martes, 31 de agosto de 2010

LA IGLESIA Y LAS COLONIAS INGLESAS

El primer grupo de inmigrantes católicos desembarcó en 1634 en la recién fundada colonia de Maryland; con él iban dos padres jesuitas. El jefe de la colonia, Cecilio Calver, hijo del converso lord Baltimore, levantó capillas para católicos y protestantes y, aunque él no era católico, se portó con tolerancia. Más tarde, se dictaron leyes que prohibieron también en Maryland, la edificación de iglesias católicas. Los jesuitas tuvieron que montar capillas en sus domicilios privados. También se prohibió la impresión de libros litúrgicos. Los padres copiaron misales manuscritos, de los que aún hoy se conservan ejemplares.

Los católicos de Maryland pertenecían a la jurisdicción del vicario apostólico de Londres. Según un informe enviado por éste a la Propaganda en 1756, había en Maryland unos cuatro mil fieles practicantes, y dos mil en Pennsylvania, atendidos por dieciséis jesuitas. Unos años más tarde calcula que los católicos en ambas colonias suman más de veinte mil. En las demás colonias habría a lo sumo algunos católicos esparcidos aquí y allá. En Nueva York los sacerdotes católicos tenían prohibida la entrada a la ciudad, en la que no podían residir ni temporalmente.

Cuando el ejército francés capituló en Montreal en 1760, el gobernador del Canadá, marqués de Vandreuil, puso como condición la tolerancia religiosa en favor de los católicos franceses que hubieren de estar bajo dominio británico. El gobierno inglés aceptó esta condición en la paz de 1763, por la que todo Canadá y Luisiana hasta el Misisipí pasaba a manos de Inglaterra. De este modo las colonias inglesas recibieron un aumento de casi cien mil católicos, establecidos, además del Canadá, en los actuales estados de Ohio, Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin.

El gobierno inglés no sólo observó fielmente el tratado en lo que respecta a la tolerancia, sino que por el Acta de Quebec de 1774 concedió a las comunidades católicas de los países recién adquiridos la consideración y derechos de personas jurídicas. Ello no fue obstáculo, sin embargo, para que en el sur las pequeñas comunidades fundadas por los españoles en Natchez, Mobile, San Agustín y Pensacola, fueran expropiadas y disueltas.

El Acta de Quebec provocó una tempestad de cólera entre los protestantes intransigentes de las antiguas colonias, y fue uno de los pretextos principales para el estallido de la guerra de la independencia de 1775. Desde el punto de vista americano, fue una desgracia que el movimiento de independencia recibiera de este modo una nota anticatólica, pues motivó que el Canadá se mantuviera al margen de la causa americana. El Canadá, católico en su mayor parte, incorporado a Inglaterra desde unos pocos años antes y no ligado a este país por ningún lazo de tradición, sin duda alguna se hubiera adherido al movimiento independista, de no haber sido por la violenta campaña anticatólica que John Jay y compañeros organizaron, sobre todo desde Nueva York.

A los jefes del movimiento de independencia, al Congreso y al propio Washington, no se les escapaba este hecho. En cuanto Washington se hizo cargo del mando ante Boston, le faltó tiempo para suprimir el «Pope Day», odiosa fiesta anticatólica instituida en conmemoración de la «Conjuración de la pólvora». Cuando en 1776 Benjamín Franklin se trasladó a Quebec para obtener siquiera la neutralidad de los canadienses, se llevó consigo al sacerdote católico Juan Carroll, nacido en América pero vástago de una prestigiosa familia inglesa, destinado a ser más tarde el primer arzobispo de Baltimore. Mas por las conversaciones habidas con el obispo de Quebec y con el clero canadiense, tuvo Carroll que convencerse de que era demasiado tarde.

La guerra de independencia fue conducida con diversas vicisitudes, hasta que al fin consiguió Washington en 1781 encerrar en Yorktown al comandante en jefe inglés, lord Cornwallis, y obligarlo a capitular. Tras difíciles negociaciones se firmó la paz en París en 1783. El Canadá quedó para Inglaterra, y los Estados Unidos obtuvieron todas las tierras hasta el Misisipí. Florida, la costa meridional y el territorio allende el Misisipí siguieron siendo españoles.

Las constituciones de los diversos estados de la Unión eran al principio muy intolerantes. En New Hampshire ningún católico podía ser gobernador, senador o diputado. En New Jersey y en las dos Carolinas los católicos estaban excluidos de todos los cargos oficiales. En Nueva York ni siquiera se les reconocían los derechos de ciudadano. Una plena equiparación jurídica sólo la concedieron desde un principio Pennsylvania, Delaware, Maryland y Virginia.

Pero aunque no desapareciera la hostilidad contra los católicos, semejantes leyes estaban en contradicción con el objetivo declarado de la guerra de la independencia, que era obtener la libertad e igualdad de derechos de todos los americanos; no es de extrañar, por tanto, que no tardaran en ser abolidas. Contribuyó también a este resultado la circunstancia de que las primeras potencias europeas que reconocieron la nueva Unión fueran las naciones católicas Francia y España (1778 y 1779).

Los embajadores y los capellanes de las tropas enviadas en ayuda de los insurgentes celebraban públicamente el culto católico en regiones donde jamás se había visto tal cosa. La constitución de 1787 determinó en el artículo sexto, que los derechos ciudadanos no pueden depender de ninguna confesión religiosa. El Congreso de 1789 declaró la separación de la Iglesia y el Estado, lo cual no era allí equivalente, como en casi todas las demás partes, a la confiscación de los bienes eclesiásticos, antes constituyó para los católicos una positiva garantía de libertad. Además, el congreso de 1791 concedió plena libertad de prensa, palabra y asociación.

La Santa Sede creó un vicariato apostólico especial para los treinta mil católicos que, en números redondos, residían entonces en la Unión y seguían dependiendo del vicariato apostólico de Londres; en 1789 el vicariato fue transformado en el obispado de Baltimore. El primer obispo fue el jesuita Juan Carroll.

 

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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