4).

• María, la más comprometida con la voluntad de Dios: «Hágase en mí según tu palabra» (Le 1,38).

• La esencia de la santidad: en la tradición espiritual cumplir la voluntad de Dios constituye la esencia de la santidad. La voluntad de Dios casi siempre viene a través de la Iglesia o de otros.

• A migos de Jesús: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15,14).

• Discernimiento: en la duda sobre la voluntad de Dios debemos buscarla en la oración y el discernimiento.

• ¿Qué quiere Dios que hagamos?: «Este es mi Hijo... Escuchadle» (Mt 17,6).

No se nos ha dado otra palabra para escuchar, otra vida que seguir, otra persona a quien amar que el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo.

Fdo. Cristobal AGuilar.


Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Leer mi libro de visitas Firmar el libro de visitas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti