Mi?rcoles, 25 de agosto de 2010

LA COMUNI?N Y EL AMOR

Como t?, Padre, en m? y yo en ti, que ellos tambi?n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t? me has enviado (Jn 17,21).

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Dif?cilmente se puede madurar sin vivir la fe comunitariamente; por ejemplo: entroncado en una parroquia, en un grupo de vivencia cristiana, en una orden religiosa, etc. No puede suceder lo que me dec?a una persona en cierta ocasi?n: ?Yo me entiendo bien con Dios, pero me entiendo muy mal con el pr?jimo?.

Dios, en cambio, se identifica, se nace presente en aquellos que viven intentando tener ?un solo coraz?n y una sola alma? con el pr?jimo.

Dios se nace presente cuando uno se deja crucificar por el amor; esto es, cuando crucifica su amor propio, sus celos, sus envidias, sus instintos primarios y sus sentimientos ego?stas por no destruir la comuni?n.

La aceptaci?n oblativa y generosa de los que viven en relaci?n con nosotros y tienen ideolog?as distintas, caracteres distintos e incluso son personas dif?ciles y que nos nacen sufrir, es lo que nos nace madurar m?s r?pidamente, pues conlleva el vivir la cruz en el aspecto doloroso de una relaci?n dif?cil con el hermano. Abre tus ojos y m?rate a ti mismo y lo que pasa a tu alrededor...

El amor abarca:

? La correcci?n fraterna. Esta implica corregir al hermano que peca, e igualmente dejarse corregir. La verdadera correcci?n fraterna, necesaria para la buena marcha de la comunidad y para evitar el posible esc?ndalo, ha de ser no para ?echar en cara? y humillar, sino para corregir con amor, sin sacar ?trapos sucios? en la comunidad, sin nacer juicios gratuitos de intenciones. S?lo el amor, la disculpa y el perd?n fraternal logran los buenos frutos de la correcci?n fraterna. Pero, ?ojo!, ?estamos bien dispuestos para ser corregidos y aceptar con humildad y agradecimiento la correcci?n propia cuando nos la hagan?

? El perd?n incondicionado a semejanza del perd?n de Dios. Jes?s nos dijo que hab?a que perdonar setenta veces siete ?y nos lo expres? gr?ficamente en la par?bola del siervo sin entra?as?. En ella estamos retratados nosotros, que recibimos generos?simamente el perd?n de Dios y luego somos infinitamente taca?os a la hora de dar nuestro perd?n. Siempre nuestro referente ha de ser la actuaci?n de Dios con nosotros.

Fdo. Cristobal Aguilar.

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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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