Domingo, 25 de julio de 2010

EL EXORCISMO Y SU PR?CTICA

El exorcismo constituye una antigua y particular forma de oraci?n que la Iglesia emplea contra el poder del diablo. He aqu? c?mo explica el Catecismo de la Iglesia cat?lica en qu? consiste el exorcismo y c?mo se lleva a cabo: "Cuando la Iglesia pide p?blicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra la influencia del maligno y substra?do a su dominio, se habla de exorcismo. Jes?s lo practic? (cf. Mc 1, 25 ss); de ?l deriva a la Iglesia el poder y la tarea de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7. 13; 16, 17). De una manera simple, el exorcismo se practica durante la celebraci?n del bautismo. El exorcismo solemne, llamado "gran exorcismo", puede ser practicado s?lo por un presb?tero y con el permiso del obispo. En esta materia es necesario proceder con prudencia, observando rigurosamente las normas establecidas por la Iglesia. El exorcismo tiene como objeto expulsar a los demonios o liberar de la influencia demon?aca, mediante la autoridad que Jes?s ha dado a su Iglesia. Muy diferente es el caso de enfermedades, sobre todo ps?quicas, cuya curaci?n pertenece al campo de la ciencia m?dica. Es importante, por lo tanto, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, que se trate de una presencia del maligno y no de una enfermedad (cf. C?digo de derecho can?nico, c. 1172)" (Catecismo de la Iglesia cat?lica, n. 1673).

La sagrada Escritura nos ense?a que los esp?ritus malignos, enemigos de Dios y del hombre, realizan su acci?n de modos diversos; entre ?stos se se?ala la obsesi?n diab?lica, llamada tambi?n posesi?n diab?lica. Sin embargo, la obsesi?n diab?lica no constituye la manera m?s frecuente como el esp?ritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesi?n tiene caracter?sticas de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en cierto modo, de las fuerzas y de la actividad f?sica de la persona que sufre la posesi?n. No obstante esto, el demonio no puede adue?arse de la libre voluntad del sujeto, lo que impide el compromiso de la libre voluntad del pose?do, hasta el punto de hacerlo pecar. Sin embargo, la violencia f?sica que el diablo ejerce sobre el obseso constituye un incentivo al pecado, que es lo que ?l quisiera obtener. El ritual del exorcismo se?ala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con prudente certeza, a la convicci?n de que se est? ante una posesi?n diab?lica. Es solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede realizar el solemne rito del exorcismo. Entre estos criterios indicados se encuentran: el hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas; desvelar cosas escondidas o distantes; demostrar fuerzas superiores a la propia condici?n f?sica, y todo ello juntamente con una aversi?n vehemente hacia Dios, la sant?sima Virgen, los santos, la cruz y las sagradas im?genes.

Se subraya que para llevar a cabo el exorcismo es necesaria la autorizaci?n del obispo diocesano. Autorizaci?n que puede ser concedida para un caso espec?fico o de un modo general y permanente al sacerdote que ejerce en la di?cesis el ministerio de exorcista.
El Ritual romano conten?a, en un cap?tulo especial, las indicaciones y el texto lit?rgico de los exorcismos. Este cap?tulo era el ?ltimo, y hab?a quedado sin ser revisado despu?s del concilio Vaticano II. La redacci?n final del Rito de los exorcismos ha requerido muchos estudios, revisiones, renovaciones y modificaciones, consultas a las diversas Conferencias episcopales; todo ello analizado por parte de una Asamblea ordinaria de la Congregaci?n para el culto divino. El trabajo ha costado diez a?os de esfuerzos, dando como resultado el texto actual, aprobado por el Sumo Pont?fice, que hoy se hace p?blico y se pone a disposici?n de los pastores y de los fieles de la Iglesia. Resta, no obstante, un trabajo que incumbe a las respectivas Conferencias episcopales: la traducci?n de este Ritual a las lenguas habladas en sus respectivos territorios. Estas traducciones deben ser exactas y fieles al original latino, y deben ser sometidas, seg?n la norma can?nica, a la recognitio de la Congregaci?n para el culto divino.

En el Ritual se encuentra, sobre todo, el rito del exorcismo propiamente dicho, que debe realizarse sobre la persona obsesa. Siguen las oraciones que debe decir p?blicamente un sacerdote, con el permiso del obispo, cuando se juzga prudentemente que existe un influjo de Satan?s sobre lugares, objetos o personas, sin llegar al nivel de una posesi?n propiamente dicha. Contiene, adem?s, una serie de oraciones que pueden ser dichas privadamente por los fieles, cuando sospechan con fundamento que est?n sujetos a influjos diab?licos.

El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, seg?n la cual existen Satan?s y los otros esp?ritus malignos, y que su actividad consiste en alejar a los hombres del camino de la salvaci?n. La doctrina cat?lica nos ense?a que los demonios son ?ngeles ca?dos a causa del propio pecado; que son seres espirituales con gran inteligencia y poder: "El poder de Satan?s, sin embargo, no es infinito. ?ste no es sino una criatura, poderosa por el hecho de ser esp?ritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificaci?n del reino de Dios. Aunque Satan?s act?e en el mundo por odio contra Dios y su reino en Cristo Jes?s, y su acci?n cause graves da?os -de naturaleza espiritual e, indirectamente, tambi?n de naturaleza f?sica- a cada hombre y a la sociedad, esta acci?n es permitida por la divina Providencia, que gu?a la historia del hombre y del mundo con fuerza y suavidad. La permisi?n por parte de Dios de la actividad diab?lica constituye un misterio grande, sin embargo ianosotros sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo amanlo (Rm 8, 28)" (Catecismo de la Iglesia cat?lica, n. 395).

Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente ejercitado a trav?s del enga?o, la mentira y la confusi?n. As? como Jes?s es la Verdad (cf. Jn 8, 44), el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las mentiras, peque?as o grandes. Enga?a a los hombres haci?ndoles creer que no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin necesitar ni la gracia ni la salvaci?n. Logra enga?ar a los hombres amortiguando en ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado, sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las costumbres o consensos de la mayor?a. Persuade a los ni?os para que crean que la mentira constituye una forma adecuada para resolver diversos problemas, y de esta manera se forma entre los hombres, poco a poco, una atm?sfera de desconfianza y de sospecha. Detr?s de las mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicci?n de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera no se logra entender que la verdadera libertad consiste en la identificaci?n con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la ?nica felicidad posible.

La presencia del diablo y de su acci?n explica la advertencia del Catecismo de la Iglesia cat?lica: "La dram?tica condici?n del mundo que "yace" todo ?l "bajo el poder del maligno" (1 Jn 5, 19), hace que la vida del hombre sea una lucha: "Toda la historia humana se encuentra envuelta en una tremenda lucha contra el poder de las tinieblas; lucha que comenz? ya en el origen del mundo, y que durar?, como dice el Se?or, hasta el ?ltimo d?a. Inserto en esta batalla, el hombre debe combatir sin descanso para poder mantenerse unido al bien; no puede conseguir su unidad interior si no es al precio de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios" (Gaudium et spes, 37, 2)" (n. 409).

La Iglesia est? segura de la victoria final de Cristo y, por tanto, no se deja arrastrar por el miedo o por el pesimismo; al mismo tiempo, sin embargo, es consciente de la acci?n del maligno, que trata de desanimarnos y de sembrar la confusi?n. "Tengan confianza -dice el Se?or-; yo he vencido al mundo" (Jn 8, 33). En este marco encuentran su justo lugar los exorcismos, expresi?n importante, pero no la ?nica, de la lucha contra el maligno.

Fdo. Cristobal AGuilar.


Publicado por cristobalaguilar @ 2:13  | Los Exorcismos
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