LAS BIENAVENTURANZAS
«Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra» (Mt 5,4).
Los «mansos» serán más tuertes que los que viven llenos de ira
y violencia. Juntamente con la Bienaventuranza aparece la palabra manso
otras dos veces más en los evangelios, y siempre se refiere a Cristo:
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...» (Mt 11,29);
«Decid a la hija de Sión: ríe aquí que tu rey viene a ti manso...» (Mt
21,5). La bienaventuranza es una cita del Salmo 37,11. El manso es dueño
de sí mismo en orden y tranquilidad.
¿Qué entendemos por manso? Una actitud de Benevolencia hacia
los otros, renunciándose a sí mismo y llevándolo todo con dulzura. La
mansedumbre es un fruto del Espíritu, que abarca el ser condescendiente,
misericordioso y dulce.
Junto a la agria y dura intransigencia de los fariseos, nos
encontramos la actitud humilde y dulce de Jesús, que se convierte en
descanso para los demás.
San Juan Bosco decía que es más fácil airarse y enojarse (en
la educación de los muchachos) que disuadir y corregir pacientemente. Y
nos exhorta a que desechemos toda apariencia de dominio y evitemos toda
violencia y toda ira para atraer y convertir a los jóvenes.
En contra de la mansedumbre está la ira, la cólera y la violencia.
San Juan de la Cruz habla de que algunos pastores y sacerdotes
atacan los vicios ajenos con celo desasosegado y los reprenden
enojadamente, haciéndose como dueños de la virtud de los otros.
Hay frases en la Biblia que dicen cosas parecidas a estas:
«Enciende tu ira y desbarátalos»; «Hará llover sobre los impíos brasas y
azufre» (Sal 11,6). ¿Dios se aíra? ¿Dios entra en cólera como nosotros?
Dios no puede airarse y ser colérico como nosotros, puesto que Dios
hace sin ira y sin cólera lo que la ira y la cólera nos lleva a hacer a
nosotros. «La ira de Dios —dice san Agustín-no es, en El, perturbación
de la mente, sino el juicio asignado al pecado... Dios no se arrepiente
de lo que hace, como ocurre en el hombre, sino que su conocimiento de
una cosa antes de que sea hecha, y su idea de ella cuando está hecha,
son ambos igualmente firmes y rijos. La cólera de Dios está libre de la
perturbación y mutación».
Pocas cosas arrastran tanto y convierten a las personas como el ser mansos.
Fdo. Cristobal Aguilar.
