Mi?rcoles, 04 de agosto de 2010

LA IGLESIA Y LA COLONIZACI?N DE AM?RICA

Es pr?cticamente imposible hacer, con visos de verosimilitud, una estimaci?n de la poblaci?n ind?gena americana en el tiempo del descubrimiento. A falta de cifras sobre el n?mero de los llamados ?indios? (pueblos probablemente inmigrados del Asia), estamos reducidos a las impresiones de los descubridores y conquistadores.

Pero sus c?lculos son muy poco de fiar, pues a la tradicional incapacidad de los antiguos de hacer evaluaciones demogr?ficas vienen a a?adirse aqu? otras fuentes de error: los conquistadores espa?oles estaban impresionados por la gran superioridad num?rica del enemigo con que se enfrentaban; as? cuando Cort?s, con apenas tres mil hombres, emprendi? la conquista de todo el imperio azteca. El af?n de gloria hizo exagerar hasta cifras desorbitadas la importancia de las multitudes vencidas, del mismo modo que los misio?neros se dejaban llevar por su entusiasmo al relatar las conversiones en masa. Seg?n uno de estos relatos, de 1526 a 1540 los franciscanos bautizaron, s?lo en M?jico, a m?s de nueve millones de personas, o sea casi el mismo n?mero de habitantes que entonces ten?a Espa?a.

Igualmente exageradas son las espeluznantes noticias dadas por Las Casas, como la de que en Hait? desde 1514 la poblaci?n descendi? de tres millones a catorce mil almas, por efecto de la crueldad de los conquistadores. Hemos de convenir, pues, que las evaluaciones globales sobre la poblaci?n de la Am?rica latina pecan veros?milmente por exceso.

Los historiadores tienden a cometer el mismo error ante la impresi?n en ellos producida por las culturas de los aztecas, mayas e incas. El historiador de hoy se inclina demasiado a medir las cosas con patrones modernos, y no le cabe en la cabeza que un estado civilizado pueda subsistir sin una poblaci?n de algunos millones. Con respecto a Norteam?rica, en las estimaciones de los historiadores puede influir un factor inverso: el af?n de quitar importancia a la aniquilaci?n de los ind?genas por los colonizadores blancos, lo cual les inclina a disminuir las cifras.

Lo m?s que podemos decir, por tanto, y sin pretender ser precisos, es lo siguiente: En M?jico y Per?, ?nicas regiones ocupadas por una poblaci?n ind?gena de una cierta densidad, debieron de vivir unos pocos millones de personas. Norteam?rica, sin M?jico, deb?a de contar con menos de un mill?n de habitantes, y no mucho m?s Sudam?rica, dejando aparte el Per?. Por consiguiente, en el momento de su descubrimiento, podemos decir que el Nuevo Mundo estaba casi despoblado. No es, pues, justificado hablar, como a menudo se hace, de los indios como si fueran los se?ores leg?timos de aquellas tierras. Esto puede ser verdad, a lo sumo, para M?jico y Per?, mas no para el resto del pa?s.

Un pu?ado de hombres no est? en situaci?n de ocupar millones de kil?metros cuadrados de tierras, ni de sacar provecho de ellas. Esto no excluye que los indios pudieran ser, en algunas partes, lo bastante numerosos para crear graves dificultades a los nuevos colonizadores, como los iroqueses en el Canad? y los guaran?es junto al Paran?. Adem?s, la escasa densidad de la poblaci?n india en modo alguno puede servir para disculpar las numerosas injusticias y crueldades de que casi en todas partes se les hizo v?ctimas en tiempos de la colonizaci?n.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 13 de octubre de 2010 | 15:10

les falta negar el holocausto y la humanidad encajaria perfectamente en sus teoricos marcos de justicia y paz.

la iglesia, mas que ninguna otra entidad, esta manchada de sangre. la historia asi lo dice. 

 
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