LA INTERCESIÓN DE LA VÍRGEN EN LAS BODAS DE CANÁ
«Tres días después se celebraría una boda en Caná de Galilea y estaba
allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus
discípulos. Y, como faltaba vino, le dice María a su hijo: "No tienen vino..."» (Jn 2,1-12).
Es una boda de una humilde pareja de muchachos de Caná. Los festejos de boda en tiempos de Jesús duraban varios días: siete, si las familias eran ricas. La celebraban en las casas, que eran —en aquel entonces— muy pequeñas y con un patio. En esas casas se celebraba lo religioso, el banquete y los bailes.
Jesús no podía presentarse a la boda y sus alegrías como «aguafiestas» de aquellos novios y de todo el cortejo. A Jesús le agrada la alegría ingenua y sencilla de los invitados. El tenía que nacer su regalo... Y se presentó como esposo, alrededor del cual se anunciaba alegría y gozo perpetuo. En una lectura superficial Jesús nace un milagro solicitado por su madre, para evitar el bochorno a los esposos, que no tenían vino suficiente. Pero en un estudio más hondo, esta realidad encierra otra de más maravillosas y profundas significaciones: Jesús se nace visible como el Mesías esperado.
Jesús es el nuevo esposo: «El reino de Dios es como un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo» (Mt 22,2).
El vino mejor (el Antiguo Testamento no podía dar más vino) es el vino superabundante de la Iglesia y la eucaristía.
El agua de aquellas tinajas para purificaciones anuncia lo obsoleto de las antiguas purificaciones, sustituidas por la nueva purificación sacramental.
María es mencionada como «mujer». ¿Qué significa esto? Que se ha formado una nueva familia mesiánica, no fundada en la carne y la sangre, sino en la voluntad del Padre. No es su maternidad física, sino la espiritual lo que contará desde añora.
«Aún no ha llegado mi hora». La hora de la que tantas veces habla Jesús en el evangelio (Jn 7,30) es la hora de manifestarse como Mesías.
María, al decir «Haced lo que él os diga», está enseñando, como Madre espiritual que es, que sigan y obedezcan al Mesías. Así manifestó su gloria Cristo como nuevo Mesías. Allí surgió vigorosamente la nueva familia mesiánica, «y sus discípulos creyeron en él» (Jn 2,11). Aquí comenzó a caminar la nueva Iglesia, el nuevo pueblo.
Fdo. Cristobal AGuilar.
