Lunes, 26 de julio de 2010

EL JANSEN?SMO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

El sabio holand?s Cornelio Jansen, en lat?n Jansenius, obispo de Ypr?s, dej? a su muerte, en 1638, una obra sobre la teolog?a de san Agust?n, en la que ense?aba que la naturaleza humana hab?a quedado totalmente pervertida por el pecado original y que la gracia divina operaba de un modo irresistible, doctrinas que se aproximaban peligrosamente al calvinismo.

El libro fue condenado en 1642 por Urbano VIII. Encontr?, empero, muchos defensores. Siempre ha habido gente que en teolog?a creen que lo m?s elevado es lo m?s verdadero, y que en la moral lo m?s r?gido es lo mejor. Y es natural que tal gente abundara en una ?poca de gran tensi?n espiritual, como la que sin disputa atravesaba Francia en el siglo XVII. Los jansenistas no ten?an la menor intenci?n de separarse de la Iglesia; es m?s, eran exageradamente eclesi?sticos. Su prop?sito era reformar, la Iglesia.

Su centro era el convento de monjas cistercienses de Port Royal, dirigido por la virtuosa abadesa Ang?lica Arnault (? 1661). El hermano de Ang?lica, Antonio Arnault, doctor de la Sorbona (? 1694), era el caudillo espiritual del movimiento. En 1643 public? un libro, que pronto se hizo famoso, Sobre la comuni?n frecuente, en el que se exageraban hasta tal punto los requisitos para la recepci?n de la comuni?n, que entre los janse?nistas lleg? a tenerse por m?s perfecto abstenerse de la eucarist?a por puro respeto ante ella.

Entre la teor?a fundamental de Jansenio, de que el hombre no puede resistir a la gracia divina, y el extremado rigorismo que los jansenistas profesaban en el ascetismo y la moral, no existe ninguna conexi?n l?gica necesaria, sino m?s bien una relaci?n psicol?gica, advertible ya en el hecho de que ambas doctrinas, la moral y la teor?a de la gracia jansenistas, estaban dirigidas contra los jesuitas. Pasaron al campo jansenista todos los que sent?an antipat?a por la Compa??a de Jes?s. El famoso Blas Pascal, en sus Cartas provinciales, que a pesar de todas las censuras fueron le?das en toda Europa, acu?? el t?pico del laxismo jesu?tico, con el que caus? un gran da?o al prestigio de la orden.

Combatir a los extremistas fan?ticos ha sido siempre una tarea muy desagradable; as? la lucha contra los jansenistas se revel? muy dif?cil desde un principio. San Vicente de Pa?l, que como experto pastor de almas conoc?a con toda precisi?n los desfavorables efectos del jansenismo, obtuvo que ochenta y ocho obispos franceses presentaran el asunto a la consideraci?n de Inocencio X.

En 1653 el papa conden? cinco proposiciones dogm?ticas en las que se resum?a la doctrina de Jansenio. Los jansenistas alegaron que las proposiciones eran realmente her?ticas, pero que Jansenio jam?s las hab?a sostenido. Una sumisi?n a medias no tuvo efecto hasta dos pontificados despu?s, bajo Clemente IX: fue la llamada ?paz Clementina?, que los jansenistas se inclinaban a interpretar como una aprobaci?n de su postura. Los ?nimos volvieron a excitarse cuando Clemente XI, en su bula Unigenitus (1713), conden? las doctrinas de Quesnel, un jansenista franc?s emigrado a los Pa?ses Bajos. La aceptaci?n o no aceptaci?n de la bula Unigenitus fue la se?al distintiva por la que se conoc?a a los jansenistas y a los cat?licos. Sin embargo, el jansenismo desde entonces no ces? de retroceder.

El ?ltimo obispo que hab?a favorecido a?n abiertamente la causa de los jasenistas, el cardenal Noailles de Par?s, se someti? antes de su muerte en 1729. Las religiosas de Port Royal, que ya en 1669 se hab?an atra?do el entredicho, fueron al final excomulgadas (1707), y su convento demolido por orden del gobierno. En Holanda existe a?n hoy una comunidad jansenista que cuenta unos miles de almas; desde hace tiempo est?n separados de la Iglesia cat?lica, pero la ordenaci?n de sus obispos y sacerdotes es v?lida.

Como herej?a dogm?tica, el jansenismo no cont? nunca con muchos partidarios, y a?n menor fue el n?mero de los que por su causa se separaron de la Iglesia. En cambio, ejerci? una influencia muy extensa en las formas de la piedad y de la asc?tica. Muchas de sus extremosas exigencias se han perpetuado durante largo tiempo y hasta el siglo XIX no han sido reducidas a su medida recta y prudente: tales las referentes a la dignidad de la profesi?n sacerdotal, a la recepci?n de los sacramentos, a la incondicional obediencia al director espiritual privado, a la separaci?n del puro amor de Dios del motivo de la esperanza.

?

Fdo. Cristobal Aguilar.


Image Hosted by ImageShack.us
By cristobalaguilar at 2011-02-03
Comentarios
 
¡Recomienda esta página a tus amigos!
Powered by miarroba.com Contador de visitas y estadísitcas
In nomine Patris et fillii et Spiritus Sancti