miércoles, 01 de septiembre de 2010

EL ENTUSIAMO MISIONERO EN AMÉRICA

El asentamiento y propagación de la Iglesia en América no cons­tituyó sólo un éxito misional positivo, sino que además abrió el camino para una completa transformación de la geografía eclesiástica. La muralla que encerraba a la Iglesia en Europa había saltado en pedazos.

Quedaba abierta y libre la ruta hacia la Iglesia universal. Establecióse, además, dentro de la Iglesia un más perfecto equilibrio entre los distintos pueblos. Desde la alta Edad Media había sido casi siempre una sola nación o estado el que había desempeñado el papel hegemónico: Alemania, Francia, España, Francia de nuevo. Pero desde que existían también masas católicas, allende el Atlántico, la supremacía escapó de las manos de los distintos países europeos, y en su lugar se estableció una especie de intercambio y competencia entre ellos.

Hoy día un buen tercio del número total de católicos vive en las dos Américas, sin que a pesar de ello pueda decirse que el centro de gravedad de la Iglesia se haya desplazado al Nuevo Mundo. La Iglesia no está hoy ligada a un centro geográfico, como ocurría en la Edad Media.

Contemporáneamente a la aparición en América de poblaciones católicas, empezó también el avance misional hacia el Sur de Asia, por obra sobre todo de los portugueses. Pero las condiciones eran allí muy distintas, y casi en ningún sitio se obtuvo la conversión de masas como en América. El Asia meridional sigue siendo hoy, si no en todas partes tierra de misión, sí en cambio diáspora.

Los católicos asiáticos constituyen sólo una pequeña fracción de la Iglesia. Mientras América envía hoy sus misioneros a todas las partes del mundo, Asia necesita todavía recibir de fuera la mayor parte de sus sacerdotes. En un sentido, sin embargo, las misiones asiáticas ejercieron una fuerte influencia sobre la historia eclesiástica europea ya desde el siglo XVI: ellas encendieron en Europa el entusiasmo misional, y lo han mantenido vivo.

A ese entusiasmo misional hay que atribuir en parte el aumento de vocaciones religiosas entre la juventud católica durante los siglos XVI y XVII, y aún más en el XIX.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti