JESÚS EL SALVADOR DEL HOMBRE
Y el ángel le dijo: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a
María, tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Dará a luz un nijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a
su pueblo ele los pecados" (Mt 1,21-22).
¿ Y cómo nos salva Jesús?
En ningún otro nombre podemos encontrar la salvación, sino en
el nombre de Jesús, el cual nos trae el perdón de nuestros pecados, la
liberación de nuestras opresiones y ataduras egoístas, la salvación
interior y exterior del nombre.
Juan Pablo II decía: «¡Abrid, abrid de par en par las puertas a
Cristo! Abrid a su poder salvador los estados, los sistemas económicos y
políticos... Sólo él tiene palabras de vida, ¡sí!, de vida eterna».
Jesús, en cuanto hijo de Dios, no sólo se une sustancialmente
con una naturaleza individual humana y se da gratuitamente a esa
naturaleza sin mérito anterior de esta misma naturaleza, sino que,
verdadero Dios y verdadero hombre, asume a toda la humanidad como
verdadero cuerpo suyo. Jesús nos salva porque corresponde en toda su
vida y en la muerte a la voluntad santísima de Dios y a su amor gratuito
e incondicional. Jesús rué siempre fiel a Dios y a los hombres.
Diríamos que toda la humanidad e incluso toda la creación ha
correspondido, en Jesús, al amor incondicional y gratuito que Dios
derramó en ella.
¿Fue necesario para nuestra salvación que Jesús muriera en la
cruz? ¿No podía habernos redimido con una sola palabra o una simple
sonrisa? Hemos de responder afirmativamente: Jesús pudo redimirnos con
una sola palabra o con una sonrisa. Pudo poner en esa sonrisa toda la
sumisión y amor al Padre, y esto hubiera sido redentor. Además los actos
de Cristo son de infinito valor, y por ello un solo acto de Cristo
tiene valor infinito para nuestra salvación. Mas Jesús, viviendo la vida
encarnada en radical compromiso con la liberación del hombre en un
mundo de pecado y constituyéndose en destructor de todas las barreras y
ataduras sociales, políticas e incluso religiosas que aprisionan al
hombre, habría de desembocar en el patíbulo de la cruz. Dios Padre no
quería la muerte en la cruz de su hijo; sólo quería el amor de su hijo. Y
Jesús, por el amor a su Padre y por ser riel al hombre, fue llevado a
la cruz como manso cordero.
El hombre se realiza como hombre siendo, como Jesús, fiel a
Dios y comprometiéndose en la lucha de liberación del hombre en todo lo
que no le deja ser hombre.
Fdo. Cristobal Aguilar.
