Viernes, 10 de septiembre de 2010

EL INICIO DEL PRIMER CONCILIO VATICANO - HISTORIA DE LA IGLESIA

De seguro que estas brillantes reuniones de prelados contribuyeron a hacer madurar en la mente de P?o IX la idea de convocar un concilio ecum?nico en toda forma. No se trataba, como en tantos concilios anteriores, de que estuviera planteada alguna grave y discutida cuesti?n, para cuyo allanamiento pareciera indicado la celebraci?n de una gran asamblea eclesi?stica. El plan primitivo consist?a m?s bien en manifestarse solemnemente contra los movimientos contrarios a la religi?n y a la Iglesia, haciendo una especie de gran parada militar que ser?a al mismo tiempo un recuento de fuerzas. Sin embargo, a poco de hecha la convocaci?n del concilio, en 1868, fueron muchos los que expresaron el deseo de que en ?ste se definiera la doctrina de la infalibilidad del papa en cuestiones de fe y de moral. Era un punto que ya desde siglos ven?a ense??ndose como doctrina teol?gica en la mayor?a las de escuelas cat?licas, y dentro de la Iglesia apenas si hab?a sido discutido nunca expresamente. Tampoco era cuesti?n ahora de pronunciarse sobre la verdad o falsedad de esta doctrina, sino de si pod?a pretender al rango de una verdad revelada y de fe. En t?rminos teol?gicos, no se discut?a sobre la veritas, sino sobre la definibilitas.
El solo anuncio de que muchos prelados deseaban aprovechar el concilio para definir la infalibilidad, produjo en todas partes una enorme excitaci?n, que se contagi? incluso a los gobiernos europeos. El primer ministro b?varo, liberal, pr?ncipe Hohenlohe, que m?s tarde fue canciller del Reich, envi? una circular a las dem?s potencias proponiendo que se adoptara un plan de acci?n conjunta contra el concilio, en caso de que ?ste procediera a la definici?n. Los dem?s gobiernos no se dejaron arrastrar a tomar una medida de este g?nero, pero siguieron con la mayor atenci?n y suspicacia los preparativos del concilio y el desarrollo de sus sesiones.
Como primer presidente nombr? el papa al antiguo arzobispo de Munich-Frisinga, cardenal Reisach, y luego, al enfermar ?ste mortalmente antes a?n de inaugurarse el concilio, al cardenal De Angelis. Secretario fue el obispo de St. P?lten, Fessler. Asistieron setecientos setenta prelados, m?s de tres cuartos de los que entonces ten?an derecho de voto en la Iglesia, proporci?n jam?s alcanzada en ning?n concilio. El gran n?mero de participantes as? como el de las mociones presentadas hicieron muy dif?cil la fijaci?n del reglamento de las sesiones. Hasta las diferencias en la pronunciaci?n del lat?n contribu?a a crear obst?culos.
Las sesiones se celebraron en la bas?lica de San Pedro. El concilio fue inaugurado el 8 de diciembre de 1869. Hasta marzo de 1870 no se decidi? la presidencia a poner a discusi?n el punto de la infalibilidad, en el que desde un principio se centraba el inter?s general. Los obispos estaban divididos en dos partidos. Caudillos de los ?infalibilistas? eran Dechamps de Malinas, Manning de Westminster, P?o de Poitiers, Martin de Paderborn, Senestrey de Ratisbona, Gasser de Brixen. Entre los ?anti?infalibilistas? descollaban Darboy de Par?s, Dupanloup de Orle?ns, Ketteler de Maguncia, Hefele de Rottenburg, Dinkel de Augsburgo, Schwarzenberg de Praga, Rauscher de Viena, Strossmayer de Dy?kovo en Eslavonia, Kenrick de Saint Louis. Todos ellos eran personas de profundo esp?ritu religioso, y muchos destacaban por su labor pastoral; pero tem?an que la definici?n agravar?a la agitaci?n de los adversarios,? dificultar?a las conversiones y provocar?a apostas?as. Los partidarios de la definici?n alegaban, en cambio, que una vez planteado el problema, no pod?a soslayarse su resoluci?n por razones simplemente oportunistas, pues ello casi equivaldr?a a una condenaci?n por parte del concilio de una doctrina que era general en la Iglesia.
Entre los te?logos seglares que no estaban representados en el concilio, pero que tomaron parte en la pol?mica p?blica, hab?a muchos que discut?an incluso la doctrina. El jefe espiritual de este grupo era el famoso historiador eclesi?stico de Munich, Ignacio D?llinger, quien desde hac?a alg?n tiempo ven?a ya demostrando una cierta hostilidad contra el papado y la curia.
En la votaci?n decisiva, celebrada el 13 de julio de 1870, votaron ?s?? cuatrocientos cincuenta y un padres, ?s? con reservas? (placet iuxta modum) sesenta y dos, ?no? ochenta y ocho. Ketteler conjur? de rodillas al papa a que se abstuviera de la proclamaci?n. Pero llegadas ya las cosas a este punto, el papa no pod?a ya abstenerse. Hubo luego cincuenta y cinco obispos que pidieron permiso para no asistir a la sesi?n solemne, y se marcharon. As? la proclamaci?n del dogma de la infalibilidad tuvo efecto el 18 de julio con quinientos treinta y tres votos a favor y dos en contra. Poco despu?s las circunstancias exteriores obligaron a suspender las sesiones del concilio: el 19 de julio estall? la guerra francoprusiana, obligando a ausentarse a un gran n?mero de prelados, y el 20 de septiembre los piamonteses ocuparon Roma. El concilio fue, pues, aplazado sine die. De los cincuenta y un asuntos que figuraban en el orden de las sesiones s?lo se hab?an resuelto dos.
En los primeros momentos pudo parecer que iban a confirmarse los temores de la minor?a. Los obispos que hab?an votado ?no? se sometieron con ejemplar disciplina; los ?ltimos en hacerlo fueron Hefele (1871) y Strossmayer (1872). Pero en Alemania, Francia y Suiza se produjeron escisiones. En Alemania los que se separaron fundaron, desoyendo las exhortaciones de D?llinger, la iglesia de los ?viejos cat?licos?, y se hicieron consagrar un obispo por los jansenistas holandeses. El propio D?llinger fue excomulgado por el arzobispo de Munich, pero no se adhiri? al cisma; muri? en 1890 sin reconciliarse con la Iglesia. En Suiza se form? una Iglesia an?loga, que se llam? ?cristianocat?lica?. Los ?viejos cat?licos?, durante el Kulturkampf, gozaron del apoyo del gobierno en Prusia y Baden, y tambi?n en Baviera. En 1879 contaban con m?s de cincuenta mil miembros, la mayor?a intelectuales, lo cual supon?a una grave p?rdida para la Iglesia alemana. Luego la secta fue perdiendo gradualmente en importancia. Cuando en Austria se organiz? el movimiento de separaci?n de Roma (1897), unos veinte mil de los que apostataron se unieron a los ?viejos cat?licos?. Hoy s?lo cuentan unos pocos millares.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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