Jueves, 12 de agosto de 2010

EL PECADO DE LOS DEMONIOS

Al hablar del pecado de los demonios es imprescindible trascribir las p?ginas de una monja concepcionista del siglo XVII, la Venerable Sor Mar?a de Jes?s de Agreda (1602-1665+), quien afirm? haber recibido revelaciones sobre este punto. La obra donde se habla de estas revelaciones fue titulada La M?stica Ciudad de Dios. No deja de ser sorprendente meditar estos p?rrafos escritos por una humilde monja que jam?s curs? estudios de teolog?a. Es impresionante observar como las m?s complejas y profundas cuestiones de la demonolog?a fueron reveladas por Dios a esta humilde monja. Colocamos a continuaci?n todos los pasajes esenciales referidos al pecado de los demonios:

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M?stica Ciudad de Dios

lib 1, cap 7, n. 82
De la tierra, dice Mois?s, que estaba vac?a, y no lo dice del cielo; porque en ?ste cri? los ?ngeles en el instante cuando dice Mois?s: Dijo Dios: sea hecha la luz, y fue hecha la luz; porque no habla s?lo de la luz material, sino tambi?n de las luces ang?licas o intelectuales. Y no hizo m?s clara memoria de ellos que significarlos debajo de este nombre, por la condici?n tan f?cil de los hebreos en atribuir la divinidad a cosas nuevas y de menor aprecio que los esp?ritus ang?licos; pero fue muy leg?tima la met?fora de la luz para significar la naturaleza ang?lica, y m?sticamente la luz de la ciencia y gracia con que fueron iluminados en su creaci?n.

Hab?a de dividir luego el Se?or la luz de las tinieblas y llamar a la luz d?a y las tinieblas noche; y no s?lo sucedi? esto entre la noche y d?a naturales, pero entre los ?ngeles buenos y malos, que a los buenos dio la luz eterna de su vista, y la llam? d?a, y d?a eterno; y a los malos llam? noche del pecado y fueron arrojados en las eternas tinieblas del infierno; para que todos entendamos cu?n juntas anduvieron la liberalidad misericordiosa del criador y vivificador y la justicia de rect?simo juez en el castigo.

n. 83
Fueron los ?ngeles criados en el cielo emp?reo y en gracia, para que con ella precediera el merecimiento al premio de la gloria; que aunque estaban en el lugar de ella, no se les hab?a mostrado la divinidad cara a cara y con clara noticia, hasta que con la gracia lo merecieron los que fueron obedientes a la voluntad divina. Y as? estos ?ngeles santos, como los dem?s ap?statas, duraron muy poco en el primer estado de viadores; porque la creaci?n, estado y t?rmino, fueron en tres estancias o m?rulas divididas con alg?n intervalo en tres instantes. En el primero fueron todos criados y adornados con gracia y dones, quedando hermos?simas y perfectas criaturas. A este instante se sigui? una m?rula, en que a todos les fue propuesta e intimada la voluntad de su Criador, y se les puso ley y precepto de obrar, reconoci?ndole por supremo Se?or, y para que cumpliesen con el fin para que los hab?a criado. En esta m?rula , estancia o intervalo sucedi? entre San Miguel y sus ?ngeles, con el drag?n y los suyos aquella gran batalla que dice san Juan en el cap. 12 del Apocalipsis; y los buenos ?ngeles, perseverando en gracia, merecieron la felicidad eterna y los inobedientes, levant?ndose contra Dios, merecieron el castigo que tienen.

n. 84
Y aunque en esta segunda m?rula pudo suceder todo muy brevemente, seg?n la naturaleza ang?lica y en el poder divino, pero entend? que la piedad del Alt?simo se detuvo algo y con alg?n intervalo les propuso el bien y el mal, la verdad y falsedad, lo justo y lo injusto, su gracia y amistad y la malicia del pecado y enemistad de Dios, el premio y el castigo eterno y la perdici?n para Lucifer y los que le siguiesen; y les mostr? Su Majestad el infierno y sus penas y ellos lo vieron todo, que en su naturaleza tan superior y excelente todas las cosas se pueden ver, como ellas en s? mismas, siendo criadas y limitadas; de suerte que, antes de caer de la gracia, vieron claramente el lugar del castigo. Y aunque no conocieron por este modo el premio de la gloria, pero tuvieron de ella otra noticia y la promesa manifiesta y expresa del Se?or, con que el Alt?simo justific? su causa y obr? con suma equidad y rectitud. Y porque toda esta bondad y justificaci?n no bast? para detener a Lucifer y a sus secuaces, fueron, como pertinaces, castigados y lanzados en el profundo de las cavernas infernales y los buenos confirmados en gracia y gloria eterna. Y esto fue todo en el tercer instante, en que se conoci? de hecho que ninguna criatura, fuera de Dios, es impecable por naturaleza.

n.85
Y seg?n el mal afecto que de presente tuvo entonces Lucifer, incurri? en desordenad?simo amor de s? mismo; y le naci? de verse con mayores dones y hermosura de naturaleza y gracias que los otros ?ngeles inferiores. En este conocimiento se detuvo demasiado; y el agrado que de s? mismo tuvo le retard? y entibi? en el agradecimiento que deb?a a Dios, como a causa ?nica de todo lo que hab?a recibido. Y volvi?ndose a remirar, agrad?se de nuevo de su hermosura y gracias y adjudic?selas y am?las como suyas; y este desordenado afecto propio no s?lo le hizo levantarse con lo que hab?a recibido de otra suprior virtud, pero tambi?n le oblig? a envidiar y codiciar otros dones y excelencias ajenas que no ten?a. Y porque no las pudo conseguir, concibi? mortal odio e indignaci?n contra Dios, que de la nada le hab?a criado, y contra todas sus criaturas.

n. 86
De aqu? se originaron la desobediencia, presunci?n, injusticia, infidelidad, blasfemia y un casi alguna especie de idolatr?a, porque dese? para s? la adoraci?n y reverencia debida a Dios. Blasfem? de su divina grandeza y santidad, falt? a la fe y lealtad que deb?a, pretendi? destruir todas las criaturas y presumi? que podr?a todo esto y mucho m?s; y as? siempre su soberbia sube y persevera, aunque su arrogancia es mayor que su fortaleza, porque en ?sta no puede crecer y en el pecado un abismo llama a otro abismo. El primer ?ngel que pec? fue Lucifer, como consta del cap?tulo 14 de Isa?as, y este indujo a otros a que le siguiesen; y as? se llama pr?ncipe de los demonios, no por naturaleza, que por ella no pudo tener este t?tulo, sino por la culpa. Y no fueron los que pecaron de s?lo un orden o jerarqu?a, sino de todas cayeron muchos.

n. 87
Y para manifestar, como se me ha mostrado qu? honra y excelencia fue la que con soberbia apeteci? y envidi? Lucifer, advierto que, como en las obras de Dios hay equidad , peso y medida, antes que los ?ngeles se pudiesen inclinar a diversos fines determin? su providencia manifestarles inmediatamente despu?s de su creaci?n el fin para que los hab?a criado de naturaleza tan alta y excelente. Y de todo esto tuvieron ilustraci?n en esta manera:
Lo primero, tuvieron inteligencia muy expresa del ser de Dios, uno en sustancia y trino en personas, y recibieron precepto de que le adorasen y reverencias en como a su Criador y sumo Se?or, infinito en su ser y con alguna diferencia; porque los ?ngeles buenos obedecieron por amor y justicia, rindiendo su afecto de buena voluntad, admitiendo y creyendo lo que era sobre sus fuerzas y obedeciendo con alegr?a; pero Lucifer se rindi? por parecerle ser lo contrario imposible. Y no lo hizo con caridad perfecta, porque dividi? la voluntad en s? mismo y en la verdad infalible del Se?or; y esto le hizo que el precepto se le hiciese algo violento y dificultoso y no cumplirle con afecto lleno de amor y justicia; y as? se dispuso para no perseverar en ?l: y aunque no le quit? la gracia esta remisi?n y tibieza en obrar estos primeros actos con dificultad, pero de aqu? comenz? su mala disposici?n, porque tuvo alguna debilidad y flaqueza en la virtud y esp?ritu y su hermosura no resplandeci? como deb?a. Y a mi parecer, el efecto que hizo en Lucifer esta remisi?n y dificultad fue semejante al que hace en el alma un pecado venial advertido; pero no afirmo que pec? venial ni mortalmente entonces, porque cumpli? el precepto de Dios; mas fue remiso e imperfecto este cumplimiento y m?s por compelerle la fuerza de la raz?n que por amor y voluntad de obedecer; y as? se dispuso a caer.

n. 88
En segundo lugar, les manifest? Dios hab?a de criar una naturaleza humana y criaturas racionales inferiores, para que amasen, temiesen y reverenciasen a Dios, como a sus autor y bien eterno, y que a esta naturaleza hab?a de favorecer mucho; y que la segunda persona de la misma Trinidad sant?sima se hab?a de humanar y hacerse hombre, levantado a la naturaleza humana a la uni?n hipost?tica y persona divina, y que a aquel supuesto hombre y Dios hab?an de reconocer por cabeza, no s?lo en cuanto Dios, pero juntamente en cuanto hombre, y le hab?an de reverenciar y adorar; y que los mismos ?ngeles hab?an de ser sus inferiores en dignidad y gracias y sus siervos. Y les dio inteligencia de la conveniencia y equidad, justicia y raz?n, que en esto hab?a; porque la aceptaci?n de los merecimientos previstos de aquel hombre y Dios les hab?a merecido la gracia que pose?an y la gloria que poseer?an; y que para gloria de El mismo hab?a sido criados ellos y todas las otras criaturas lo ser?an, porque a todas hab?a de ser superior; y todas las que fuesen capaces de conocer y gozar de Dios, hab?an de ser pueblo y miembros de aquella cabeza, para reconocerle y reverenciarle. Y de todo esto se les dio luego mandato a los ?ngeles.

n.89
A este precepto todos los obedientes y santos ?ngeles se rindieron y prestaron asenso y obsequio con humilde y amoroso afecto de toda su voluntad; pero Lucifer con soberbia y envidia resisti? y provoc? a los ?ngeles, sus secuaces, a que hicieran lo mismo, como de hecho lo hicieron, sigui?ndole a ?l y desobedeciendo al divino mandato. Persuadi?les el mal Pr?ncipe que ser?a su cabeza y que tendr?an principado independiente y separado de Cristo. Tanta ceguera pudo causar en un ?ngel la envidia y soberbia y un afecto tan desordenado, que fuese causa y contagio para comunicar a tantos el pecado.

n.90
Aqu? fue la gran batalla, que san Juan dice sucedi? en el cielo; porque los ?ngeles obedientes y santos, con ardiente celo de defender la gloria del Alt?simo y la honra del Verbo humanado previsto pidieron licencia y como benepl?cito al Se?or para resistir y contradecir al drag?n, y les fue concedido este permiso. Pero sucedi? en esto otro misterio: que cuando se les propuso a todos los ?ngeles que hab?an de obedecer al Verbo humanado, se les puso otro tercero precepto, de que hab?an de tener juntamente por superiora a una mujer, en cuyas entra?as tomar?a carne humana este Unig?nito del Padre; y que esta mujer hab?a de ser su Reina y de todas las criaturas y que se hab?a de se?alar y aventajar a todas, ang?licas y humanas, en los dones de gracia y gloria. Los buenos ?ngeles, en obedecer este precepto del Se?or, adelantaron y engrandecieron su humildad y con ella le admitieron y alabaron el poder y sacramentos del Alt?simo; pero Lucifer y sus confederados, con este precepto y misterio, se levantaron a mayor soberbia y desvanecimiento; y con desordenado furor apeteci? para s? la excelencia de ser cabeza de todo el linaje humano y ?rdenes ang?licos y que, si hab?a de ser mediante la uni?n hipost?tica, fuese con ?l.

n.91
Y en cuanto al ser inferior a la Madre del Verbo humanado y Se?ora nuestra, lo resisti? con horrendas blasfemias, convirti?ndose en desbocada indignaci?n contra el Autor de tan grandes maravillas; y provocando a los dem?s, dijo este drag?n: Injustos son estos preceptos y a mi grandeza se le hace agravio; y a esta naturaleza, que t?, Se?or, miras con tanto amor y propones favorecerla tanto, yo la perseguir? y destruir? y en esto emplear? todo mi poder y cuidado. Y a esta mujer, Madre del Verbo, la derribar? del estado en que la prometes poner y a mis manos perecer? tu intento.

n.92
Este soberbio desvanecimiento, enoj? tanto al Se?or, que humillando a Lucifer le dijo: Esta mujer, a quien no has querido respetar, te quebrantar? la cabeza y por ella ser?s vencido y aniquilado. Y si por tu soberbia entrare la muerte en el mundo, por la humildad de esta mujer entrar? la vida y la salud de los mortales; y de su naturaleza y especie de estos dos gozar?n el premio y coronas que t? y tus secuaces hab?is perdido. -Y a todo esto replicaba el drag?n con indignada soberbia contra lo que entend?a de la divina voluntad y sus decretos; amenazaba a todo el linaje humano. Y los ?ngeles buenos conocieron la justa indignaci?n del Alt?simo contra Lucifer y los dem?s ap?statas y con las armas del entendimiento, de la raz?n y verdad peleaban contra ellos.

cap 8, n. 103
Y fue vista en el cielo otra se?al: vi?se un drag?n grande y rojo, que ten?a siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en sus cabezas; y con la cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arroj? en la tierra. Despu?s de lo que est? dicho, se sigui? el castigo de Lucifer y sus aliados. Porque a sus blasfemias contra aquella se?alada mujer, se sigui? la pena de hallarse convertido de ?ngel hermos?simo en drag?n fiero y fe?simo, apareciendo tambi?n la se?al sensible y exterior figura. Y levant? con furor siete cabezas, que fueron siete legiones o escuadrones, en que se dividieron todos los que le siguieron y cayeron; y a cada principado o congregaci?n de ?stas le dio su cabeza, oreden?ndoles que pecasen y tomasen por su cuenta incitar y mover a los siete pecados mortales, que com?nmente se llaman capitales, porque en ellos se contienen los dem?s pecados y son como cabezas de los bandos que se levantan contra Dios. Estos son soberbia, envidia, avaricia, ira, lujuria, gula y pereza; que fueron las siete diademas con que Lucifer convertido en drag?n fue coronado, d?ndole el Alt?simo este castigo y habi?ndolo negociado ?l, como premio de su horrible maldad, para s? y para sus ?ngeles confederados; que a todos fue se?alado castigo y penas correspondientes a su malicia y a haber sido autores de los siete pecados capitales.

n. 104
Los diez cuernos de las cabezas son los triunfos de la iniquidad y malicia del drag?n y la glorificaci?n y exaltaci?n arrogante y vana que ?l se atribuye a s? mismo en la ejecuci?n de los vicios. Y con estos depravados afectos, para conseguir el fin de su arrogancia, ofreci? a los infelices ?ngeles su depravada y venenosa amistad y fingidos principados, mayor?as y premios. Y estas promesas, llenas de bestial ignorancia y error, fueron la cola con que el drag?n arrastr? la tercera parte de las estrellas del cielo; que los ?ngeles estrellas eran y, si perseveraran, lucieran despu?s con los dem?s ?ngeles y justos, como el sol, en perpetuas eternidades; pero arroj?los el castigo merecido en la tierra de su desdicha hasta el centro de ella, que es el infierno, donde carecer?n eternamente de luz y de alegr?a.

cap 9, n. 106
Y sucedi? en el cielo una gran batalla: Miguel y sus ?ngeles peleaban con el drag?n, y el drag?n y sus ?ngeles peleaban. Habiendo manifestado el Se?or lo que est? dicho a los buenos y malos ?ngeles, el santo pr?ncipe Miguel y sus compa?eros por el divino permiso pelearon con el drag?n y sus secuaces. Y fue admirable esta batalla, porque se peleaba con los entendimientos y voluntades.

n.107
Con estas armas peleaban San Miguel y sus ?ngeles y combat?an como con fuertes rayos al drag?n y a los suyos, que tambi?n peleaban con blasfemias; pero a la vista del santo Pr?ncipe, y no pudiendo resistir, se deshac?a en furor y por su tormento quisiera huir, pero la voluntad divina orden? que no s?lo fuese castigado sino tambi?n fuese vencido, y a su pesar conociese la verdad y poder de Dios; aunque blasfemando, dec?a: Injusto es Dios en levantar a la humana naturaleza sobre la ang?lica.
(...) Pero San Miguel le replic?: ?Qui?n hay que se pueda igualar y comparar con el Se?or que habita en los cielos?

libro I, cap 9, n110
El que en su pensamiento her?a a las gentes, fue tra?do a los infiernos, como dice Isa?as, cap?tulo 14, a lo profundo del lago, y su cad?ver entregado a la carcoma y gusano de su mala conciencia; y se cumpli? en Lucifer todo cuanto dice en aquel lugar el profeta Isa?as, cap?tulo 14.

Fuente: Padre Fortea.
Transcrito por: Cristobal AGuilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 2:18  | Los Demonios
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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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