Viernes, 23 de julio de 2010

EL CONCILIO DE TRENTO, ?CU?L ES SU DEFINICI?N?

Tanto en duraci?n como en trascendencia para la vida de la Iglesia, el concilio de Trento supera a todos los dem?s concilios ecum?nicos. Su primitivo objeto, la reconciliaci?n con los protestantes, no fue conseguido; pero en su alcance rebas? ampliamente este fin, impuesto por las circunstancias. Su obra principal consiste en haber arrojado luz sobre muchos problemas de la fe. A partir del concilio todo el mundo tuvo que contestar a la pregunta de si quer?a ser cat?lico o no.

No era ya posible mantenerse en una vacilante neutralidad, como tampoco lo era arreglarse un credo peculiar y personal. Adem?s, la profundidad religiosa y la potencia teol?gica de los decretos del concilio de Trento constitu?an una palmaria demostraci?n de que en modo alguno pod?a hablarse de una decadencia espiritual en el seno de la Iglesia. La marcha seguida desde el apogeo de la escol?stica, desde santo Tom?s y san Buenaventura, hab?a sido en sentido ascendente, no descendente. De este modo el concilio vino a fortificar la confianza de los cat?licos en el magisterio eclesi?stico y en la jerarqu?a.

A corroborar esta confianza en la organizaci?n jer?rquica y sacramental se dirigen tambi?n los decretos de reforma. El s?nodo estableci? la obligaci?n de residencia de los pastores de almas, en especial la de los obispos, y tambi?n su plena libertad en el ejercicio de su ministerio. Recomend? la frecuente celebraci?n de s?nodos diocesanos y provinciales, una cuidadosa selecci?n y educaci?n del clero, y dio normas detalladas para que el culto divino se celebrara con la debida dignidad.

La preocupaci?n que todo lo domina, es el cuidado de las almas. Podr?a, sin m?s ni m?s, calificarse al concilio de Trento como el concilio de la cura de almas sacramental. Su postura ante las ?rdenes religiosas es totalmente favorable. Abrigar una alta estima del estado religioso fue siempre una ca?racter?stica de un esp?ritu aut?nticamente cat?lico. Muchos de los te?logos del Trento eran religiosos regulares, sobre todo dominicos, a cuya orden pertenec?an muchos de los obispos all? congregados.

El concilio introdujo innovaciones decisivas en la organizaci?n de los beneficios eclesi?sticos. Las viejas ?pr?cticas financieras?, que tanto hab?an dado que hablar desde los tiempos de Avi??n, expectancias, regresiones, accesiones, etc., fueron pura y simplemente abolidas, mientras se introduc?an en?rgicas reformas en otros puntos y se prohib?a la acumulaci?n de varias prebendas en una sola mano, lo que por lo dem?s resultaba ya imposible al establecerse la obligaci?n de residencia. Por su parte, el papa estuvo totalmente de acuerdo en que tanto ?l como la curia perdieran con este motivo una gran parte de sus rentas.

Ser?a, en cambio, err?neo pensar, como a veces se hace, que el concilio de Trento imprimi? un nuevo rumbo e infundi? un nuevo esp?ritu a la vida religiosa. Le aport?, s?, claridad y limpieza, corrobor? su valent?a y su sentimiento de responsabilidad, pero no cre? ning?n tipo nuevo de santo. Ni era tampoco necesario. Trento representa un hito en la trayectoria de la Iglesia, no un viraje ni una ruptura.

Fdo. Cristobal Aguilar.


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By cristobalaguilar at 2011-02-03
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