JESÚS EL MANANTIAL DE AGUA VIVA
El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, puesto en pie,
gritó: "El que tenga sed, que se acerque a mí; el que crea en mí, que
beba. Como dice la Escritura: De su seno manarán ríos de agua viva".
Esto lo decía refiriéndose al espíritu que iban a recibir los que
creyeran en él» (Jn 7,37-39; Jn 4,10-15).
El tema del agua sale con frecuencia en el Antiguo Testamento.
Así, aparece como instrumento de purificación de la lepra (Lev 14,8),
del que tocaba un cadáver, de la impureza sexual (Lev 14,8).
Todas las purificaciones significaban la limpieza interior
para acercarse a Yavé, el santo de los santos. Se pasaba de la
purificación del cuerpo a la purificación del corazón.
En el Nuevo Testamento adquiere mayor significación:
Jesucristo, fuente de agua viva. El tema del agua viva, al
igual que el de la luz, es frecuente en el evangelio de Juan, y siempre
con carácter simbólico.
En el último día, el día de la gran fiesta de los
Tabernáculos, cuando la jarra de oro se llenaba con el agua de la mente
de Siloé, Jesús, poniéndose en pie, dijo a voz en grito: «El que tenga
sed, que se acerque a mí». La roca de la que mana el agua que apaga la
sed del pueblo simboliza a Cristo, fuente de donde brota el agua de su
palabra e innumerables dones.
«¡Qué bien sé yo la fonte do mana y corre!», dice san Juan de la Cruz.
El agua viva es el Espíritu. Alude al Espíritu Juan: «"El que
tenga sed que se acerque a mí; el que crea en mí, que beba. Como dice la
Escritura: De su seno manarán ríos de agua viva". Esto lo decía
refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él» (Jn
7,37-39). El Espíritu, con todos sus dones, es el agua viva que riega
las almas para su santificación.
Las aguas del bautismo. El simbolismo baila su pleno
significado en el santo bautismo, donde se da la purificación profunda y
radical del corazón del que aleja las tinieblas del pecado. El agua y
el Espíritu Lacen renacer en el corazón la vida divina de Lijos de Dios,
con la infinita fecundidad de todos los dones
(Mt 3,11-12).
Como la samaritana, te pido: Dame de esa agua, oh Cristo, fuente de agua viva, para que nunca más tenga sed.
Fdo. Cristobal Aguilar.
