domingo, 08 de agosto de 2010

EL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO Y LA CONVERSIÓN INTERNA

«Convertíos, porque está cerca el reino de Dios» (Mt 3,2; 4,17).


Los evangelios nos recuerdan frecuentemente el tema de la conversión, tema que está asimismo presente en todo el Antiguo Testamento.
¿Qué significa convertirse? Significa cambiar sustancialmente el rumbo de nuestra vida. Dejar de ser lo que éramos para adquirir nueva personalidad. Dejar el pecado y el reino de las tinieblas, para adentrarnos en el reino de la luz y las buenas obras.
Triple conversión
• Del pecado original a la gracia por el santo bautismo.
• De una vida de pecado a una vida de gracia.
• De una vida tibia a una vida de entrega y santidad.
Triple visión de la cruz: hay tres maneras de ver la cruz de Cristo:
• Visión judía: «Es maldito de Dios el que cuelga de un árbol»... (Dt 21,23).
• Visión pagana greco-romana: la crucifixión era un suplicio reservado a los esclavos.
• Visión cristiana: «En la cruz está clavada la salvación del mundo»... Esta visión implica una verdadera conversión en cuanto a la visión que podemos tener de la cruz. «Dios me libre de gloriarme más que de la cruz de nuestro Señor Jesucristo»... (Gál 6,14).
¿Qué necesitamos para convertirnos?
1. La gracia. Dice el profeta: «Conviérteme, Señor, y me convertiré»...
2. Conocernos a nosotros mismos. Hacer una introspección para ver nuestra situación espiritual. Hoy tenemos aparatos que aceleran inmensamente los medios del conocimiento, pero ¿conocemos la verdad interior de nuestra realidad? Conócete a ti mismo. Nadie se conoce bien si no conoce a Dios. Por eso san Agustín, gran convertido, pedía a Dios: «Que te conozca a ti y me conozca a mí».
3. Adherirnos a la vida de Jesucristo: «Vivid como hijos de la luz», «tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2,5).

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti