Lunes, 06 de septiembre de 2010

LA IGLESIA Y LA REVOLUCI?N FRANCESA

La situaci?n de la Hacienda francesa, ya muy trastornada bajo el gobierno de Luis XIV, hab?a llegado a ser insostenible durante el largo y funesto gobierno de Luis XV (1715-1774). Para poner remedio al mal, en 1789 Luis XVI se decidi? a convocar los Estados Generales, que no se hab?an reunido desde 1614. Pocos a?os antes, en 1783, se hab?a firmado en Versalles el tratado de paz entre Inglaterra y la nueva Uni?n norteamericana, y en seguida todas las potencias europeas hab?an reconocido el nuevo estado, constituido sobre principios radicalmente democr?ticos. Siguiendo, pues, el ejemplo de Norteam?rica, los Estados Generales franceses se declararon en asamblea nacional constituyente.

En agosto de 1789 fueron proclamados los derechos del hombre, y la naci?n entera fue presa de una oleada de entusiasmo democr?tico. A instancia del obispo de Autun, Talleyrand, la totalidad de los bienes eclesi?sticos fue declarada propiedad nacional (noviembre de 1789), lo que equival?a a una expoliaci?n de la Iglesia en gran estilo. Todas las explosiones sociales siguen la ley de la menor resistencia, y as? vemos que la francesa adopt? desde un principio una direcci?n antieclesi?stica. Si alguien hab?a esperado que por medio de una espont?nea renuncia a los bienes se inducir?a a la Asamblea Nacional a adoptar una actitud menos hostil a la Iglesia, no tard? en poder convencerse de su error.

En febrero de 1790 fueron disueltas las ?rdenes religiosas, en julio se extinguieron cincuenta y uno de los ciento treinta y cuatro obispados antiguos, y se decret? que p?rrocos y obispos deb?an ser elegidos por los municipios. Toda la legislaci?n antirreligiosa fue reunida en la constituci?n civil del clero, y se exigi? a los sacerdotes que la juraran.

De los obispos s?lo cinco prestaron juramento, y de los cien mil cl?rigos juraron cerca de un tercio, aunque muchos luego se retractaron cuando en abril de 1771 el papa declar? il?cito el juramento. La Asamblea Nacional procedi? con gran rigor contra los sacerdotes que se negaban a jurar. Hasta abril de 1793 m?s de tres mil seiscientos fueron encarcelados y deportados, en su mayor?a a Cayena.

Unos cuarenta mil se expatriaron. Su digna actitud les vali? el respeto general, y no s?lo fueron hospitalariamente acogidos en casi todos los pa?ses cat?licos, sino incluso en Inglaterra, donde se refugiaron cerca de cuatro mil. La llegada de estos refugiados no dej? de influir sobre la reconstituci?n de la Iglesia cat?lica inglesa.

En septiembre de 1792 fueron asesinados en las c?rceles de Par?s, adem?s de otros presos, ciento noventa y un sacerdotes no juramentados, entre ellos tres obispos. En 1926 fueron beatificados como m?rtires. El tiempo peor fue el de la Convenci?n (1792-1795). Se promulg? una ley aboliendo el cristianismo, y se reform? el calendario, eliminando los domingos y dem?s fiestas.

En las iglesias profanadas se introdujo un necio culto a la diosa Raz?n, entre repugnantes ceremonias. El gobierno del Directorio (1795-1799) trajo una cierta mejora, y dej? de exigirse de los sacerdotes que juraran la constituci?n civil. Muchos religiosos que hab?an estado escondidos hasta entonces, pudieron reanudar el culto divino. Pero en 1797 hubo una nueva oleada de deportaciones de sacerdotes a Cayena. Entretanto, se iba extendiendo cada vez m?s el dominio pol?tico de la Francia revolucionaria, gracias a las victorias obtenidas en las guerras de coalici?n (1792-1797 y 1799-1802).

Holanda, B?lgica, los territorios alemanes a la izquierda del Rin, Suiza, Italia septentrional y N?poles, fueron uno despu?s de otro o incorporados a Francia o con vertidos en rep?blicas sat?lites. En la paz de Tolentino (febrero de 1797) el papa tuvo que ceder Ferrara, Bolonia y la Roma?a, y pagar adem?s la suma de treinta y siete millones de francos, cantidad exorbitante entonces para un peque?o estado.

A pesar de ello, al a?o siguiente Roma fue ocupada, se proclam? la rep?blica y se apres? al octogenario P?o VI; despu?s de pasearlo como prisionero por el norte de Italia, sin consideraci?n a lo precario de su salud, fue transportado a trav?s de los Alpes hasta Valence, donde falleci? el 22 de agosto de 1799.

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Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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