Martes, 31 de agosto de 2010

EL MONASTERIO DE SANTA CLARA (PALENCIA)

La fundaci?n del Monasterio se remonta a una decisi?n regia de Enrique II de Castilla y su mujer, la reina Juana Manuela, hacia 1378, cuando fue tra?do aqu? un grupo de monjas clarisas de la localidad de Reinoso. Un a?o m?s tarde, con el fallecimiento del monarca, el patronato monacal fue asumido por su sobrino don Alonso Enr?quez, Almirante de Castilla, y la esposa de ?ste, do?a Juana de Mendoza, quienes hacia 1395 iniciaron la construcci?n de la actual Iglesia, proyect?ndola de manera que les sirviera de pante?n. De este monumento funerario, que pudo tener forma de nav?o, no queda ning?n resto.

A principios del siglo XVIII el patronato recobr? su car?cter real al asumirlo la Corona borb?nica en tiempos de Felipe V, como resultado de la huida a Portugal del IX Almirante de Castilla, Juan Tom?s Enr?quez, por negarse a servir como embajador en Francia. En 1802 el patronato pas? a manos de la Casa de Alba. Con la Revoluci?n de 1868, el convento fue exclaustrado y convertido en hospital, debiendo las monjas alojarse en el Real Monasterio de la Consolaci?n en la cercana poblaci?n de Calabazanos, de la misma orden. En 1874, con el derrocamiento de la I Rep?blica, las Clarisas pudieron retornar a su monasterio palentino.

En este monasterio situ? el dramaturgo rom?ntico vallisoletano Jos? Zorrilla la trama de su leyenda Margarita la Tornera.

Palencia - Monasterio de Santa Clara 08.JPG

La iglesia, levantada entre los siglos XIV y XV, tiene planta de cruz griega con triple cabecera absidial, siendo el ?bside central de tres pa?os. El ?xterior de los ?bsides est? reforzado con gruesos contrafuertes y recorrido por cornisas de cincha. En todo el per?metro superior del ?bside central y la nave transversal, directamente bajo el alero del tejado, asoman ventanas de celos?a de inspiraci?n mud?jar, elemento caracter?stico en este tipo de edificios religiosos de clausura. Las b?vedas son de crucer?a compleja y descansan en pilares romboidales con columnillas adosadas para la descarga de las nervaduras.

El acceso al templo, situado en el brazo septentrional de la nave transversal y bajo un ?culo de testero, se hace a trav?s de una portada tardog?tica que presenta arco inferior de tipo carpanel, arco superior apuntado dividido en tres arquivoltas y trasd?s conopial con decoraci?n de cardinas y remate en cogollo; sendas pilastras aciculares y escudos de la familia Enr?quez flanquean la portada, y en el t?mpano, las figuras de Santa Clara, San Francisco y San Miguel; son copias de los originales, llevados en su d?a al Museo Arqueol?gico Nacional. Los arcos est?n decorados con elementos vegetales, animales fant?sticos, demonios y figuras humanas contextualizadas en el Juicio Final.

Cabecera de la iglesia.

En el interior pueden contemplarse varios retablos de los siglos XVI al XVIII. El Retablo de la Capilla Mayor es una mazoner?a de dos cuerpos y tres calles, sin ?tico, elaborada en el recargado estilo barroco de la primera mitad del siglo XVIII por Pedro de Correas. Contiene im?genes de San Miguel, San Rafael, la Anunciaci?n y varios santos franciscaos. En el altar mayor se expone el Sant?simo Sacramento permanentemente.

En la Capilla de San Juan Bautista, en la nave de la Ep?stola (sur) se sit?a el enterramiento de Juan Bautista Montoya, can?nigo de la Catedral de Sevilla y arcediano de Niebla, quien en el siglo XVI escogi? este recinto como pante?n. En la Capilla del Sant?simo Cristo (del que se habla en el siguiente ep?grafe) se sit?an los sepulcros marm?reos de Do?a Mar?a Fern?ndez de Velasco, fundadora del Convento de Clarisas de San Bernardino de Cuenca de Campos (Valladolid), de bulto yacente, y Don Beltr?n de Guevara, se?or de Zorita de la Loma y benefactor del antedicho convento, de bulto orante; los restos de ambos personajes fueron trasladados a este lugar en 1967.

El Monasterio posee, formando parte de la clausura, dos claustros; uno de ellos es una construcci?n moderna, y el otro conserva en dos de sus ?ngulos ricos decorados del siglo XV.

La iglesia del Monasterio est? abierta a fieles y visitantes todos los d?as ininterrumpidamente desde las 8,30 a las 20,00 h.

?El Sant?simo Cristo de las Claras

Esta venerada talla de madera de bulto yacente de 1,40 m. de largo, hoy metida en una urna de cristal y situada en una capilla a la que da nombre en el lado del Evangelio (norte) a los pies del templo, junto al coro de las monjas, atesora un rico acervo de mitos y leyendas populares que durante seis siglos ha alimentado su impresionante patetismo. Sus caracter?sticas f?sicas, con miembros articulados e implantes naturales de u?as de asta de vacuno y pelo humano, y estil?sticas, recre?ndose su an?nimo autor en el rictus ag?nico del rostro y en la profusi?n de heridas, laceraciones y regueros de sangre, emparentan a este Cristo palentino, formalmente una composici?n art?stica mediocre, con otros cristos singulares de la imaginer?a devocional espa?ola (como el igualmente c?lebre Sant?simo Cristo de Burgos, sito en una capilla espec?fica en la Catedral de Burgos, trat?ndose en este caso de un Crucificado cubierto con faldones), todos los cuales comparten fama milagrera y un origen, seg?n los especialistas, en la Alemania o el Flandes del siglo XIV.

Talla del Cristo de las Claras, tras su restauraci?n.

El aura milagrosa del Cristo de las Claras, tambi?n llamado de la Buena Muerte, empieza con su mismo descubrimiento. La leyenda tradicional narra su hallazgo, metido en una urna, flotando en el mar Mediterr?neo y emitiendo un resplandor sobrenatural, por la flota del Almirante Alonso Enr?quez en torno a los a?os 1407-1410, durante la guerra contra los moros marroqu?es. El Almirante dispuso que la imagen sagrada fuera llevada al pueblo palentino de Palenzuela, donde ejerc?a se?or?o, para darle all? culto. Una vez la nave lleg? a puerto, fue escoltada por caballeros y soldados para ser conducida a Palenzuela, pero al llegar al pueblo cerrate?o de Reinoso, frente al castillo que hab?a servido de monasterio a las monjas Clarisas ahora instaladas en Palencia, se detuvo el animal que portaba el Cristo sin que hubiera forma de hacerle seguir adelante. Los presentes dedujeron ser voluntad divina que la imagen recibiera culto en el Monasterio de Santa Clara de Palencia, lo que qued? confirmado al comprobar que el animal, dejado a su arbitrio, se dirigi? con su carga a aquel lugar.

Desde entonces, la tremendista imagen dio lugar a numerosos relatos de prodigios y milagros, algunos m?s bien tenebrosos. Se cuenta que en 1592 el rey Felipe II, en su visita a Palencia, lo contempl? y exclam?: "Si no tuviera fe, creyera que este era el mismo cuerpo de Cristo que hab?a padecido al arbitrio de la malicia; pero s? y creo que resucit? y esta es su imagen; pero tan parecida que estando difunto le retrata al vivo". Una leyenda remonta a una noche de 1666 la s?bita transformaci?n del cuerpo, pasando de tener las manos cruzadas sobre el pecho -pretendidamente, su postura original- a tenerlas extendidas sobre la lauda sepulcral. Relatos como ?ste alimentaron la creencia supersticiosa en un cuerpo al que le crec?an el pelo y las u?as, los cuales ser?an cortados peri?dicamente por la misma abadesa del Monasterio, y que corresponder?a de hecho a una momia humana. A principios del siglo XX el Cristo inspir? a Miguel de Unamuno, que le dedic? un poema. Hasta hace pocos a?os el Cristo se encontraba en una precaria situaci?n por la mucha suciedad acumulada y la abundancia de desperfectos.

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Fuente: Wikipedia

Transcrito por: Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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