VIDA OCULTA DE JESÚS EN NAZARET
«Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y
ante los hombres» (Lc 2,52; 2,39-40).
Una dimensión fundamental en la vida de todo ser humano es la
vida privada, la vida interior, la vida a solas con uno mismo.
Jesús, el nombre público por excelencia, vivió treinta años de
vida privada en la soledad del hogar de Nazaret fortaleciendo su vida
interior con el trabajo, la oración y todas las virtudes que crecen al
amparo de la soledad.
La vida realmente no se realiza por el hecho de hacer muchas
cosas, sino viviéndola en la hondura del trabajo, del servicio y el amor
incondicional. Antes que nada digamos que se puede hacer una vida
oculta, cerrada al exterior, y sin embargo estar vacía de vida interior.
Vida interior en una vida oculta. Jesús dijo a sus padres:
«¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre celestial?»
(Le 2,49). Estar con el Padre («vendremos a él y haremos morada en él»),
tener nuestra vida «escondida con Cristo en Dios» y hacer girar toda
nuestra vida alrededor del dulce huésped del alma, Cristo, es lo que
constituye la base de una auténtica vida «interior».
Son enemigos de la vida interior el tener los sentidos (que
son las ventanas del alma) permanentemente «asomados» al mundo de la
última noticia o novedad, de la propaganda y de las imágenes que hoy nos
invaden tratando de atrapar nuestra afectividad en naderías y cosas
superficiales. Para llevar una vida interior fecunda hay que ser señores
de nuestros sentidos y tenerlos a raya: los ojos, en lo que ven o deben
dejar de ver; la lengua, cuidando lo que se dice o no se debe decir; el
oído, la imaginación, los afectos, en lo que se piensa, en lo que uno
se ocupa; todo debe estar dispuesto para ayudar y no destruir la vida
interior.
Una presa con fugas y filtraciones de agua no sirve ni para
crear energía ni para beber agua.
La vida interior tiene también como enemigo el hacer de la
vida retirada una pura comodidad, un inhibirse y hacerse insolidario con
los problemas de los demás.
Líbrame, Señor, de todos los peligros que ahogan la vida
interior y enséñame a vivir una vida oculta y sin relieve, como la
mayoría de los humanos. Y enséñame también a ser el primero en el
trabajo, en la humildad y en el amor y sacrificio por los demás desde la
unión con Cristo.
Fdo. Cristobal Aguilar.
