Lunes, 06 de septiembre de 2010

?NGELES Y DEMONIOS

Conocemos del mundo ang?lico lo que conocer?a un topo del mundo humano al sentir las trepidaciones y ruidos de los humanos. Nos parece que lo material es variado y colorido, puede ser rugoso, suave, deslumbrante, h?medo o gelatinoso, fr?o como el acero o ardiente como la lava, lleno de olores y matices diversificados en un sinf?n de sensaciones. En definitiva, el mundo material nos parece variado y cambiante. Sin embargo, el mundo ang?lico nos parece muy reducido, vaporoso y monocolor. Algo que roza el aburrimiento. Pero el mundo de los esp?ritus es variad?simo, a veces pueden luchar los esp?ritus entre ellos, algunos est?n encadenados, otros tienen como misi?n recorrer la tierra, fij?monos s?lo en los misterios que se esconden en el vers?culo del libro de Daniel (Dan 7,10) en el que se nos da a entender que unos ?ngeles se dedican a servirle y a otros les ha dedicado a otras funciones. ?Cu?l es ese servicio?,?en qu? consiste?)Por qu? aunque todos ven su faz, se da a entender que unos est?n ante la presencia de Dios y otros no? Y esto es solo un vers?culo.

Para vislumbrar algo del encanto y grandeza de ese mundo desconocido pero real, pensemos que los distintos nombres de los coros ang?licos designan algo parecido a lo que las grandes especies de los animales. Imaginemos por un momento las diferencias que existen en el mundo material entre mam?feros, aves, peces e insectos. Pues la diferencia que existe dentro de un mismo coro ang?lico es mayor que la que pueda haber entre un delf?n y una ballena, o entre una ardilla y un ciervo, pues las diferencias entre las esencias ang?licas son mucho mayores que entre las esencias materiales.

Y sin embargo, a pesar de tener unas ideas tan pobres sobre el mundo ang?lico, qu? inter?s suscita el tema demon?aco.

Ya el poeta Ovidio dijo:
NITIMVR IN VETITVM SEMPER CUPIMVSQVE NEGATA
(siempre nos esforzamos por lo prohibido y deseamos ardientemente las cosas negadas)

El hombre tiende a preferir conocer lo bello y bueno, pero por alguna raz?n tambi?n siente una innata inclinaci?n por conocer lo deforme y lo s?rdido. Esta inclinaci?n no es mala, el conocimiento tiende a extenderse sobre todos los campos y materias. Cuanto m?s desconocido y fuera de lo normal es algo, m?s se apetece su conocimiento, porque de su aprehensi?n intelectual nace esa fugaz y espiritualmente placentera sensaci?n que es la sorpresa.

Las catedrales g?ticas tratan de llevar a los hombres a Dios a trav?s de la belleza. Pero es parte integrante de esa belleza el que en ese inmenso conjunto arquitect?nico tenga su peque?a parte la representaci?n del demonio. Sea en un peque?o capitel, sea en una g?rgola, sea en la parte inferior del t?mpano, all? se esconden las im?genes de una caterva de peque?os demonios. ?Por qu??, pues porque el demonio tambi?n tiene una participaci?n de la belleza. El demonio es feo, no me refiero a su cuerpo, que no posee, sino a su ser personal deformado. El demonio tiene un ser, y todo ser es una participaci?n del bien y la belleza. El demonio conserva su naturaleza ang?lica y ella es hermosa, e incluso en lo que con su pecado ha deformado de su ser podemos encontrar una belleza especial e inferior, pero belleza.

Pongo un ejemplo: si atravesamos despreocupados y alegres un prado de flores y mariposas y de pronto nos topamos con el cad?ver de un perro que es ya carro?a maloliente, sin ning?n g?nero de dudas retrocederemos, nos taparemos las narices y pensaremos que es algo sencillamente vomitivo. Ese objeto no es bello, sin embargo, si pudi?ramos prescindir del olor, si nos fuese posible introducirnos con una c?mara de televisi?n por los tejidos putrefactos de ese cuerpo y observar cient?ficamente con todo lujo de detalles la obra constante de los gusanos, su conducta, su reproducci?n, y a un nivel inferior la acci?n de los microbios, su metabolismo, sus distintos tipos y clases, y observar tantas especies y subespecies de organismos y microorganismos trabajando sobre una masa a su vez cambiante a lo largo de las semanas, entonces quedar?amos fascinados por ese mundo oculto y complej?simo de procesos qu?micos y biol?gicos que es un cad?ver en putrefacci?n.

Ciertamente un cad?ver no es algo bello, pero podemos encontrar no s?lo alg?n aspecto bello sino, como hemos visto, un mundo fascinante. De todos los objetos que puede conocer el intelecto, el m?s deforme, el m?s s?rdido es lo demon?aco. Todo lo dem?s, la visi?n de las escenas de campos de concentraci?n nazis, el conocimiento de las crueldades de la guerra, los espantosos relatos de asesinatos y torturas, son los frutos maduros de la semilla demon?aca.

Hemos visto que incluso el demonio tiene su lugar en la catedral, como lo tiene en el cosmos el infierno. Cosmos en griego significa orden. El infierno, con hombres y demonios sufriendo por toda la eternidad, no es una pieza desencajada, no es un defecto en esa armon?a universal. El mundo hubiera sido mejor sin condenados. Pero hubiera sido mejor no por lo que existe (el infierno), sino por lo que ha dejado de existir (una inmensa cantidad de bien que hubieran hecho los condenados si no se hubieran condenado, y por la gran cantidad de dolor que sufren). El infierno no afea la creaci?n, de la misma manera que los apuntes personales de Leonardo da Vinci, en los que aparecen caras deformes y grotescas, no afean su obra pict?rica. Al contrario, incluso en la existencia de esos cuadernos con caras grotescas, se nos revela la mano maestra de un genio en un modo totalmente distinto, que si no hubieran llegado hasta nosotros y no la hubi?ramos conocido. Del mismo modo hasta en el infierno podemos encontrar una belleza, especial?sima eso s?, una belleza sui generis, como la admiraci?n que produce contemplar la complejidad de procesos que se producen en un cad?ver en medio de un prado de gran belleza. Adem?s, continuando el s?mil del prado, considerados los condenados en s? mismos, )ser?a m?s bella una naturaleza sin moscas, sin lombrices y sin sapos?)Ser?a m?s bello el mundo animal si todo quedara reducido a ciervos, ?guilas, cisnes y seres de gran belleza? )Ser?a m?s bello el mundo vegetal si dejar?n de existir los cardos, las zarzas y las setas venenosas?

El mundo hubiera sido m?s bello sin infierno pues todos esos hombres reprobados y esp?ritus ca?dos hubieran sido cada uno de ellos un hermos?simo elemento m?s en el conjunto del Reino de los Cielos, y cada uno de ellos hubiera dejado para bien su huella en la creaci?n. Pero el infierno a?ade m?s belleza al universo, nos da una visi?n distinta de Dios, la de su justicia terrible.

Nadie debe menospreciar la obra impresionante y formidable en que brilla la terrible justicia de Dios: los demonios. No es menos admirable la mano de Dios en esta parte de su creaci?n que es el infierno de lo que lo es en el resto del Cosmos. Dios no cre? condenado a ning?n ?ngel, pero el ?ngel que merecidamente fue condenado, fue enviado no fuera de la Creaci?n, sino a un lugar que es parte de la creaci?n. El Creador tras el pecado de sus criaturas sentenci? la medida, el modo y el lugar del castigo, pero dentro de su orden.

En cada demonio hay un fuego, el fuego de la ira del Creador. El demonio es una criatura de Dios, es la criatura rechazada de Dios. Si los hombres pecadores mientras est?n en el mundo pudieran ver un s?lo demonio -su historia, sus pensamientos, su sufrimiento- quedar?an no s?lo trocados en su vida, sino admirados del poder, la justicia, el orden y la sabidur?a de los designios del Se?or. En cierto modo tambi?n el infierno es una obra de arte de Dios, una obra de arte que El no hubiera nunca creado si no se hubiera visto obligado a hacerla. ?No es acaso una obra de arte el tr?ptico de El Bosco el Jard?n de las Delicias, en su parte dedicada al infierno? No es que El haya querido crear ese lugar, pero su permisi?n ha puesto la medida, profundidad y modo en que su Justicia deb?a llevarse a cabo.

El demonio es admirable en todo lo que no ha perdido de lo que recibi? de Dios. Sigue siendo una naturaleza ang?lica, es admirable por su inteligencia, por su poder, incluso por su belleza, aunque deformada. Y as? Yahveh en el cap?tulo 40 y 41 del libro de Job, se deleita en elogiar el poder y ferocidad de la m?s temible de las criaturas infernales, Sat?n. Tal elogio lo hace design?ndolo bajo el nombre de Leviat?n y Behemot.

La tradici?n patr?stica ha aplicado tambi?n a Satan?s el or?culo del profeta Ezequiel contra el pr?ncipe de Tiro (Ez 28, 12 y siguientes). Es indudable que el or?culo fue referido en su ?poca al pr?ncipe de Tiro, el mismo profeta dice siendo t? un hombre, no obstante hay algunas referencias como monta?a santa de Dios y querub?n protector indican que el texto est? yendo m?s all? de aquel a quien se dirig?a de modo primario.

Sat?n es el Pr?ncipe de este mundo, cuanto hay bajo los todos los cielos m?o es (Job 41,3) llega a decir en su soberbia. Tributo le aportan las monta?as (Job 40,20), es decir recibe un tributo de pecado de los hombres m?s importantes que m?s sobresalen (por usar el t?rmino monta?a en el sentido en que lo usa San Agust?n en alguno de sus sermones). Es jefe de todas las huestes infernales, "Pues tributo le aportan (...) todas las bestias salvajes que all? retozan" (Job 40,20), es rey sobre todas las bestias feroces (Job 41,26). Es muy interesante el vers?culo que dice que es la obra maestra de Dios (Job 40,19). La tradici?n rab?nica y patr?stica dir? que Satan?s era el esp?ritu de mayor importancia delante del trono de Dios.

Puede parecer un contrasentido pero incluso el mal obrar de los demonios da gloria a Dios, porque su mal obrar es un elemento m?s de la historia de la creaci?n. As? como una batalla entre las perfectamente alineadas legiones romanas y las entrenadas falanges griegas es un espect?culo bello en el aspecto est?tico. Mucho mejor que nunca se hubiera dado tal batalla, pues toda batalla es un hecho horroroso, pero al mismo tiempo que horroroso, est?ticamente en alg?n aspecto puede ser bello. La acci?n de los demonios es objetivamente mala y despreciable, sin embargo, forma parte de la bell?sima sinfon?a que es la historia de la creaci?n.

El inmenso conjunto de los ?ngeles se dice que est? ordenado en coros porque su obrar es una formidable canci?n a la gloria de Dios. Las catervas demon?acas no pueden impedir que de ellas mismas emane una sinfon?a poderos?sima a la gloria de Dios. De los ?ngeles se dice que cantan porque glorifican a Dios con su voluntad. De los demonios no dir?amos que cantan. Dir?amos (y es s?lo una comparaci?n) que la m?sica que de ellos emana es instrumental. Porque contra su propia voluntad emanan armon?a dentro del conjunto de la Creaci?n. Eso es algo que hiere profundamente a los demonios, saber que su mismo obrar malvado forma parte de ese inmenso orden que es el conjunto de las obras creadas por Dios, saber que todos sus esfuerzos en la Historia por hacer lo contrario de lo que Dios quiere son parte integrante de los planes de Dios. Y as? el salmo 104, 26 dice Leviat?n que formaste para jugar con ?l.

Muchos han quedado un poco sorprendidos de que en la par?bola del administrador infiel (Luc 16,1-8) Jes?s dice que el amo (s?mbolo de Dios) elogi? la astucia del administrador. Y eso que la obra era objetiva e intr?nsecamente mala (robo con enga?o). Del mismo modo, alguno puede quedar escandalizado del elogio que el Creador hace de Leviat?n, pero eso se debe a desconocer qu? es el mal, cual es la naturaleza metaf?sica de eso que denominamos como mal. Para conocer qu? es el mal es necesario saber qu? es el ser.

El mal no es propiamente una cosa, un ente, sino algo que tiene su raz?n de ser en el bien, al que se opone como privaci?n. El mal es real, pero no es una cosa, sino algo que existe en un sujeto: es la ausencia, privaci?n o corrupci?n del bien; para ser, el mal necesita radicar en un sujeto, tiene su fundamento en el bien y en el ser; no es cognoscible en s?. (Angel Luis Gonz?lez, Teolog?a natural, cap. III, 1)

Cabe un gran mal unido a un gran bien, un gran mal moral unido a una grandiosa naturaleza ang?lica. El Diablo puede ser reprobable en cuanto a su maldad, pero puede ser elogiado por su poder, por su inteligencia que radica en su naturaleza, e incluso por el poder e inteligencia que ha desplegado en sus malas obras. Admirar lo que ?l tiene recibido de Dios es admirar a Dios.

Pongo varios ejemplos: Admirar el inteligent?simo plan de un ladr?n para llevar a cabo un robo, no es malo. Una cosa es la valoraci?n moral del robo, y otra la inteligencia desplegada en el plan. De la misma manera una cosa es admirar la impresi?n de fuerza y orden de los desfiles nazis en la Alemania de Hitler, y otra cosa muy distinta es la maldad del nazismo.

Pero en fin, todo lo dicho no quita ni un ?pice de la maldad de los demonios y de la valoraci?n que tenemos de ellos. Cualquiera se quedar?a sobrecogido si conociera hasta qu? abismos de odio puede llegar la iniquidad de ellos. De la profundidad de la maldad de los demonios nos podemos hacer un esbozo de idea al conocer las tentaciones que ejercen. ?Cu?nta maldad pueden albergar para llegar a extremos tales como incitar a algunos hombres a que torturen a indefensos ni?os durante horas antes de matarlos! ?Qu? frialdad se puede tener para tentar con escr?pulos por meses a personas piadosas hundi?ndolas en el l?mite de la desesperaci?n! Ellos tientan al odio, a la pelea que acabe en mutilaci?n, ellos colaboraron (con la tentaci?n) al auge del nazismo con todas sus consecuencias, desean para nosotros la muerte, la desesperanza, el terror, el sufrimiento. Lo desean con toda frialdad, no existe en ellos el atenuante de ser arrastrados por un momento de pasi?n. Es el mal con toda frialdad, con toda premeditaci?n. Es el mal sin la m?s ligera sombra de arrepentimiento.

Si de todo el cosmos hubiera que elegir algo que mereciera el calificativo de odioso, no dudo que la gente -si los conociera- elegir?a a los demonios. Mas ni siquiera los demonios son odiosos. S?lo es odioso el pecado, los demonios s?lo nos deben merecer pena y compasi?n. Es decir, pena por el pecado que cometieron, y compasi?n en el sentido de tratar de imaginar y hacernos idea del padecimiento que sufren, y ante la comprensi?n de ese abismo de padecimiento venerar sobrecogidos los justos designios de Dios.

Acabo con el or?culo del profeta Ezequiel que la tradici?n de los Santos Padres ha referido a Satan?s:


Tu eras el sello de la perfecci?n, lleno de sabidur?a y acabada belleza;
en el Ed?n, jard?n espl?ndido, habitabas;
toda suerte de piedras preciosas eran tu vestido (...)
T? eras un querub?n consagrado como protector,
Yo te hab?a establecido tal;
estabas en la monta?a santa de Dios
y te paseabas en medio de piedras de fuego,
hasta que se descubri? en ti la iniquidad. (...)
Se engri? tu coraz?n por tu belleza,
echaste a perder tu sabidur?a por tu esplendor. (...)
He hecho brotar un fuego de en medio de ti, que te ha devorado

Ez 28, 12 y siguientes

Autor: Padre Fortea
Transcrito por: Cristobal AGuilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 0:19  | Los Exorcismos
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