Lunes, 26 de julio de 2010

LA TENTACI?N DE CRISTO Y LA ADORACI?N DEL MUNDO

?Llev?ndole a una altura, le mostr? en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo el diablo: "de dar? todo el poder y la gloria de estos reinos, porque me lo han entregado a m? y se lo doy a quien quiero. Si me adoras, todo ser? tuyo". Jes?s le respondi?: "Est? escrito: Adorar?s al Se?or tu Dios y s?lo a ?l dar?s culto"? (Le 4,5-8).

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La tentaci?n de la idolatr?a . ?Te dar? todo el poder y la gloria de estos reinos...?. Respondi? Jes?s: ?Adorar?s al Se?or y s?lo a ?l dar?s culto? (Mt 4,7).

Es la tentaci?n de la idolatr?a, que consiste en sustituir a Dios como absoluto bien por ?dolos de tres al cuarto, por el ?dolo de turno, esto es, cualquiera que se te ofrezca.

El nombre ha suplantado a Dios al sentirse due?o y dominador de la naturaleza por medio de la ciencia y la t?cnica moderna. Dios es como si no existiera para ?l. Se prescinde de Dios y de sus normas ?ticas. Se manipula al antojo del nombre la misma naturaleza.

Para el cristiano, Dios es sustituido por los valores de eficacia, el poder del mundo, la riqueza y el f?cil deslizamiento a la sensualidad, la vida c?moda rodeada de los artilugios y cachivaches de la t?cnica moderna sobrevalorada en exceso. Todo esto es una grav?sima tentaci?n a la ?ora de tener como ?nico valor, y valor absoluto, a Dios encarnado en el Cristo pobre y humilde ?var?n de dolores?. S?lo en el crucificado est? la salvaci?n del mundo. ?Shem? (escucha, Israel: amar?s a Dios con todo tu coraz?n...)? (Dt 5,1.6-10).

Cristo experiment? la tentaci?n como algo sustancial con la naturaleza humana, al ser fr?gil y d?bil como la de todo nombre. La tentaci?n nos sit?a en una encrucijada. Cristo acudi? al desierto para orar y ayunar y para clarificar su misi?n, dej?ndose guiar por el Esp?ritu.

Nosotros necesitamos fortalecernos ante la tentaci?n de los ?dolos del mundo: sus riquezas, sus poderes, el deslumbramiento de la t?cnica. Necesitamos ir al desierto para sustituir nuestro aran de dominio por la obediencia, nuestra ceguera por la luz de Dios, nuestra debilidad e inconstancia por la fuerza del Esp?ritu.

Fdo. Cristobal AGuilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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